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La pasión por el mal, una enfermedad compleja

Esta semana, el Coordinador Especial de las Naciones Unidas para el Medio Oriente, Nikolay Mladenov, escribió en su cuenta de twitter: “Los peligrosos llamados de Irán a la destrucción de Israel deben ser condenados por todos. Esta retórica incendiaria es una forma moderna de antisemitismo. La ONU seguirá oponiéndose a todas las formas de violencia racista y luchando por la paz y la estabilidad en Oriente Medio”.
Cuando Khamenei llama a la “solución final del problema de Israel”, tal como lo hizo la semana pasada, hasta un jerarca de la ONU tiene que decir algo. Aunque apenas sea un modesto tweet, y aunque la Alta Comisionada de DDHH Michelle Bachelet ni se dé por enterada, alguien tiene que sacar la cara por la política amorfa de Naciones Unidas.
Pero Khamenei y quienes rigen Irán no se contentaron sólo con repetir consignas nazis. Emiratos Arabes Unidos envió 16 toneladas de insumos para combatir el Covid 19 a la Autoridad Palestina a través del Aeropuerto Ben Gurión, por lo que Khamenei ha acusado a los Emiratos de cometer “la más alta traición en la historia del mundo árabe”.
En este caso, a Mladenov no le preocupó nada que a Irán le importara menos que cero si los palestinos recibían ayuda para enfrentar la pandemia ni que Mahmoud Abbas se callara la boca y repartiera las 16 toneladas con la habitual dudosa equidad con la cual suele distribuir las llamadas ayudas que recibe un día sí y otro también desde Europa y Medio Oriente. Ni Mladenov ni nadie de ONU se atrevieron a señalar dos veces en pocos días el barbárico comportamiento iraní en medio de una tragedia sanitaria.
Pero Irán avanzó mucho más. Tiene tanto odio antijudío que no le ha importado dispararse un tiro en el pie. El Parlamento iraní ha aprobado por unanimidad (no debe existir mucho disenso, claro) “toda cooperación con Israel, incluyendo específicamente hardware y software, y quien no lo cumpla estará cometiendo un crimen contra Dios”.
No hay ninguna cooperación entre Irán e Israel. Lo que existen son hechos objetivos de la tecnología mundial actual. Criminalizar la tecnología israelí no es un problema para los que viven para y del mundo del “high tech”. Es un problema nada menor para el que aplica normas cavernarias y se auto excluye. Veamos.
La resolución iraní señala, entre otras disposiciones, algunas tan lúcidas como esta:” Todo iraní debe usar los conocimientos nacionales, regionales e internacionales para enfrentar al régimen sionista, por lo que se prohíbe el uso de toda plataforma de software israelí y todos los productos de hardware y software de ese origen”.
¿Por qué esta resolución va a ubicar a los iraníes en un limbo o en un viaje al pasado remoto?.
Primero, y no por orden de importancia, Irán, de acuerdo a su resolución debe cerrar y apagar todas sus computadoras. Todas tienen chips de Intel u otra tecnología diseñada en Israel. De todos modos, si seguimos avanzando con la resolución, veremos que no se va a necesitar usar computadoras en Irán, porque los routers son de la empresa Cisco y Cisco Israel es el lugar principal de fabricación. El chip más nuevo de los routers de Cisco lo desarrolló una empresa israelí que Cisco la compró hace cuatro años. Si van a usar Bing como buscador, los iraníes se encontrarán que es un producto de Microsoft y que el CEO de la empresa Steve Ballmer hace ya 12 años dijo que Microsoft es más una compañía israelí que americana.
Obviamente, y en cumplimiento de la resolución iraní, sus ciudadanos pueden desde ya tirar sus celulares a la basura. Mucho antes de Intel, ya en épocas de los recordados primeros Motorola, los celulares tienen en el corazón de su funcionamiento, tecnología israelí. O sea, que cualquier comunicación, desde la más simple a las transacciones bancarias pasan a constituir un crimen contra Dios y complicidad con el “régimen sionista”. Los mayores bancos realizan trabajos de investigación y desarrollo con cyber sistemas israelíes.
Habría que ver cómo Irán está llevando cinco barcos de petróleo a Venezuela en estas semanas, ya que Maduro decidió darle el oro que le queda a cambio de combustible. ¿Por qué nos preguntamos sobre el transporte marítimo? Porque las mayores refinerías del planeta utilizan sistemas de monitoreo y defensa fabricados en Israel. Probablemente la legislación nueva no llegó todavía al transporte hacia Venezuela, y por ello después de la llegada del primer barco petrolero iraní este lunes, la bandera de Irán flamea en el centro de Caracas.
La lista es interminable. Podríamos seguir con insumos médicos de toda índole, así como la industria automotriz. Khamenei deberá decidirse entre aplicar la resolución que promovió al mil por ciento y llevar a su país a mediados del siglo veinte o antes, o no aplicarla y cometer un crimen contra Dios, como él califica el uso de cualquier tecnología israelí, ya que el auto que usa para desplazarse cómodamente por las calles de su país, tiene tecnología israelí en un setenta por ciento.
Habrá que ver si una legislación basada en odio y soberbia puede avanzar bajo la complacencia de la población atrapada por la dictadura. Resulta dudoso creer que un régimen como este quiera volver a la época paleolítica. Más bien creerá que con el apoyo de alguna de las potencias que integran el grupo de los que usan veto en el Consejo de Seguridad podría mantener su vigencia tecnológica, seguir amenazando con guerra y destrucción sabiendo que sólo le dispararían un tweet, y mientras tanto convertirse en ocupante de un territorio de América del Sur, el continente que creíamos libre de invasiones alentadas por narco dictadores.
En 2014, el entonces Presidente de Uruguay decía que Israel estaba cometiendo genocidio en Gaza. Irán decía lo mismo. Y por supuesto Maduro. Hace una semana, en la fecha de recordación de desaparecidos en la dictadura de los 70, el Presidente uruguayo de 2014 y hoy Senador, recordó el genocidio armenio, ignoró la Shoá y habló de “genocidio palestino”. Irán hoy sigue diciendo lo mismo y además, amenaza. Maduro, obviamente no cambió, sino que abrió sus fronteras a Irán e Hezbollah y ahora deja flamear banderas extranjeras en su capital. Uruguay tiene reservas morales, éticas y democráticas para sacudirse del antisemitismo y los mensajes de incitación, vengan de donde vengan. Pero no toda América Latina tiene esas reservas. Y todos sabemos que no nos referimos sólo a Venezuela.

Por Eduardo Kohn

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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