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Pesaj 5782: ¿qué hijo queda?

Por Ianai Silberstein

Reflexiones para este Pesaj 5782

A la luz de la escalada de atentados este mes de Nissan de 5782 (catorce asesinados hasta ahora según Radio Jai), y en especial después del último el jueves pasado en Tel-Aviv en que cayeron tres jóvenes, y ante la inminencia del Seder de Pesaj esta noche del viernes, surgen preguntas adicionales a las que tradicionalmente dan comienzo a la ceremonia.

¿Qué cambió esta noche de todas las noches?
Una quinta respuesta podría decir algo así: que esta noche sólo se sentará UN hijo a la mesa de Pesaj porque TRES de los cuatro fueron asesinados en un acto terrorista. Así como los “cuatro hijos de la Hagadá” tienen un carácter simbólico y provocativo, del mismo modo me permito esta licencia litúrgica en torno al texto.
En realidad habrá por lo menos catorce hogares donde un hijo o hija estará ausente en la mesa, donde alguno de sus aportes habituales faltará. Como colectivo, como pueblo que nació en una familia, en la gran mesa virtual de Pesaj que los judíos construimos a lo largo y ancho del mundo, este año nos faltarán estos tres hijos que hace sólo una semana una ráfaga de metralla asesinó.

Cada uno puede pensar o elegir qué hijo, de los cuatro, estará sentado a la mesa.

La Hagadá de Pesaj es una construcción plural.

Las preguntas de los niños, los cuatro hijos, los cinco rabinos que discuten, el juego en torno al Afikomán, la quinta copa para El Profeta, Elías, y tantos otros detalles apuntan a un mismo fin: la inclusión. Todos somos parte, todos conectaremos con alguna parte del texto.

Elegimos. Somos libres.

El atentado que nos privó de tres de los hijos nos recuerda la precariedad de la libertad. El faraón que “no conoció a Iosef” (Éxodo 1:8) sigue vivo; vino a Tel-Aviv a matar, una vez más, a los hijos de Israel. No reconocer es una forma de someter.

Más que nunca, o igual que siempre, Pesaj reafirma que somos libres, que fuimos liberados, que todos, múltiples y complejos, nos sentamos a la mesa. Cuando nos han privado de tres hijos, o catorce, más aún cumpliremos con el precepto de “contar la historia”. Porque todo aquel que se extiende en relatar la historia de la salida de Egipto es digno de alabanza.

Derramamos una gota de vino para disminuir la alegría de la liberación en reconocimiento al padecimiento del “otro” (los egipcios); con esta ambigüedad vivimos hasta nuestros días. Este año, a diferencia de otros, bien podríamos derramar una undécima gota por el padecimiento de nuestros hijos. Los que no llegaron a la mesa.
Jag Hapesaj Kasher veSameaj!

Reproducción autorizada citando la fuente con el siguiente enlace Radio Jai

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