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Kliksberg en tiempos de pandemia: El agua, un derecho fundamental

En el 2019 la Asamblea General de la ONU declaró al agua potable y a las instalaciones sanitarias adecuadas, un derecho humano.

Desafortunadamente ese derecho decisivo para la salud pública se viola en gran escala. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 1/3 de la población mundial no tiene agua potable, y el 55% carece de sanitarios. Estos déficits no han estado entre las prioridades más críticas y ello se ha reflejado en subinversión en ambos campos. Dice Antonio Guterres (Secretario General de la ONU) “La falta crónica de inversiones en agua y saneamiento perjudica a muchos, es inaceptable”.

La pandemia desnudó la magnitud de las insuficiencias. Entre las recomendaciones principales para enfrentarla se halla el lavado regular de las manos con agua y jabón, e higiene. El 40% de la población del planeta no tiene acceso a agua y jabón. La falta de sanitarios impide la higiene.

El 25% de la población del orbe vive en países que están en “stress hídrico severo”. Su disponibilidad de agua es muy limitada. En general el cambio climático ha contribuido a empeorar la disponibilidad y calidad del agua. El avance de las emisiones de gases invernadero, el aumento de la temperatura, la elevación de los mares, su calentamiento, las toneladas crecientes de desechos arrojados en ellos, la deforestación de grandes extensiones en el Amazonas, y la destrucción de biosfera, la fragilidad en que quedaron los humedales, el incremento de las sequías y su prolongación, y otros componentes de los enormes desequilibrios producidos por los intereses contaminantes, han afectado duramente las reservas de agua.

Entre las luchas centrales de las sociedades civiles, y particularmente de los indígenas y los pequeños campesinos (que son el 80% de las explotaciones agrícolas del mundo) directamente afectados, se ha hallado la defensa de los ríos y cauces naturales de agua. Se intentó acallarlos mediante la pura violencia. En los últimos 15 años, fueron asesinados 1500 activistas ambientales. En Guatemala, por ejemplo, fueron 3 en 2017, 16 en 2018, 12 en 2019. Muchos otros fueron encarcelados, como el líder indígena guatemalteco Bernardo Caal, condenado a 7 años de prisión por defender los ríos Oxec y Cahabon, ubicados en tierras mayas.

Según un análisis de la ONU, solo en 14 de 109 países se ha consultado a los grupos indígenas, y campesinos, sobre como serían impactados antes de lanzar grandes proyectos hidroeléctricos, y otros similares.

América Latina está muy afectada por el problema del agua a pesar de tener 1/3 de los recursos hídricos mundiales. La alta desigualdad influye. Lo ilustra para el caso de México, que se repite en otros países, el riguroso y agudo análisis de Mario Luis Fuentes “La ignorada crisis del agua” (México Social, marzo 2021).

Junto al tema del agua, la falta de sanitarios adecuados ha obligado a 673 millones según la OMS a hacer sus necesidades a “cielo abierto”. Ello incide en el cólera, la disentería, la hepatitis A, la fiebre tifoidea, y otras. Causa 432.000 muertes anuales de niños menores de 5 años por diarreas.

Hay soluciones. Desde ya. Un dólar en sanitarios tiene un retorno de 5.5 dólares. En agua lo son entre otras la recolección de las lluvias, el reciclaje de las aguas residuales, el aumento de la eficiencia hídrica, el uso sostenible de la tierra. Por ejemplo, las han aplicado con todo éxito Israel, el segundo país más seco del mundo, y Costa Rica líder en preservación de la naturaleza.

Urge terminar con la violación sistemática de estos derechos humanos vitales. No quedan más excusas.

(*) Asesor de diversos organismos internacionales. Autor de 66 obras traducidas a múltiples idiomas. Premio Internacional CORRESPONSABLES de España 2020. [email protected]

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