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Líbano: “Un paraíso que se transformó en infierno”

El Minuto | La república libanesa tiene su origen en 1921, como consecuencia del reparto de las antiguas provincias otomanas del Próximo Oriente entre los victoriosos aliados – Francia y Gran Bretaña – luego de la Gran Guerra de 1914-1918.

Por Jorge Suárez Saponaro | Director El Minuto en Argentina

Tomando en cuenta la importante población cristiana en la zona, los franceses, crearon el llamado Gran Líbano, bajo protección francesa, para luego, dar paso a la República libanesa en 1926. El régimen de protectorado terminó formalmente en 1943. Durante muchos años, Líbano, fue considerado la “Suiza” del Próximo Oriente. Pero a mediados de los 70, aquel paraíso, se transformó en un infierno.

La historia del Líbano se remonta hace milenios, desde tiempos neolíticos, pasando por el desarrollo de la civilización fenicia. Desde tiempos antiguos, fue un territorio de historia convulsionada, donde antiguos imperios del Oriente, disputaron su control, hasta la llegada de los romanos, que ocuparon la zona durante siglos. Luego llegaron los bizantinos y posteriormente en el siglo VII-VIII, los árabes, y con ellos la fe islámica. Los cristianos maronitas, confesión dominante en la zona, se refugiaron en las montañas del Líbano. Esta tierra de conflictos, fue testigo de la presencia de la Cruzadas, para luego de constante cambio de manos, terminar en el siglo XVI, bajo el Imperio Otomano.

Los turcos colocaron lo que hoy es el territorio libanés bajo el gobernador de Siria, que a su vez se dividía en entidades menores, cuyos gobernantes tenían amplio margen de autonomía. En el caso de Monte Líbano, este contaba con un emir nombrado por el sultán otomano. Las tensiones entre cristianos y drusos iban en aumento, especialmente, por la pérdida de estos últimos de la primacía política local. La injerencia europea en el conflicto, llevó a la imposición del “Doble Kaimacamato” donde fueron creados dos distritos, uno druso – musulmán, y otro cristiano, con sendos responsables nombrados por el sultán (kaimakan). El conflicto estalló cuando campesinos maronitas se levantaron contra los señores feudales drusos.

La rebelión se extendió en 1858, por parte de Siria y el resto del Líbano. Pronto el conflicto derivó en matanzas, llevándose la peor parte los cristianos, en manos de irregulares drusos y musulmanes. La crisis derivó en la intervención europea, enviando Napoleón III, una expedición militar a Beirut, que terminó que el imperio otomano, reconociera un régimen de autonomía especial para Monte Líbano con un gobernador cristiano, denominado Plenipotenciario o mutasarrıf, en turco.

Régimen que perduraría hasta la ocupación francesa de 1915, cuando el comandante militar otomano Cemal Pasha, terminó con este régimen, centralizando el poder en sus manos, desde Siria. En Francia, se había formado un Comité, con el objetivo de impulsar un Monte Líbano independiente, mientras que en 1917, se formó un Comité Central Sirio, que reclama un Monte Líbano autónomo dentro de la Gran Siria.

Cemal Pasha, en un intento de mantener el control de la Gran Siria en manos turcas, desencadenó una dura represión al creciente movimiento nacionalista árabe. A ello se agregó la hambruna desatada por el bloqueo naval, impuesto a las potencias centrales. La Cruz Roja estimó en 1918, que la hambruna costó la vida a 200.000 personas. Esta situación generó un camino de no retorno de los árabes, respecto a los turcos. En 1918 la Campaña de Palestina, liderada por el general británico Allenby, terminó con el dominio otomano en la región.

El dominio turco simplemente se esfumó. Las autoridades otomanas entregaron el control de las ciudades al “Estado Árabe”. Los franceses y británicos al ingresar a las ciudades de Beirut y Damasco, encontraron autoridades provisionales. Fasal, llegó a Damasco, y su intento de legitimar el flamante Estado Árabe, es frenado por el general Allenby.

Los Acuerdos Sykes Picot estaban en vigencia y había que repartirse el botín entre los victoriosos Londres y París. Faisal intenta hacer valer sus derechos, mientras que los aliados reparten la antigua Provincia Siria, en gobernaciones militares, quedando los actuales Siria y Líbano, en manos de un alto comisario francés.

Desde Monte Líbano partió una delegación a París, para hacer valer sus derechos, y crear un estado controlado por cristianos, separado del Estado Árabe. Los franceses aprovechan el reclamo para aparecer como sostenedores del derecho de crear un estado libanés. Finalmente luego de tensiones, conferencias, Francia y el Reino Unido, imponen su criterio y el sueño del Estado árabe se pierde en la noche de los tiempos.

El Gran Líbano un invento francés
El general Gouraud, llegó a Beirut en 1920, primer alto comisario para la zona, proclamó la creación del Gran Líbano, una federación de estados creados por la misma Francia: Damasco, Aleppo, Estado Alauita y Jabal al-Druze. Las poblaciones no vislumbran muchos cambios, sino más bien, observan que solo han cambiado de “dueño”. El general Gouraud, como alto comisario, que designa un gobernador, que tiene un gabinete con libaneses, pero la validez de sus actos, dependen de la firma del consejero francés que los flanquea. La Asamblea Consultiva, antes electa por voto, es designada por los mismos franceses. Todo ello fue obra del Ministerio de Exteriores francés, sin tener en cuenta los sentimientos de la población y con el claro objetivo de hacer naufragar la idea de un Estado árabe unido.

Los británicos por su parte también, seguían por el mismo camino e incluso hay tensiones con París, en torno a la división de los territorios adquiridos. La presión internacional y en un intento de ocultar la dominación colonial, los franceses convocaron en 1922, elecciones para un parlamento. En 1923, Francia separó el Líbano del resto de Siria, estableciendo sus símbolos nacionales, moneda y fueron incorporados los antiguos distritos otomanos de Trípoli, con mayoría de musulmanes sunitas, y de Sidón con Nabatiye al sur, con mayoría musulmana chiita, el valle de la Bekaa hacia el oriente, entre la cordillera del Líbano y la del Anti Líbano, siendo su zona meridional de mayoría católica melquita y la zona septentrional de mayoría musulmana chiita. En 1926, fue proclamada la República Libanesa, creada por el alto comisario francés, Jouvenel. Y en mayo de ese mismo año es sancionada una Constitución.

Siendo electo un cristiano ortodoxo Charles Debbas, como primer presidente. A pesar de las flamantes instituciones, el Alto Comisario francés tiene veto sobre las decisiones de la joven república. En 1932, fue realizado el censo nacional, llevado a cabo por los franceses, donde los cristianos, aparentemente eran una leve mayoría. Desde entonces, este tipo de relevamientos en Líbano, no se llevaron más a cabo, lo que ha sido motor de conflictos posteriores.

Las elites locales, se mantuvieron corruptas, sectarias y cuasi feudales, donde sus intereses prevalecían – y lo siguen haciendo – sobre el interés colectivo. No tenían ninguna voluntad de construir una nación, y menos impulsar la modernización social y política del país. Líbano fue una pugna de clanes, con alianzas temporáneas, en constante pugna entre sí.

Líbano independiente
En 1943, Líbano declaró su completa independencia de Francia. Los políticos y líderes locales, establecieron el llamado Pacto Nacional, un acuerdo no escrito de reparto de poder, donde los cristianos se quedaban con la jefatura del estado, los sunnitas con el cargo de primer ministro y los chiítas, con la presidencia del Parlamento. Pocos años después, el país se involucró en los conflictos del convulsionado Próximo Oriente, participando en 1948, en la guerra con el naciente Estado de Israel, siendo derrotado su ejército junto a sus aliados

árabes. A diferencia de sus vecinos. Líbano no se dejó arrastrar por los vientos revolucionarios, como a Siria o Egipto. El peculiar experimento libanés pareciera funcionar. El régimen legal vigente, estableció marcos específicos para las distintas comunidades confesionales, no hubo un derecho común a todos los ciudadanos, lo que impidió de alguna manera la construcción de una idea de Nación. A pesar de las tormentas políticas que afectaban a países vecinos, Líbano se mantuvo estable, gracias al Pacto Nacional, pero que no era más que un frágil acuerdo, o tapadera para mirar hacia otro lado, de las tensiones políticas crecientes entre los distintos grupos confesionales como los poderosos clanes y familias que regían los destinos del país.

En la presidencia de Bechara El Jury (1943-1952), fue el responsable de implementar el llamado Pacto Nacional. Camille Chamoun, fue un decidido pro occidental, lo que generó tensiones con la población musulmana, que estaba siendo influida por las corrientes nacionalistas y panarabistas, con fuerte sesgo de izquierdas. Esto derivó ante la incapacidad del estado libanés de restablecer el orden, de pedir asistencia a Estados Unidos, que en 1958, envió una fuerza de pacificación.

El régimen financiero y leyes de secreto bancario, permitió, que mucho dinero árabe fluyera hacia Beirut. El turismo, la relativa estabilidad, la convivencia pacífica de las distintas comunidades y la libertad de expresión, convirtieron al país en la Suiza del Próximo Oriente. Millares de turistas concurrían al Líbano, a disfrutar de la cosmopolita Beirut.

Pero aquella estabilidad y paz, no era más que un castillo de naipes. El conflicto árabe israelí, tocó de cerca al endeble país de los cedros. La llegada de miles de refugiados palestinos, fue uno de los motores del conflicto interno que estallaría en 1975. La presencia de los palestinos, significó el incremento sustancial de la población de origen musulmán, además de la expansión de los movimientos de izquierda y nacionalistas panarabistas, muy presentes en las poblaciones musulmanas, que tenían una visión cada vez más críticas de la elite gobernante pro occidental.

Los campos de refugiados palestinos, eran un estado dentro de otro estado, lo que generó tensiones con las formaciones de derecha cristianas. La OLP (Organización para la Liberación de Palestina) en los campos de refugiados, formó un estado dentro de otro estado, organizando una estructura propia de gobierno y fuerzas militares. Desde las bases en el sur del Líbano, los guerrilleros palestinos lanzaban ataques a Israel. Las distintas facciones confesionales y políticas, organizaron sus propias milicias, creándose las condiciones para una crisis mayor.

Los choques fueron cada vez más frecuentes, hasta el estallido abierto del conflicto interno, en 1975. El ejército libanés, nutrido por voluntarios, nunca fue una estructura sólida, sino que estaba afectado como el resto del estado, al reparto de cargos por cuestiones confesionales y clientelares, y ante una crisis de magnitud, simplemente se esfumó y disolvió en milicias.

La guerra civil libanesa, duró quince años, con el concurso de actores externos, destacándose Israel (que buscaba brindar seguridad a su frontera Norte y desarticular los grupos palestinos), Siria (que impuso un protectorado de hecho), e Irán (que fue el impulso de la resistencia chiíta y patrocinador del grupo terrorista Hezbollah).

En la guerra civil libanesa, los Guardianes de la Revolución iraníes – Pasdaran – tendrán mucho que ver con la organización y crecimiento del grupo Hezbollah, que se instaló sólidamente en el sur del Líbano. Se estima que unos 1500 asesores iraníes, estuvieron presentes, organizando las milicias chiítas y desarrollando las tácticas de guerra asimétrica, que incluyeron espectaculares atentados suicidas, como en Beirut, en 1983, donde murieron 241 marines estadounidenses y 58 paracaidistas franceses.

Atentados suicidas en Beirut, en 1983, donde murieron 241 marines estadounidenses y 58 paracaidistas franceses.

La ausencia de un Estado, dio paso a que esta organización, tuviera fuerte presencia en la población, gracias a su política de asistencia social, etc. El nivel de complejidad alcanzado por esta poderosa organización, junto a su experiencia de guerra, lo transformó en un actor de peso en la política libanesa hasta el día de hoy.

La guerra civil fue un constante cambio de alianzas. Siria ocupó el país con 40.000 soldados y tuvo un rol importante en la imposición de los Acuerdos de Paz de Taif. La mayor parte de las milicias son desmovilizadas, pero el poderoso Hezbollah permanece en el sur, combatiendo la presencia israelí. El gobierno libanés, nunca tuvo el poder suficiente, o el interés real también para desarmar a dicho grupo, herramienta de proyección de poder del régimen iraní.

Este grupo tuvo serios enfrentamientos con las Fuerzas de Defensa de Israel, destacándose la guerra de 2006, donde el intento de dar un golpe estratégico al grupo terrorista citado, fracasó. No obstante ello, en el plano táctico, las fuerzas de Hezbollah son golpeadas, a tal punto que no han repetidos acciones militares a escala contra la frontera israelí.

La violencia política no ha cesado, como puso de manifiesto el asesinato del primer ministro Rafik Hariri, en 2005, donde todos los caminos parecieran llevar al poderoso grupo Hezbollah. La incapacidad del estado libanés para investigar el tema, llevó a la formación de un tribunal internacional. Siria, que hasta ese momento mantenía una fuerte presencia militar, optó por retirarse definidamente del país. Quienes se oponían a que Damasco fuera el árbitro de la política libanesa, generalmente perdían la vida en atentados y asesinatos políticos, donde el servicio secreto sirio estaba involucrado.

Líbano: un callejón sin salida
El sistema política libanés, a pesar de los Acuerdos de Paz de 1989, la guerra civil y la presencia de actores externos como Irán y Siria, mantuvo sus vicios, especialmente el clientelismo y la corrupción. Un grupo de familias manejan los destinos del país, en el marco de alianzas cambiantes, donde prevalece el interés del clan/facción, sobre los de la Nación.

Esta forma de hacer política también impulsa la corrupción. Incluso esta lucha de facciones, puso al país en su momento al borde de una guerra civil, cuando durante una veintena de meses los partidos libaneses no se ponían de acuerdo para elegir al jefe de Estado. Finalmente un acuerdo político, permitió que fuera electo Michel Aoun, militar cristiano, que se reconcilió con viejos enemigos políticos, para poder llegar al poder en 2017.

La explosión del puerto de Beirut en 2020, puso en evidencia, el alto nivel de corrupción que tiene el país y la indiferencia de la clase política por mejorar la situación imperante. Las causas del accidente, fue el almacenamiento de fertilizantes, sin los debidos controles de seguridad, que causó la muerte de 217 personas, 7000 heridos y el desplazamiento de 300.000 por los daños a sus viviendas. Los intentos de la justicia local para buscar responsables, ha tenido como respuesta todo tipo de obstrucciones, que fue objeto de denuncias internacionales de reconocidas ONG de derechos humanos. La crisis COVID, no ha hecho mas que agudizar la crisis, económica, política y social. La población se ha movilizado, pero los grupos políticos libaneses, incluyendo el todo poderoso Hezbollah, han cerrado filas y buscan mantener el status quo.

La situación es realmente complicada, especialmente por el alza de precios de combustibles, los cortes de energía eléctrica que por muchas horas deja a este país de 7 millones de habitantes sin luz, lo que afecta especialmente al sistema de salud y una actividad económica que busca como puede sobrevivir.

La mitad del país es pobre, la libra libanesa se hunde, la gente busca emigrar y el desempleo alcanza el 30% de la población, afectando especialmente a los más jóvenes. La tensión reina en las calles y el ejército libanés fue desplegado para mantener cierto orden.

Los males del Líbano, parece no tener fin. La guerra civil de la vecina Siria, trajo aparejado que hoy viva en este país de 10.400 km2, un millón de refugiados sirios, en condiciones realmente de extrema pobreza. El gobierno libanés ha instado que los refugiados regresen voluntariamente a su país, dado que no existe infraestructura y recursos adecuados para brindarles apoyo adecuado. El temor de muchos, es que a su regreso, el régimen de Damasco tome represalias, dado que en más de un caso son disidentes políticos. Mientras tanto quienes han sido impulsores de las facciones que luchan en Siria, siguen destinando millones para los grupos armados de distintos pelajes, que luchan para imponer una victoria que es imposible, trayendo aparejado más miseria y muerte.

El gobierno libanés, no cuenta con un gobierno estable. Desde a tragedia del puerto de Beirut, y la renuncia de Saad Hariri, como primer ministro, el país no tiene un gobierno efectivo. En el mes de julio, el multimillonario Najib Mikati, formó gobierno de luego de largas negociaciones, que finalmente llegaron a buen puerto, incluyendo el visto bueno de los parlamentarios que apoyan al presidente libanés general Michel Aoun, y el grupo Hezbollah. El flamante primer ministro, con una fortuna estimada en US$ 2700 millones, no ha sido bien recibido en su país, donde existen sobradas sospechas de corrupción.

El país de los Cedros, está a la deriva, con sus clanes disputándose cuotas de poder y privilegios, mientras el país se hunde por la aguda crisis económica. No cabe duda que la salida a esta situación es la secularización del Estado y el desmantelamiento de la organización terrorista Hezbollah, algo muy difícil de alcanzar, si la comunidad internacional, sigue mirando hacia otro lado.

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