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Proceso administrativo sancionador

Esta es una frase que ya se ha vuelto irritante por la frecuencia con la que se menciona por parte de los ministros y funcionarios que con ello quieren sacudirse de las trasgresiones propias de su sector, pero que representan el gran sesgo que en su liderazgo colocan a la sanción y la escasa -si alguna- mención al incentivo y reconocimiento a quienes hacen las cosas bien. Bajo ese paraguas, la trasgresión producto de la lucha por la vida es convertida en una “indisciplina social” que merece multas, cierre de calles y toques de queda que deben ser reprimidos por policías y militares.

No dejo de preguntarme cómo se instaló en el ADN del ejercicio del poder de los gobernantes y funcionarios peruanos esta asimetría entre el escaso reconocimiento y estímulo por los logros obtenidos, la confianza en los demás, la valoración de la responsabilidad ciudadana, frente a esta frecuente vocación sancionadora que no solo caracteriza el lenguaje oficial sino también se trasluce en los reglamentos (diseñados para asumir que lo que se espera es la trasgresión) y los medios de comunicación (que viven de las noticias sobre trasgresiones y delitos en la esfera gubernamental).

Pienso que ese paradigma se instala desde la infancia en la mente de los peruanos como consecuencia de la educación que recibieron en la familia y la escuela, en las que se presta más atención a los errores y trasgresiones de los niños y adolescentes que los hacen merecedores de castigos, que “se les baje puntos”, que se les desaprueba o suspenda, en vez de darle el mayor peso a los logros, los méritos y los aportes al bienestar colectivo.
Si queremos tener en el futuro una sociedad autoregulada y eficaz, que sea capaz de acatar las normas de convivencia a consciencia porque aspira al bien común, empecemos por crear ese ambiente y modo de relación entre autoridades y estudiantes en la escuela y universidad.

En ese reto, el Minedu puede convertirse en el pivote del cambio social que tanta falta le hace al Perú. Ya está claro que el mensaje sancionador no lleva a nada. Quizá intentar un mensaje de acompañamiento afectivo, de aliento y de convicción de que podemos hacer las cosas bien, marque una ruta distinta y lleve a mejor puerto.

Por León Trahtemberg.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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