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A 120 años del nacimiento de Raphael Lemkin, jurista polaco de familia judía que acuñó el término genocidio

Raphael Lemkin nació en el año 1900 en la localidad de Bezwodne, que entonces pertenecía al Imperio Ruso, en el seno de una familia judía. En los años 20 descubre la muerte de miles de civiles armenios durante la Primera Guerra Mundial deportados por el gobierno del Imperio Otomano, gracias al proceso celebrado en Alemania contra un joven armenio que había asesinado en plena calle a Talaat Pashà, el ministro otomano que en abril de 1915 ordenó la deportación. Un hecho olvidado, como recordaría el mismísimo Adolf Hitler cuando el 27 de agosto de 1939 ordenó la destrucción de Polonia alegando: “¿Quién se acuerda del aniquilamiento de los armenios?”. La reacción de Lemkin fue exactamente la contraria, como escribió en su autobiografía: “me di cuenta de que una ley contra este tipo de asesinatos raciales o religiosos debía ser adoptada por el mundo”. A partir de entonces reorienta su carrera profesional de la lingüística al derecho y se convierte en un gran jurista en su país, Polonia —”resucitada” tras el final de la Primera Guerra Mundial.

El primer documento importante que elabora sobre los asesinatos en masa es una ponencia que envía a la Conferencia de Unificación del Derecho Penal, celebrada en Madrid en 1933, pero el ministerio polaco de asuntos exteriores, al conocer su contenido, no le concede el visado para poder viajar a Madrid, para evitar enemistarse con el nuevo líder de Alemania, Adolf Hitler. En la ponencia Lemkin para referirse a los asesinatos en masa utiliza los términos crimen de barbarie y crimen de vandalismo, que no logró que fueran reconocidos.3​ Por el primero entendía las «acciones exterminadoras» por motivos «políticos y religiosos» y que también incluye «acciones emprendidas para arruinar la existencia económica de los miembros de la colectividad», aludiendo a la muerte de millones de ucranianos como resultado de la violencia utilizada para imponer la colectivización forzosa decretada por Stalin. En cuanto al vandalismo adelanta lo que varios decenios después será conocido como genocidio cultural. Su propósito al presentar la ponencia era, según el historiador español Antonio Elorza, de la Universidad Complutense de Madrid, lograr que esos delitos fueran tipificados en el Derecho Internacional, y así «los posibles criminales» tendrían conocimiento «de que su acción no quedaría impune». Proponía, pues, lo que algunos decenios después se llamaría justicia universal, y que Lemkin en su escrito denominó “justicia interestatal”.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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