El tercer templo tambalea
Uno de los primeros textos que estudié del Tanaj fue en el libro de Shmuel Alef (Samuel 1: 5-8) cuando el pueblo le pide al Profeta “Danos un rey como todas las Naciones”. El líder de Israel vio con malos ojos esa petición pues comprendía el peligro que implicaba. Tuvo que intervenir D.s mismo y señalarle: “Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan, porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos”.
La institución de la monarquía conlleva todos los peligros para un pueblo que quiere delegar su responsabilidad individual y colectiva en un rey de carne y hueso. La monarquía, una institución de poder absoluto y hereditario que tiende a una corrupción absoluta. Ya vimos lo que ocurrió durante y luego de los reyes Shaul (Saul), David y Shlomó (Salomón). Conquista, construcción y expansión. En sus descendientes la ruptura interna, las 10 tribus perdidas, la dispersión, el exilio.
Hoy volvemos a ver manifestaciones de parte del pueblo que quiere en lugar de una sana democracia de alternancia, un rey, y de alguno que se siente designado para serlo. Los costos vuelven a ser enormes y ponen en peligro la existencia misma del estado judío y de los judíos en la diáspora.
Creo no exagerar cuando planteo que vivimos la decadencia moral más grave y profunda después de la Shoá. La corrupción cultural y estructural hacen estragos por todas partes. No hay estamentos donde al tocarlos no salga pus.
La degradación del Rabinato ortodoxo como liberal. Vemos a los que deberían ser los maestros y guías de nuestro pueblo deformando los textos y valores para convertirlos en instancias de poder y manipulación. Desde los que convocan, entre otros, a no servir en el ejército de defensa del estado judío, (con fundamentos de una irracionalidad enfermiza), pero que siempre están dispuestos a utilizar los beneficios y servicios de un país al que desprecian y en muchos casos no reconocen. Por otra parte, vemos un rabinato liberal que es una caricatura ridícula y grotesca de intentos fallidos. La tergiversación de la Torah es permanente y aberrante, en ambos sectores, entre los talibanes medievales y los hippies judíos contemporáneos. Como somos hipersensibles a las autocríticas diremos que las honrosas excepciones confirman la regla.
Si vamos a los políticos israelíes el bochorno y la vergüenza son mayúsculos. La lucha por el poder, por el poder mismo, los egos desenfrenados, las operaciones, los privilegios, la falta de responsabilidad nacional y las corrupciones de todo tipo. Extremistas y racistas de ambos extremos que pasan a ser la cara que exponemos al mundo de un país en descomposición.
Donde está esa grandeza de aquellos que en aras de un bien superior supieron dar un paso al costado cuando su figura se transformó en un escollo.
Medios de comunicación y periodistas transformados en operadores vilmente corrompidos por el caballero don dinero e ideologías extremas y paganas.
Las otroras intachables fuerzas de defensa y seguridad con escándalos, divisiones, conspiraciones y cuestionamientos múltiples. Los Qatargate de todos los colores y tipos.
La Histadrut (central de trabajadores) con 35 detenidos comenzando por su presidente y esposa, luego de 2 años de investigación policial por fraude, cohecho, lavado de dinero y toda una serie de delitos.
Las instituciones Nacionales del pueblo judío (Organización Sionista Mundial, Keren Kayemet, Keren Hayesod y otras) transformadas en aguantaderos de amigos y pícaros.
Entidades y comisiones directivas en la diáspora que solo miran su ombligo, y tratan en medio de la bruma del desconcierto de ver su árbol perdido y permanecen ciegos al bosque. Enormes esfuerzos por mantener el Status Quo, migajas de poder y pequeños privilegios.
El presidente Herzog lo señaló claramente en el trigésimo aniversario del asesinato del Primer Ministro Rabin “Israel una vez más al borde del abismo”. Agrego por mi cuenta y responsabilidad, los promotores de ese asesinato son hoy ministros del actual gobierno que definen el perfil y políticas del estado. Para la gran mayoría una inocultable vergüenza.
“Seréis un reino de sacerdotes y un pueblo sacro” Shemot- (Éxodo 19: 6) La Torah nos convoca a una vida de ética y refinamiento superior. A no asimilarnos a las costumbres corruptas de Edom y Sdom Beamorá (Sodoma y Gomorra).
Si estudiamos la historia de la destrucción del Segundo Templo, la pérdida de la soberanía judía en la tierra de Israel y el doloroso, sino trágico exilio, podemos desgraciadamente hacer analogías muy simples y directas. En realidad, ya en aquel entonces el poder externo de los enemigos no fue el verdadero factor de la destrucción, sino la descomposición interna.
Hay una luz en medio de este puente oscuro. La sociedad civil, los de a pie, los que no se contaminaron. Hay miles de judíos e israelíes que muestran una terca determinación de no permitir una nueva destrucción.
Nuestra tradición enseña que la oscuridad más profunda es la antesala de la luz. Claro, lo primero es asumir con honestidad que estamos viviendo en una espantosa oscuridad y hacer nuestra parte para cruzar el puente y salir de la misma. A no dejar en pensamientos mágicos y evasivos la solución de la crisis. El inefable nos convocó a asumir nuestra responsabilidad como socios responsables y a no pedirle que ÉL resuelva lo que nosotros destruimos.
Miguel Steuermann, Director
“Hay un gen de autodestrucción en el pueblo judío” – Dr. Adolfo Roitman – Radio JAI
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