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El zeide de la literatura en idish

Shalom Jacob Abramovitz o  Sholom Yankev Abramovich, nació en Minsk, entonces Imperio Ruso, que hoy forma parte de Bielorrusia, en 1836 y falleció en 1917 en Odessa, en la actual Ucrania.

Es posible que al leer los renglones precedentes el lector se pregunte ¿quién es este personaje como para merecer una nota? La duda se disipa cuando aclaramos su aliaz literario,  Mendele Mojer Sforim, “Mendele, el vendedor de libros” que fue un prolífico autor de libros en idish y en hebreo. Se lo conoce como el creador o  “el abuelo de la literatura idish”. También es considerado el  precursor de la moderna literatura hebrea.

Scholem Aleijem dijo que casi no había casa judía en la no se leyera “la yegua” novela de la que hablaremos mas adelante.

Su primera novela, que data de 1868 fue Haavot ve ha banim (Padres e hijos), fue escrita en hebreo. En ella pinta la lucha entra la generación vieja y fanática y la joven que aspiraba a ser educada y esclarecida; pero en sus obras siguientes, hasta 1886,  empleó el idish. A partir de ese año  volvió a escribir en hebreo o se tradujo a sí mismo. El idish era la lengua coloquial de los judíos de Europa del este mientras que el hebreo era la lengua reservada al culto religioso, que no todos conocían y al que llamaban lushn koidish o lashon kadish, idioma santo. No fueron pocos los escritores judíos que enfrentaron la disyuntiva a la hora de elegir el idioma en el que redactaron sus obras.

Pero  Mojer Sforim le dio al idish un alto vuelo literario, con sus metáforas sarcásticas, ácidas y a la vez tiernas críticas; su gracia chispeante, sus descripciones del ambiente y   de los simpáticos personajes de los shtetalaj (pueblitos), cuya descripción  alcanza una brillantez y fidelidad  no habituales.

En su autobiografía Mendele explica el cambio de idioma con estas palabras, “Nuestros escritores, los cultores de la lengua hebrea, miraban al idish de arriba hacia abajo y con el mayor desprecio….La idea que escribiendo en idish perdería categoría, no dejaba de torturarme; pero el deseo de ser útil dominó mis falsas aprensiones y resolví, pasara lo que pasara, tomar partido del idish y ponerme al servicio del pueblo”

Fue un agudo crítico a través de sus alegorías progresistas y sus lecciones morales. Toda su obra destila una inmensa piedad por los humildes

Por ello, aún antes de escribir su autobigrafía dijo “Yo asumiré partido por el idish y seré útil a mi pueblo, no solo por el idioma, sino también por el hombre atropellado, por la clase reprimida del pueblo judío”  

Una muestra de lo antedicho es su novela “La Yegua” (Di cliache) publicada en Vilna, hoy Lituania,  en 1873, cuya inspiración recibió cuando vio un carro cargado con ladrillos, tirado por una vieja yegua y permanentemente azotada por el carrero. El vio en el animal una representación simbólica del hombre común de pueblo judío, perjudicado por el afuera pero también por los de adentro, por lo cual no ahorra críticas a la dirigencia judía; a tal punto que algunos la consideraron una novela antisemita.

Isrolic, un iluminista desequilibrado, que ve en la cultura y el estudio la redención del pueblos judío, es  un estudiante hechizado y delirante, perturbado por sortilegios y brujerías, una yegua que habla, que es la encarnación de un antiguo príncipe, el famoso demonio Asmodeo, rey de todos los diablos y príncipe del infierno,  su secretario, el duque de Lucifer y sus cohortes de diablos, son los personajes principales de este libro
Según su autor el libro tiene dos significados: uno directo, objetivo, el de una historia fantástica, entretenida y amena; y otro oculto, interno, simbólico. Cada uno puede  interpretarlo según  su gusto, su entendimiento y su sensibilidad.

Fue un agudo crítico a través de sus alegorías progresistas y sus lecciones morales. Cuando pasó de escribir en hebreo al idish dijo “Yo asumiré partido por el idish y seré útil a mi pueblo, no solo por el idioma idish, sino también por el hombre atropellado, por la clase reprimida del pueblo judío”

 

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