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Rusia y la eternidad de Vladímir Putin

Tras un largo referéndum que duró siete días, las cifras oficiales sobre la consulta en torno a la reforma de la Constitución rusa muestran que habría participado el 68% de los empadronados, de los cuales el casi 78% le habría dicho que sí. Muchas dudas acompañan a este resultado, las denuncias de presiones, sobornos e irregularidades se multiplican en todo el territorio ruso, pero muy difícilmente anularán el referéndum.

El presidente Vladímir Putin, que ya lleva dos decenios en el poder tras Borís Ieltsin, se ha transformado en un vocero del nacionalismo ruso, y sobre este sentimiento aspira a fundar su legitimidad. La economía, fuertemente dependiente de los hidrocarburos, tambalea ante la escasa demanda internacional por la pandemia, con una fuerte caída del PBI en torno al 6%. De allí la urgencia de Vladímir Putin de convocar a este plebiscito de reforma, para dejar la ventana abierta a dos reelecciones más. Se asegura, entonces, que no se buscará un sucesor para 2024, sino que sigue en carrera, con la posibilidad de seguir hasta 2036.

El proceso de la reforma fue vertiginoso: una semana después de que Putin anunció las reformas a principios de año, la Duma –el parlamento ruso- aprobó el proyecto de enmiendas. Las diferentes regiones, unánimemente, se expresaron a favor, así como la Corte Constitucional. El referéndum estaba previsto para abril, pero debió postergarse hasta ahora, para no generar una catástrofe sanitaria por la expansión del Covid-19.

La falta de una democratización genuina de Rusia, más la tendencia hacia la glorificación del nacionalismo y el tradicionalismo eslavo, son elementos que Putin mantiene hacia dentro de su país, y busca proyectar en el continente europeo y más allá, influyendo indirectamente en procesos electorales. Pero, a su vez, tiene grandes fragilidades, como una economía muy inferior en tamaño y desarrollo a la de Estados Unidos, la República Popular China y la Unión Europea, lo cual lo deja en una posición menor en el tablero de las grandes decisiones. Su poder es militar, y lo despliega en la frontera con Ucrania, en Siria, en Libia. Esa necesidad vital de mostrarse como una fortaleza inexpugnable es la que lo lleva a buscar la eternidad, la aspiración de tantos mandatarios que, inexorablemente, jamás pudieron alcanzar.

Por Ricardo Lopez Gottig.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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