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Sudán: una tragedia olvidada

Radio Jai: Sudán: una tragedia olvidada

La caída de la ciudad de El Fasher en Sudán, generó conmoción por los videos sobre las matanzas de civiles perpetradas por paramilitares de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FSR por siglas en inglés). El horror se inserta en la cruenta guerra civil que vive dicho país africano entre el gobierno militar de Jartum y la coalición de grupos armados, liderado por una facción de las fuerzas armadas, las FSR. En dicho conflicto hay intereses geopolíticos de actores externos, lo que alimenta aún más el espiral de violencia.

Por el Dr. Jorge Alejandro Suárez Saponaro

El 23 de octubre las milicias de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FSR) capturaron la importante ciudad de El Fasher, capital del estado sudanés de Darfur, desatando una ola de violencia. Surge del informe del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR)  sobre la matanza de enfermos y heridos en el Hospital de Maternidad Al-Saudi y en otros centros médicos improvisados en los barrios Daraja Oula y Al-Matar, como también en diferentes puntos de la citada localidad, de ejecuciones y  violaciones. Se estima que más de 25 mujeres fueron violadas en grupo.  El Laboratorio de Investigación Humanitaria de la Universidad de Yale hizo referencia a imágenes satelitales que muestran «montones de cadáveres de personas ejecutadas en masa». El liderazgo de las FSR niegan las muertes de ciudadanos no árabes.

Desde que comenzó el asedio de la ciudad, quedaron atrapados 230.000 civiles, privados de cualquier tipo de ayuda. Apenas capturada la ciudad, se inició el desplazamiento masivo de civiles en el medio de asesinatos, violencia de todo tipo y caos.  UNICEF informó que la batalla por El Fasher, provocó la huida de 600.000 personas que viven en campamentos improvisados y en condiciones extremas.  El cólera desde el inicio de la guerra mató a más de 2.000 personas y casi 100.000 estarían afectadas, siendo evidencia la crisis sanitaria que vive Sudán.  Se estima que más de 150.000 personas murieron y hay 14 millones de desplazados, más 3 millones que han huido a países vecinos, transformando al conflicto en una crisis de proyección regional.

El objetivo de tomar El Fasher, no solo era terminar con el último enclave del gobierno militar sudanés – reconocido internacionalmente – en el oeste del país, sino ejercer control directo sobre valiosos yacimientos de oro, además de posibles minas de uranio, petróleo y agua, además de proyectar la presencia de las FSR en toda la región de Darfur. Por su posición geográfica, permite que los recursos extraídos ilegalmente puedan ser desviados a través de Chad y Libia.

Los combatientes del FSR no están solos en esto, el gobierno sudanés acusa directamente a Emiratos Árabes Unidos de apoyarlos y beneficiarse con el tráfico ilegal de oro, dejando en evidencia que detrás de la guerra civil sudanesa, hay intereses concretos de actores externos.

La caída de la dictadura de Al Bashir. Genocidio de Darfur.

Sudán es un país azotado por conflictos internos (1972-1983 y 1985-2005) desde 1956 – cuando se puso final al condominio anglo egipcio – entre el norte y el sur, que costaron la vida a 1.5 millones de personas y que derivó en la independencia de Sudán del Sur. En el marco de este drama se desarrolló en su momento, el genocidio de Darfur (2003-2020) desplazando a  dos millones de personas y causando la muerte de 200.000 personas. La crisis humanitaria, impulsó la intervención internacional en el marco del nuevo concepto jurídico “Responsabilidad de Proteger” o RTP.  En este último conflicto, desatado por una rebelión de tribus negras ante la política de marginación del gobierno islamista de Jartum, aparecieron milicias progubernamentales Janjaweed, apoyadas por la dictadura del general Omar Al Bashir.  Estos grupos armados surgieron en los años 80 como resultado del conflicto entre las poblaciones arabizadas, dedicadas al pastoreo trashumante y las poblaciones sedentarias negras por la escasez de tierras, consecuencia de la desertificación del Sahel. En junio de 1989, un nuevo golpe de estado, terminó con el frágil experimento democrático, teniendo como ideólogo del régimen a líder islamista Hassan al Turabi. La Sharia se transformó en base de la legislación, un intenso proceso de arabización, generando tensiones con diversos grupos étnicos, la expulsión de la función pública a sudaneses cristianos o de otras confesiones religiosas.  El apoyo a grupos armados islamistas, tuvo trágicas consecuencias.

Sudán bajo la “llamada integral” se transformó el país en un santuario de grupos extremistas, donde al Turabi tuvo un papel central. En 1993, Estados Unidos incluyó a Sudán en la lista de patrocinadores del terrorismo internacional. El divorcio con Turabi vino en el 2.000, cuando al Bashir destituyó al líder islamista con el cierre del parlamento y su posterior arresto domiciliario, dado sus ligazones con Al Qaeda.

En Darfur las elites árabes y arabizadas entraron en colisión con las poblaciones rurales negras. Las autoridades designadas por Jartum, islamistas, pronto intentaron llevar a cabo su agenda. Las milicias janjanweed entraron en escena, lanzado ataques contra poblaciones dinka, fur y zaghawa, que derivó en operaciones de limpieza étnica. La situación llegó al extremo con la instalación de tribunales sumarios, el castigo con azotes, amputaciones y lapidaciones. Las poblaciones negras de Darfur se organizaron en el Movimiento de Justicia e Igualdad, aglutinando a diversas tribus para combatir las milicias árabes. El gobierno designó al general Suleiman para pacificar la región, pero no existía intenciones reales desde Jartum. Los janjanweed tuvieron carta blanca para atacar aldeas y poblaciones, degenerando una matanza sistemática. Incluso se reclutaron miles de árabes desde el Chad para engrosar las fuerzas pro gubernamentales. La gravedad de la violencia en Darfur, con evidencia de genocidio, estimándose el número de víctimas en más de 400.000 personas, llevó a la Corte Penal Internacional a solicitar la captura del presidente sudanés Omar al Bashir (hoy en una prisión militar). El terror sembrado por las milicias obligó a dos millones de personas a huir, la falta de ayuda humanitaria, se tradujo en la muerte mensual de 10.000 personas, tanto por hambre, ausencia de asistencia sanitaria o por las matanzas llevadas a cabo por los paramilitares pro gobierno.

Naciones Unidas desplegó una misión de paz, en el marco del Capítulo VII (imposición de la paz) fundamentado en las resoluciones 1556 y 1564 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Esta estuvo presente en el terreno hasta 2020. La crisis abrió el camino para el proceso de negociaciones para la independencia de las provincias del sur con población mayoritariamente negra en gran parte cristiana, que libraron una cruenta guerra con el gobierno de Jartum. Finalmente, en 2011, dichas provincias luego de una consulta popular, dieron origen a la creación de Sudán del Sur.

El gobierno sudanés buscó legalizar formalmente las milicias janjanweed para seguir siendo empleadas como fuerza contrainsurgencia a la rebelión de Darfur, que se había extendido a las regiones de Kordofán del Sur y Nilo Azul. En 2013, las FSR se integraron formalmente en las fuerzas armadas, pero en 2017 recibieron el estatus de fuerza armada separada. Su líder el general Mohamed Hamdan Dagalo “Hemedti”, con anuencia del presidente sudanés al Bashir recibió como compensación el control de minas de oro, convirtiéndolo en poco tiempo en uno de los hombres más ricos de Sudán.

Las FSR fueron empleadas en la guerra civil yemenita y gracias al asesoramiento del grupo mercenario ruso Wagner, adquirió mayores capacidades militares, combatiendo a favor del presidente Hadi contra los hutíes, junto a tropas sauditas y emiratíes. También un millar de combatientes de esta organización paramilitar, combatieron del lado del ejército nacional libio del mariscal Haftar.

La lealtad al general al Bashir por parte de las FSR duraría hasta 2019. En diciembre de 2018 una campaña de desobediencia civil contra la dictadura sudanesa, fue objeto de una intensa represión. La Revolución Sudanesa terminó en golpe de estado en 2019 por parte de las Fuerzas Armadas y las FSR, creando un Consejo Militar de Transición. Al Bashir fue arrestado, pero no entregado a la Corte Penal Internacional.  La masacre de Jartum, donde murieron unos cien manifestantes y por presión internacional, derivó en agosto de 2019 formar un nuevo gobierno de transición con participación civil, con un primer ministro también civil: Abdallah Hamdok.  Durante este período, Sudán al parecer iniciaba un lento proceso hacia la normalización y ruptura del aislamiento internacional, como quedó reflejado en la adhesión de los “Acuerdos de Abraham” patrocinados por Estados Unidos, con el objetivo de la normalización de las relaciones entre Israel y los estados árabes. Esto trajo aparejado apoyo a Jartum para negociar su deuda externa con el Banco Mundial y salir del listado de países que patrocinan el terrorismo.  El gobierno sudanés asumió la responsabilidad de compensar a las víctimas del ataque de Al Qaeda contra el destructor USS Cole en el Mar Rojo, en el año 2.000, además de abrir la posibilidad de indemnizaciones para las víctimas de los atentados terroristas en Tanzania y Kenia en 1998.  En  octubre  de 2021, los militares rompieron el compromiso de convocar elecciones en 2023 y el Consejo Soberano de Transición fue disuelto.  El partido del Congreso Nacional del general al Bashir, recuperó centralidad, cuando el nuevo gobierno militar destituyó a numerosos funcionarios y fueron reemplazados por militantes de dicha organización política.  Cientos de miles de manifestantes en todo el país salieron a las calles, junto con una campaña de desobediencia civil.
(FILES) In this file photo taken on June 22, 2019 Mohamed Hamdan Daglo, leader of the large and heavily-armed paramilitary Rapid Support Forces (RSF), attends a rally in the village of Abraq. – Feared Sudanese paramilitary commander Daglo went from a militia chief in war-torn Darfur to the country’s second-in-command — to now battling the regular army for control of Sudan. (Photo by Yasuyoshi CHIBA / AFP)

El temor de los militares a tener que rendir cuentas ante un hipotético gobierno democrático, no solo ante tribunales sudaneses e internacionales (Corte Penal Internacional) por la tragedia de Darfur, además de la posibilidad de perder sus privilegios económicos y poder político, fue uno de los fundamentos del golpe.  La adhesión temporaria de Hemedti como líder de las FSR al golpe, también se vinculaba a sus negocios con la minería ilegal del oro.

Las relaciones entre las SAF y las FSR pronto se deterioraron. La razón de ello, fue básicamente el reparto de poder. Muchos militares optaron por integrarse a las FSR por razones económicas. Hemedti buscó “lavar la cara” con giras por África, mostrándose como un defensor de la paz, incluso planteó cooperar abiertamente con la ONU para el reparto de ayuda humanitaria, mientras sus milicias cometían toda suerte de tropelías. El ejército sudanés comenzó a verlo con recelo por el creciente poder económico y político que iba acumulando Hemedti y sus milicias. Las discusiones sobre la integración de las milicias del FSR en el ejército se iban prolongando. Los generales sudaneses abogaban por un plazo de dos años para ser asimilados, mientras que Hemedti quería 10 años, agregándose desacuerdos sobre la integración de sus cuadros en el cuerpo de oficiales de las fuerzas regulares.

En abril de 2023 las tropas de la RSF se movilizaron en Jartum y Merowe, antesala del conflicto. La campaña de reclutamiento permitió a Hemedti controlar una fuerza entre 100/150 mil efectivos, frente a 200 mil de las fuerzas regulares sudanesas.  La batalla por Jartum fue sumamente cruenta, el presidente Al Burhan quedó atrapado por semanas, para finalmente ser rescatado en una ofensiva militar, organizando su gobierno en Port Sudan.  Darfur fue epicentro de un escenario realmente caótico donde distintos grupos armados, creados sobre bases étnicas, adhirieron de manera cambiante a los bandos en pugna.  El general Hemedti en 2024, utilizando un avión fletado por los Emiratos Árabes, realizó una serie de visitas en Ruanda y Etiopía, en un claro intento de mostrarse como un líder fiable y una alternativa para el poder en Sudán.
Tropas de las FSR.
El oro permite a las FSR financiar la guerra con armamento moderno. Ataques con drones a gran escala se llevaron a cabo en el mes de mayo en Port Sudan, de gran valor estratégico, dado que es el principal centro logístico de las SAF y como principal punto de entrada de la ayuda humanitaria por parte de organizaciones internacionales. El objetivo es la degradación de infraestructura crítica, con el objetivo de impedir que las fuerzas de Jartum, estén en capacidad de atacar el oeste.  La presa de Merowe, responsable entre el 40/60% de la energía eléctrica de Sudán, fue objeto de ataques de las FSR, generando apagones y problemas importantes en el suministro eléctrico. Las FSR atacan infraestructuras civiles, para distraer recursos de las fuerzas armadas sudaneses. La presión ejercida por los ataques con drones, obligaron al mando militar a buscar sistemas de defensa antiaéreos en China y Rusia. Existe la posibilidad que Sudán adquiera cazas chinos J-10CE, avión que tiene interés Egipto, siendo posible que El Cairo apoye de alguna manera la compra.
En enero de 2024, las fuerzas regulares lanzaron una ofensiva de gran escala, luego de meses de combatir a la defensiva.  En enero de 2025, las SAF continuaron con acciones ofensivas, con importantes avances en las regiones de Gezira, Nilo Blanco, Kordofan y la liberación en mayo de la capital, Jartum.  La estrategia de las FSR ha sido consolidar su presencia en Darfur y otras regiones del oeste sudanés. El 16 de abril el general Hemedti, anunció que una coalición de líderes militares y civiles formaron un Gobierno de Unidad y Paz, pretendiendo ejercer el poder en todos el Sudán. La Unión Africana como mecanismo de presión suspendió a Sudán e instó a un proceso de paz y la formación de un gobierno de transición. Naciones Unidas también tiene injerencia en el conflicto, pero la paralización del Consejo de Seguridad, dado las profundas diferencias entre Rusia, China y Estados Unidos, impiden mayores avances. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, resaltó la imposibilidad de imponer un alto el fuego y desde sus competencias, busca generar conciencia en la comunidad internacional y designar un Enviado Especial, con el objetivo de generar algún tipo de diálogo entre las partes en conflicto.

Los intereses en pugna en Sudán

En el conflicto sudanés intervienen una decena de actores regionales y extra regionales. Jartum tiene como aliados a Irán (en el pasado apoyó el desarrollo de una importante industria militar), Arabia Saudita, Egipto, Eritrea y Turquía.  Las FSR son apoyadas por Emiratos Árabes Unidos, Chad y en menor medida por Etiopía.

Irán, tiene intereses concretos en Sudán, que se vinculan con el Mar Rojo. El debilitamiento del denominado Eje de la Resistencia, algo que Teherán percibió tiempo antes de la caída del régimen de Al Assad, quedó de manifiesto con el nuevo acercamiento con el gobierno sudanés, cuyas relaciones quedaron truncas por sus vinculaciones con Arabia Saudita. Normalizadas las relaciones entre Irán y el reino saudí, abrió un nuevo capítulo con Sudán, traducido una maniobra geopolítica donde el Mar Rojo cobra especial interés por el valor de Yemen, en gran parte controlado por el movimiento Ansar Allah – los hutíes – cercano al régimen de los ayatolas.  En dicho espacio marítimo circula el 15% del tráfico marítimo internacional y el 12% del petróleo. Estamos ante un área de alto valor estratégico, donde hay intereses, reflejado en la presencia de bases y estaciones de inteligencia de Estados Unidos, China, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Israel, Rusia, Italia, Francia, Japón. Prueba de ello, la existencia de numerosas bases de diversos países en el estado norteafricano de Yibuti.  Los estrategas iraníes tienen pleno conocimiento del peso del Mar Rojo en la seguridad internacional. Existe un claro interés de disponer de facilidades en Port Sudan como también en el puerto eritreo de Assab. En caso de una crisis, Irán estaría en capacidad de cerrar no solo el Estrecho de Ormuz, sino también el Bab el Mandeb, “cuello de botella” que conecta el Índico con el Mar Rojo, incrementando sustancialmente su capacidad de disuasión.

Los duros golpes dados sufridos en la guerra de los Doce Días, no impidieron que Teherán continúe con su agenda en Sudán y en África en general. Antes de este conflicto, en febrero de 2025, el titular de exteriores sudanés Ali Youssif, visitó Teherán , donde se reunió con el presidente iraní, Masoud Pezeshkian; el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, el contralmirante Ali Akbar Ahmadian; el presidente del Parlamento, Mohammad-Bagher Qalibaf; y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi. Este último habló una amplia agenda de cooperación en el plano militar como en la reconstrucción de Sudán.  Las fuerzas armadas de dicho país, fueron provistas profusamente con drones de ataque, vigilancia e inteligencia, además de otro tipo de armamento como misiles antitanque y entrenamiento.  Los vínculos son de vieja data. En 1996 fue construido el complejo militar de Yarmuk con asistencia iraní, con capacidad para producir municiones, armamentos portátiles, lanzacohetes, blindados, tanques, etc. En 2012 el centro industrial sufrió importantes daños, luego de un ataque israelí, en atención que el régimen de Jartum brindaba apoyo a grupos terroristas. Irán nuevamente se transformó en un proveedor militar, aprovechando la grave situación que debe lidiar Jartum.

President of Sudan’s Transitional Sovereignty Council (TSC) General Abdel Fattah al-Burhan (C) arrives to board an airplane at Port Sudan airport, heading to South Sudan, on September 4, 2023. (Photo by AFP)

Sudán es parte de una estrategia más amplia que tiene Teherán, que se extiende al Cuerno de África y el Sahel, bajo el amparo de acuerdos de lucha contra el terrorismo, delincuencia cibernética, narcotráfico y trata de personas, Irán extiende su influencia de su sistema de inteligencia y seguridad. Por otro lado, compensa las consecuencias del aislamiento internacional y las sanciones internacionales. Irán ofrece programas de cooperación económica, cultural y educativa.

Egipto. el país tiene vínculos históricos con Sudán e intereses muy estrechos. El Cairo apoya abiertamente el gobierno de Burhan. El país que padece serios problemas económicos, potenciados por la guerra de Gaza, tiene que hacer frente al drama de 1.5 millones de refugiados sudaneses (el país ya tiene 3.5 millones de refugiados de Libia, Siria, Yemen, Irak). El debilitamiento de Jartum se traduciría en una mayor presión hacia Egipto, abriendo las puertas para una tragedia humanitaria difícil de gestionar. La cuestión del Nilo, donde existe un conflicto abierto con Etiopía por las actividades de la Presa del Renacimiento en uno de los afluentes más importantes, demanda mantener a Sudán alineado a la causa egipcia. La seguridad hídrica es una cuestión de capital importancia para Egipto, se vincula con la viabilidad del país. El Cairo ha buscado mediar en el conflicto, a pesar de las acusaciones de parcialidad en el conflicto.

La caída de El Fasher es una mala noticia para los egipcios. Las RSF lograron consolidar el oeste de Sudán, incluyendo una zona de valor estratégico en el extremo noroeste del país, entre Sudán, Egipto, Libia, cerca de Chad. Esto permitió en junio de 2025, crear un corredor controlado por dichas milicias entre cuatro regiones, facilitando el contrabando de armas, minerales y otras actividades delictivas. Por otro lado, abre la posibilidad de incursiones en territorio egipcio.  Hemedti acusó a El Cairo de haber realizado bombardeos contra objetivos de las FSR, desmentidos por las autoridades egipcias. Las conexiones con elementos yihadistas en África por parte de las citadas milicias, son fuente preocupación para los responsables de seguridad de Egipto.

La división de Sudán de facto debilita la posición del gobierno egipcio frente a la cuestión del Nilo, en su presión contra Etiopía. El fortalecimiento de las RSF al controlar una extensa frontera que facilita el acceso a armamento y otros elementos para garantizar su esfuerzo de guerra, significa una prolongación de esta, abriendo la posibilidad que las fuerzas armadas egipcias de una intervención directa, un escenario indeseado para El Cairo.

Rusia. El interés de Moscú se ha centrado en la instalación de una base naval en Port Sudan, para reforzar su presencia en África, espacio que está jugando un papel cada vez más relevante, por el control de los recursos y como parte de la estrategia del Kremlin para superar el bloqueo impuesto por Occidente. En su momento tuvo un juego doble, especialmente por la cercanía del Grupo Wagner con las RSF. La disolución de este grupo luego de la salida de escena en un misterioso accidente de Yevgeny Prigozhin, y su absorción dentro del denominado “Cuerpo África”. El interés por la base naval en el Mar Rojo, motivó el apoyo al gobierno de Jartum dejando de lado a las RSF, además de neutralizar el acercamiento que tenía el Consejo Soberano de Transición sudanés con Ucrania.

Moscú lleva a cabo una maniobra a gran escala. En Tobruk, Libia, cuenta con facilidades y el establecimiento de una base en Port Sudan, permitiría ejercer algún tipo de control sobre líneas interiores en África para apoyar el despliegue del “Cuerpo África”, la fuerza mercenaria que reemplazo el Grupo Wagner. La apuesta del Kremlin es ambiciosa. La instalación de una estación de aprovisionamiento para las fuerzas navales rusas, le permiten tener una mayor presencia en el Mar Rojo, avanzar sobre África Oriental y tener proyección sobre vitales rutas de comunicación marítima para la Unión Europea.

China. Este país ha realizado fuertes inversiones en Sudán. La guerra afecta seriamente sus intereses.  Pekín realizó fuertes inversiones en Port Sudan, en el marco de su estrategia global para garantizar su cadena global de suministros; en la industria petrolera; financiamiento para la construcción de la represa de Merowe y el moderno aeropuerto de Jartum; además de intereses en diversos sectores de la economía sudanesa.  La importación de petróleo de Sudán del Sur, del cual China es un importante comprador, atraviesa territorio controlado por Jartum. A pesar que las compras del crudo sur sudanés decayeron, por la caída de la producción por problemas internos del gobierno de Yuba, Pekín tiene una apuesta de largo plazo. Asimismo, como otros actores, los chinos tienen interés también en el oro, además del estratégico Port Sudan.  La posible venta de modernos cazas chinos, aleje la sospecha que Pekín tiene un doble juego proveyendo armas ambos bandos. La diplomacia china es contundente en defender la integridad territorial de Sudán.

La estabilidad de Sudán se proyecta en los intereses chinos en África Oriental y el Mar Rojo. Estamos frente a un país que es la puerta de entrada al Sahara, el Sahel y el Cuerno de África. Esto se traduce posiblemente en mantener canales de diálogo entre las partes en pugna, pero como señalamos anteriormente la llegada de sistemas de defensa antiaéreos y aviones de combate, reflejan que Pekín está inclinando la balanza hacia el gobierno del general Burhan, haciendo causa común con el Kremlin.

El oro extraído ilegalmente por las milicias de la FSR.

Emiratos Árabes Unidos (EAU).  Diversos informes internacionales, medios, académicos, señalan en base a diferentes investigaciones, que Abu Dabi está apoyando de alguna manera a las FSR. La posición estratégica de Sudán, sus recursos y la posibilidad de ser una plataforma de proyección sobre el Mar Rojo como África Oriental. Los milicianos de las FSR combatieron del lado emiratí en la guerra civil del Yemen, donde se forjó una estrecha alianza entre esta organización y los EAU. Las matanzas en El Fasher, llevó a la diplomacia de Abu Dabi reconocer los errores de su estrategia en Sudán, en especial al no imponer sanciones a los responsables del golpe de 2021.  El rápido ascenso del general Hemedti, líder de las FSR, fue gracias a los EAU que lo promovieron luego de la caída de al Bashir en 2019. Incluso hubo la promesa de un préstamo de US$ 3.000 millones, pero ante la creación de un gobierno con mayor participación civil, esto quedó paralizado, afectó su viabilidad.  El alud de críticas internacionales, obligaron a los EAU a criticar abiertamente a las FSR, entidad que han venido armando y apoyando, gracias a su papel que tiene el comercio de oro que favorece abiertamente a los Emiratos.  Esto forma parte de la estrategia de dicho país árabe de reducir la dependencia del petróleo convirtiéndose uno de los centros mundiales del comercio de oro.El apoyo por parte de Abu Dabi a las FSR se materializa a través de una compleja red con bases en Somalia, Libia, Uganda y Chad. En el mismo Sudán, hay bases de inteligencia emiratíes en Nyala, en Darfur del Sur, y al-Malha, a 200 km de el-Fasher, que utilizan para suministros y con fines de inteligencia. Desde la base somalí de Bosaso, los EAU ha sido empleada para el tránsito de mercenarios colombianos y suministros a las FSR.  Hábilmente los emiratíes proveen material chino hasta británico a las FSR. En el caso de Londres, Abu Dabi, presionó abiertamente a la diplomacia británica para que el debate sobre Sudán y donde era factible que Emiratos sea criticado en el Consejo de Seguridad de la ONU.

En tiempos del régimen de Nimeiri, que prometió convertir a su país en el granero de los países árabes en los años 80, se tradujo en la llegada de inversiones millonarias desde Arabia Saudita, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos para garantizar entre otras cosas la seguridad alimentaria de sus ciudadanos. Esto permitió que el régimen de Jartum, durante la dictadura de al Bashir y ante las sanciones impuestas por su implicación en el terrorismo, pudiera eludirlas gracias a los países del Golfo. El control sobre tierras para la agricultura y ganadería es otro de los intereses que tiene Abu Dabi en Sudán. Las empresas emiratíes International Holding Company y Jenaan Investment Group, son los mayores propietarios de tierras agrícolas sudanesas con 50.000 hectáreas.

El oro, que representa el 49% de las exportaciones de Sudán, es el recurso que reviste especial interés para los EAU. Oficialmente dicho país africano exporta unos US$ 1.520 millones, pero se estima que el tráfico ilegal de oro asciende a más US$ 13.000 millones a través de rutas en Chad, Egipto, Sudán del Sur, Etiopía y Uganda, para terminar en los Emiratos. Hemedti, con su empresa familiar, Algunade, es el socio de Abu Dabi en Sudán. Por otro lado, Darfur como otras regiones controladas por las FSR cuentan con un importante potencial minero.

En 2025, la Corte Penal Internacional desestimó la denuncia de Sudán sobre complicidad por genocidio al gobierno emiratí, dado al firmar el Convenio sobre Genocidio, Abu Dabi hizo reserva expresa en 2005, no someterse a la jurisdicción del citado alto tribunal internacional.

Estados Unidos presiona para que los EAU sean parte de un amplio proceso negociador, con participación de Egipto, Arabia Saudita y la propia Casa Blanca. Posiblemente Abu Dabi para superar el desprestigio que significa apoyar a las FSR y el comercio ilegal de oro, no tenga otra opción que ceder.  Washington, no quiere que Jartum obtenga una victoria con el respaldo de China, Irán y Rusia, quedando fuera del proceso de paz sudanés y con su impacto estratégico en el Mar Rojo y África Oriental.

tropas regulares en Ondurman
Arabia Saudita. El Mar Rojo tiene valor estratégico para la seguridad del reino, especialmente en lo referente a las exportaciones petroleras, teniendo una ruta alternativa al Golfo Pérsico ante el riesgo iraní. La estabilidad de Sudán se inserta en esta visión, agregándose su valor por los recursos naturales, inversiones e influencia política. La creciente presencia iraní es fuente de preocupación para Riad y es por ello para limitarla, apostó por apoyar al régimen del general al Burhan.

El príncipe Bin Salman, jefe del gobierno saudí, tiene grandes aspiraciones para convertir a su país en una potencia regional de primer orden. La injerencia de Emiratos en Sudán es vista seguramente como un obstáculo y los aliados en algunos conflictos como el de Yemen, en África Oriental son rivales geopolíticos.

El mantenimiento de la rivalidad Riad – Abu Dabi en Sudán, es uno de los factores que la guerra pareciera no tener fin.

Turquía. Los intereses de Ankara en Sudán se remontan al año 2.000, a pesar de las críticas recibidas, los turcos suscribieron una serie de acuerdos con el régimen de al Bashir, abriendo las puertas para inversiones y una mayor cooperación, en un país de valor estratégico por su posición geopolítica. En un primer momento, Egipto percibió este acercamiento como una amenaza dado la cercanía del gobierno turco de Erdogan con los Hermanos Musulmanes. En 2017 el interés por desarrollar el puerto sudanés de Suakin en el Mar Rojo, alimentó más las suspicacias de Arabia Saudita y Egipto. La visita del ministro de Defensa Nacional, Hulusi Akar, acompañado por el jefe del Estado Mayor General, Yaşar Güler, en 2018, Ankara y Jartum entablaron conversaciones sobre centros de entrenamiento militar. La caída de al Bashir en 2019, la diplomacia turca se hizo más cautelosa.

El estallido de la guerra civil en 2023, Ankara comenzó un proceso de acercamiento con el régimen de al Burhan, proceso que venía desde 2021, cuando ambos países asumieron el compromiso de expandir el comercio bilateral de US$ 300 millones a US$ 2.000 millones.  El gobierno turco también apuesta al soft power para incrementar su influencia como la construcción del hospital de Nyala, cooperación en materia de gestión de desastres, misiones humanitarias.

Las mejoras de las relaciones entre Egipto y Turquía, permiten que aúnen esfuerzos en Sudán, donde Ankara busca preservar su papel en la reconstrucción del país y una apertura de las inversiones turcas en áreas tales como minería, infraestructura y energía, además de tener presencia en el Mar Rojo, activando proyectos portuarios. Esto tiene como objetivo limitar el accionar de otros actores como Irán y Arabia Saudita, además de consolidarse como un actor relevante en el Cuerno de África, dado el papel creciente que tiene Turquía en Somalia y Etiopía. Los estrategas turcos ven también como riesgo a las FSR, por sus ligazones con el mariscal Haftar en Libia, donde Turquía tiene intereses importantes.

La alianza turco egipcia tiene limitaciones, dado el conflicto que tiene El Cairo con Etiopía por la cuestión del Nilo. Ankara tiene un acercamiento con Addis Abeba, a pesar de los problemas internos que tiene, tiene posibilidades de convertirse en una potencia emergente, abriendo posibilidades para los inversores turcos.  Por lo tanto, el acercamiento El Cario – Ankara en Sudán, sea más de carácter táctico que estratégico.

 

Fuente: La Polis
Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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