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Violencia racista, ¿Es muy diferente hoy que ayer?

La semana pasada nos extendimos sobre el asesinato de George Floyd en Estados Unidos por parte de un policía en Minneapolis y las manifestaciones y saqueos que se sucedieron después en decenas de ciudades grandes, medianas y pequeñas del país.

Es inevitable recurrir a la memoria cuando hay un estallido de este calibre. Varias capitales europeas vieron sus calles desbordadas de gente a pesar de la pandemia protestando por el racismo en Estados Unidos. Muy solidario y comprensible. El racismo es un mal que debería erradicarse. Sobre eso no deberían existir dos opiniones. Pero veamos algunos momentos de la historia de los últimos 30 años en Estados Unidos, y recordemos, Seriamente, por favor.

Los Ángeles sufrió en 1992 tres días de violencia, incendios y saqueos en los que murieron 53 personas y hubo centenares de heridos. La causa fue la sentencia absolutoria a cuatro agentes de policía que propinaron una brutal paliza a un taxista negro, Rodney King, tras una persecución mientras se encontraba en libertad condicional.

En 2012, el policía George Zimmerman, disparó a un joven negro de 17 años desarmado, Trayvon Martin, en las afueras de Orlando, Florida. Aunque Zimmerman fue detenido y afrontaba una condena a cadena perpetua, finalmente fue declarado “no culpable” al considerar el jurado que actuó en defensa propia.

En 2014,Eric Garner, un afro descendiente de 43 años, murió en Staten Island, en la ciudad de Nueva York, después de que un policía blanco, Daniel Pantaleo, lo estrangulara al intentar detenerlo por vender tabaco ilegalmente. La justicia decidió no presentar cargos contra el agente. Un año después de los hechos, hubo un acuerdo para pagar una indemnización a la familia de Garner. En 2019, la Policía despidió a Daniel Pantaleo. En agosto de 2014 un joven afroamericano de 18 años, Michael Brown, murió en Ferguson (Misuri) tras ser abatido por un agente de policía, Darren Wilson.
El jurado que llevaba el caso absolvió al agente y lo dejó sin cargos, aunque Wilson presentó su renuncia como policía.

En 2014, un niño negro de 12 años que llevaba una pistola de juguete, Tamir Rice, murió por disparos de un policía en Cleveland que creyó que el arma que portaba el menor era real. La Fiscalía no procesó al agente ya que consideró que todo se debió a una cadena de errores.

En 2015, un agente de policía de North Charleston, en Carolina del Sur, fue arrestado por matar de varios disparos por la espalda a un hombre negro desarmado, Walter Scott, de 50 años, como se vio en un vídeo publicado por The New York Times. Esta vez, el agente, Michael Slager, fue condenado a 20 años de prisión por el asesinato.

En 2015, un joven negro de 25 años murió a manos de la Policía de Baltimore por estar en posesión de un cuchillo. Mientras se encontraba en custodia policial, Gray sufrió una grave herida en la columna que lo dejó en coma y obligó a trasladarlo al hospital, donde falleció una semana después.
Las protestas comenzaron en Baltimore, donde se decretó el toque de queda durante varios días, y se extendieron a ciudades como Nueva York, Washington, Boston, Seattle, con varias detenciones.Un año después el caso se cerró sin culpables, después de que la Fiscalía de Maryland decidiera retirar los cargos contra los seis agentes acusados.

En 2016, un vendedor afroamericano de 37 años, Alton Sterling, recibió varios disparos a quemarropa por parte de dos policías blancos cuando ya le tenían inmovilizado para detenerlo en Baton Rouge (Luisiana).Su muerte y la del afroamericano Philando Castile en Minessota, dos días después, también a manos de la policía tras ser detenido en su vehículo por una infracción de tránsito, desataron una ola de protestas en todo el país que terminó con la muerte de cinco policías en Dallas a manos de un francotirador y de otros tres en Baton Rouge.

En 2016, una agente de policía de Tulsa (Oklahoma) mató a tiros a Terence Crutchet, un hombre negro desarmado de 40 años cuyo vehículo se averió en la carretera. La agente, Betty Jo Shelby, que fue acusada de homicidio involuntario, fue finalmente declarada no culpable de homicidio en primer grado, después de testificar que disparó porque tenía miedo ya que Crutcher no obedeció sus órdenes.

Si alguien cree que este es un recuento exhaustivo, se equivoca. Primero que lo comenzamos en 1992 para marcar una distancia con el presente, pero podríamos remontarnos a horrores de un siglo antes. Segundo, irnos a principios del siglo 20, sería analizar y relatar (lo cual deberá quedar para otra nota o varias) que B´nai B´rith (fundada en Estados Unidos en 1843) creó en 1913 la ADL, Liga Anti Difamatoria, como herramienta necesaria e imprescindible para defenderse de la barbarie racista de entonces en la cual se destacaba al frente el Ku Kux Klan que colgaba a judíos y negros por el delito de haber nacido. Suena conocido ¿no?.
Tercero, la invasión a todos los órdenes de la vida por parte de las redes sociales y lo audio visual hace creer a muchos –en medio de la vorágine de imágenes y comentarios y análisis –que el mundo empezó hoy, en medio de una horrenda pandemia. Sin embargo, el policía que asesinó a Floyd, no hizo nada diferente que Daniel Pantaleo cuando en 2014 también asfixió a un joven negro que también gritaba “no puedo respirar”.

Así que ya era hora de que se proteste en serio por siglos de barbaridades. Y es muy loable que el ex Presidente Obama esté preocupado. Suponemos que también lo estuvo cuando se produjeron los asesinatos que detallamos durante sus dos presidencias. Y no es nada loable que la actual Administración haya querido apagar las protestas echando fuego.

La cronología que hemos hecho demuestra que Floyd no será el último en ser asesinado por ser negro.

Porque las declaraciones no terminan ni con el racismo, ni con el antisemitismo, ni con la base de todo ello: el odio al otro. Y en todos los continentes resulta desafortunadamente claro que los que odian tienen, hoy por hoy, más fuerza que la retórica. Con pandemia y sin distanciamiento físico, porque los crímenes de odio jamás reconocieron ni coronavirus ni ninguna peste, que no sea la propia: su omnipotencia.

Por Eduardo Kohn.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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