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Bioética en tiempos de coronavirus

Bioética y pandemia en medio de una deontología médica, donde la edad no es un criterio de ajuste a considerar, a la hora de dar la prioridad de atención a un paciente en gravedad, ni mucho menos la religión, la clase social o la ciudadanía. Es el criterio de sobrevida, lo que llevará al médico a tomar está difícil decisión. El doctor Fishel Szlajen compartió está mañana su opinión acerca de la carga y la complejidad que atañe a los profesionales de la salud en momentos de pandemia como los que se están viviendo en la actualidad.

Szlajen nos narra cómo el profesional y su conciencia se encuentran en una disyuntiva, y cómo gracias al apoyo de la comunidad médica,  se establecen protocolos que además de garantizar al paciente un trato seguro, reducen la tensión que puede generar este trance entre la tríada de pacientes y médico.

El rabino, que  pertenece a la Pontificia Academia para la Vida, y que está “en las puertas de las religiones monoteistas”,  como él  mismo se refiere con orgullo, comenta que han elaborado y firmado el protocolo sobre qué hacer ante la urgencia médica cuando el profesional de la salud tiene desgraciadamente que decidir frente a la angustia y la falta de recursos, a quien darle el recurso vital, y a quien no. Cómo se enfrenta el personal de la salud, ante la amenaza de un colapso en el sistema, cómo proceder con cada uno de los enfermos, a lo que él  nos cuenta, la clara situación que se está manejando hoy día de cuando le llegan dos pacientes, si se tiene sólo un respirador dónde vos los necesitan por igual.

Ante esto, han optado por hacer todo un protocolo académico, basado en principios universales para aplicar y resolver estas situaciones dentro de los hospitales, a lo que ellos llaman “deontología médica” ,el conjunto de principios y reglas que han de inspirar y guiar la conducta profesional del médico, para evitar a toda costa arbitrariedades  así como subjetividades, y hacer que las cuestiones morales y éticas ya estén resueltas para que el medico haga su labor y pueda responder rápidamente, de acuerdo a una normatividad que está asegurando mantener los códigos éticos, y que ya tienen sus antecesores en Nüremberg, Helsinki e incluso Brooklyn.  Esto se ha visto desde mediados del siglo XX, y según nos explica el Dr. Szlajen, ha alcanzado un punto en el que se ha elevado a proyecto de ley, aunque se encuentra en la infructuosa espera de determinados intereses políticos, porque como todos bien sabemos, éstos no son necesariamente los intereses de la gente.

Tengo ahora la grata noticia -enfatiza Szlajen-,  que la legislación le va a dar el beneplácito, pero esta nota, como ya bien se decía en algunos documentos que han salido ya publicados, pretende dividir por lo menos esta situación tan crítica en la que se encuentra el profesional médico, cuando se presentan dos personas con la misma gravidad y simultáneamente se pretende dirimir a quién le darán el recurso vital, y que esto no sea por medios aleatorios como tirar una moneda al aire.

Los criterios para esos casos, según nos narra, dependerán de la normatividad ética y los principios establecidos, donde la prioridad de atención será por orden de contacto con el centro médico, es decir que el médico no puede posponer a una persona que ya ha sido atendida,   por otra que posteriormente ha de llegar. Por otra parte, nos explica que estos protocolos se enfocan en la premisa de que la prioridad es poner la gravedad del paciente en acuerdo con la deontología médica, y la propia funcionalidad del médico tratante, entonces, éste deberá priorizar de acuerdo al juicio médico, considerando al paciente que tenga mayor sobrevida, es decir, aquél que tenga mayor probabilidad realizarle una acción terapéutica, sin que esto signifique que al otro paciente se lo abandone, sino por el contrario, deberá permanecer bajo determinados cuidados paliativos. Pero reitera que la prioridad la tendrá aquel que tenga mayor probabilidad de ser curado. Ahora bien, recalca algo muy importante, y esto es el hecho de que ninguna de estas prioridades debe ajustarse por la edad, la edad no es un criterio de ajuste de prioridades, así como tampoco los son la clase social, ni la religión,ni mucho menos la ciudadanía o la nacionalidad. Pero sobre todo la cuestión de la edad, como ya vimos en países  europeos o en Estados Unidos, donde han tenido este criterio utilitarista social, en el que  hasta lo han puesto por escrito, que las personas mayores que están   en los geriátricos no se las traslada, y se prioriza a las personas de 20 a  50 años ya que estos tienen mayor productividad social.

De acuerdo con la experiencia del doctor Fishel Szlajen y según su juicio, la edad es un componente más y no un factor determinante, la llegada simultánea de dos pacientes de diferentes edades debe obedecer en su caso de requerir tomar una decisión, ser crítico y elegir al que tenga mayor posibilidad de cura, pero nunca elegir por calidad de vida; y ahí es donde cabe hacer la diferencia, está muy clara la situación, mayor posibilidad de sobrevida la tendrá aquel que yo pueda curar con el instrumental, el conocimiento y sus propias posibilidades; es decir yo como médico no puedo ajustar una decisión entre tres personas de 80 años y una de 25 sólo por pensar que este de 25 vaya a vivir más que lo que les queda de vida a los otros tres de 80 aún juntando los años , siendo que se encuentran dentro de la misma gravedad.

“El criterio de ajuste por calidad de vida -dice Szlajen-, es un criterio utilitario que no entra en ninguna normativa ética, aquí estamos hablando de humanismo y sí el criterio de sobrevida que está basado es a quien yo tengo posibilidad de curar más allá de si está persona tiene o queda con patología permanente o con morbilidades, eso ya no nos confiere, se trata de su oportunidad de seguir con vida, no de apagar su camino”, finalizó el doctor.

Definitivamente estamos ante un tema de mucha controversia pero como enfatiza el doctor, primero está la vida, ante todo.

 

A CONTINUACIÓN LA SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA CON EL RABINO FISHEL SZLAJEN

“Los protocolos bioéticos están para orientar la acción del profesional médico hacia una acción moral o ética con mucha más prontitud que si el profesional tuviera que considerar desde cero cada situación aislada y bajo su propia conciencia”, explicó Szlajen.

Esto es fundamental ya que el profesional, lejos de ser alguien que de forma impersonal aplica una técnica sobre un objeto, guarda una responsabilidad sobre el paciente por su vulnerabilidad y ahí es donde debe aplicar una decisión clínica de acuerdo a los protocolos que se hacen para evitar cualquier tipo de arbitrariedad o subjetividad. “Por ejemplo cuando hay dos personas en iguales circunstancias ocurre la situación más álgida de decisión que es a quién atender. Cuando la situación es pareja, y esto proviene de la ley judía, no hay una acción que tenga prioridad sobre otra, con lo cual en ética cualquier acción en un dilema estaría permitida”, explicó el rabino.

En la actualidad hay muchas voces que dicen que el médico debe determinar por la lotería, ya que es la decisión moralmente más neutra, pero según el rabino “eso es una falacia absoluta porque estamos hablando de la vida o muerte de las personas y tiene que haber un criterio moral y responsable del accionar”.
Desde la bioética lo que se plantea es que dado que no existen situaciones absolutamente simétricas, el profesional a cargo debe buscar el factor desequilibrante para decidir quién tiene prioridad, sin abandonar al otro sino dándole una atención secundaria, cuando no s posible curar es posible cuidar. Lo azaroso no es un criterio moralmente neutral, es la renuncia a la ética.

“Resulta indispensable un protocolo para que el profesional sanitario pueda evaluar en función de un parámetro objetivo, tratando de suprimir toda subjetividad y arbitrariedad. Esto ha pasado en Italia, Suecia, España, Estados Unidos. Por eso la necesidad de un protocolo donde en caso de dudas uno puede revisar un estudio normalizado que regule la conducta ética del profesional, mas allá de cualquier error humano, que puede pasar”, aseguró Szlajen.

Con respecto a cómo interviene la fe en el diagnostico, el rabino aseguró que “hay que diferenciar lo que es el optimismo, la fe, la confianza, de un diagnóstico médico objetivo. La ciencia y la clínica se basan en diagnósticos objetivos en función de protocolos clínicos. Por supuesto que la fe siempre está y la esperanza es lo último que se pierde, pero las decisiones clínicas tienen que ser basadas en fenomenología clínica porque sino caemos en la arbitrariedad” y finalizó: “Donde entra la religión es en la autónoma del paciente que debe ser resguardada. El protocolo contempla esta autonomía y por ende la obligación del personal sanitario de mantener al paciente con una comunicación eficaz sobre su estado para que pueda prestar o no su consentimiento”.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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