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Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

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Mirar sin mirar, parashá Shlaj Lejá

Un joven sabio se sentía acosado por las dudas. No comprendía qué era lo que debía hacer para acceder a la fe. Consultó entonces con su maestro.
“Si persisto, ¿comprenderé en el futuro qué es necesario hacer?”, le preguntó.
El maestro dijo: “No es necesario comprender”.
“Si no comprendo, ¿cómo haré para tener fe?”
“Inútil tener fe”, dijo el maestro.
“Entonces no entiendo nada”, suspiró el joven sabio.
“Lo único que necesitas es una fuerte certeza”, dijo el maestro y lo invitó a dar un paseo.
Anochecía y el maestro, apuntando hacia el cielo le preguntó al joven: “¿Ves esa estrella?”.
El joven miró en la dirección indicada y respondió afirmativamente.
“¿Ves aquella otra, la que está justo al lado?”, volvió a preguntar el maestro.
“No hay ninguna al lado”, dijo el discípulo.
“Mira bien”, dijo el maestro.
Finalmente, el discípulo percibió una estrella casi invisible al lado de la primera. Si trataba de mirarla directamente, no la veía, pero si la miraba de reojo, podía percibirla.
El maestro le dijo: “Lo mismo sucede con la certeza. Comprender es ver la estrella que brilla. Tener fe es estar seguro de que existe una estrella a su lado aunque uno no la vea; la certeza interna es saber que existe aunque no se la perciba claramente. De ahora en adelante debes comprender por ti mismo”.
El joven, asombrado, preguntó una vez más: ”Pero, ¿cómo sabías que había una estrella invisible justo al lado de la primera?”
El maestro respondió: “Las estrellas son innumerables. Posiblemente tú y yo no estábamos mirando la misma. Hay tantas estrellas que siempre existe una invisible. Una de esas que solo se puede ver si se mira sin mirar”.

Moshé envía 12 exploradores a la tierra de Israel. Shlaj leja anashim veiaturu et Eretz Cnaan. Envía para ti, le dice Ado-nai a Moshé, hombres que exploren la tierra de Canaán, la que Yo doy a los hijos de Israel. Un hombre por cada tribu, todos jefes de tribu. Los envió Moshé desde el desierto de Paran, por mandato de Ado-nai. Kulam roshei benei israel ema. Todos ellos eran hombres, jefes de los hijos de Israel.

12 exploradores son enviados, 12 personas de quienes la Torá nos da nombre y apellido y a qué tribu pertenecen. Personas importantes, jefes, líderes, personas responsables, con un reconocimiento entre sus pares y frente al pueblo. Van con una tarea especifica: entrar a la tierra que se preparan a conquistar, traer información, cómo son los pueblos que la habitan: si son fuertes, si son débiles, si son pocos o muchos, si residen en fortalezas o en campamentos. Cómo es la tierra; fértil o infértil, si tiene árboles o no los tiene. Deben tener mucha fuerza, les dice Moshé y deberán traer del fruto de la tierra.

Y allí van los exploradores, y al cabo de 40 días regresaron de explorar la tierra. Llegan con el fruto de la tierra en sus manos, con los racimos de uvas gigantes que debían ser transportados en una vara entre dos personas, por su tamaño. Se acercan a Moshé y a Aharón que los esperaban ansiosos, y junto a ellos, todo el pueblo de Israel. Y así dicen los exploradores: hemos llegado hasta la tierra a la cual nos has enviado, y de ella mana leche y miel, y este es su fruto. Pero los pueblos que habitan allí, son poderosos y gigantes, sus ciudades son fortificadas, no podremos conquistar la tierra. “Y difundieron la difamación de la tierra”, nos sigue relatando la Torá, de la tierra que habían explorado, y la difamaron ante todo el pueblo de Israel. Tan solo 2 de los 12 exploradores trataron de convencer al pueblo de que lo que sostenían los otros no era cierto, que la tierra era buena, y que podrían conquistarla. Pero el problema ya estaba planteado, y 2 contra 10 no es un buen número, sumándose ahora todo el pueblo, que muchas veces, en forma equivocada, sigue a la mayoría. Hasta aquí los primeros pasos de una historia que no habrá de terminar bien.

¿Que pasó con los exploradores? Jefes de tribus, importantes, responsables, líderes en el pueblo, personas en las cuales Moshé confiaba, ¿qué les pasó? ¿Por qué dijeron lo que dijeron, por qué frente a todo el pueblo? ¿Por qué se equivocaron? ¿De pronto se transformaron en malvados, en irresponsables, en personas que no sabían el daño que estaban causando?

Los exploradores comprendían, y volviendo al relato inicial, solo lograron ver la estrella que brilla. Es una manera de ver el mundo que nos rodea, pero es tan solo una parte, a través de la comprensión, a través de aceptar las cosas que ven nuestro ojos y nada más, tan solo la estrella que brilla. Ioshua y Caleb, los 2 exploradores que apoyaban la conquista de la tierra, vieron lo mismo que sus compañeros, pero sin embargo, su opinión acerca de lo que habían visto fue otra. ¿Qué pasó con ellos? ¿Tenían más confianza? ¿Preferían hacer creer al pueblo algo que de todas maneras resultaría imposible? NO. Ellos tuvieron la certeza, la certeza interna, de que podrían alcanzar la promesa divina. Sabían que había una estrella, aunque no podían verla, aunque no podían percibirla claramente.

También nosotros somos de alguna manera exploradores, exploradores de un mundo muchas veces complejo, complicado, con caminos más o menos sinuosos. Exploradores de esta vida que nos ha tocado vivir, con sus alegrías profundas, con sus problemas, con dudas, con más preguntas que respuestas. Lo importante tal vez sea qué actitud tomamos como exploradores frente a la realidad que vivimos cada día. Si tomamos la actitud de comprender, entonces solo estaremos viendo la estrella que brilla. Sin embargo, a través de la certeza interna, de una fuerte certeza, sabremos que existe una estrella aunque no la percibamos claramente.
Nuestras verdades, nuestras creencias, nuestras convicciones, por muy profundas que sean, no son más que una parte de una totalidad muchísimo más grande. Nuestras verdades son parciales, fragmentadas, y muchas veces las transformamos para hacerlas aceptables a nuestro entendimiento, y esto les ocurrió seguramente a los meraglim, a 10 de los 12 exploradores enviados por Moshé; ellos pudieron ver solamente una parte de la realidad. Cada uno puede elegir su camino, y como le dice el maestro a su alumno, de ahora en adelante debes comprender por ti mismo.

El joven, asombrado, preguntó una vez más: ”Pero, ¿cómo sabías que había una estrella invisible justo al lado de la primera?”
El maestro respondió: “Las estrellas son innumerables. Posiblemente tú y yo no estábamos mirando la misma. Hay tantas estrellas que siempre existe una invisible. Una de esas que solo se puede ver si se mira sin mirar”.

Shabat shalom umeboraj,

Rabino Pablo Berman

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