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Evolución de las relaciones entre el Crimen Organizado y el Terrorismo II

Continuando el análisis sobre la evolución de los nexos entre el Crimen Organizado Transnacional –COT- y el Terrorismo Internacional –TI-, proseguiré con este último actor no estatal.

El proceso de globalización ha achicado las distancias geográficas permitiendo a las organizaciones y grupos terroristas una mayor conectividad y por lo tanto ha favorecido el acceso y el intercambio de información, como así también la circulación de medios y recursos.

Por su parte, se han flexibilizado la estructura jerárquica en algunas de las organizaciones terroristas constituyendo redes que han facilitado los vínculos con otros actores, y al igual que las empresas multinacionales, este proceso de descentralización ha creado franquicias o filiales con capacidad de adaptación a operar en cada medio local, pero manteniendo la cúpula el control del perfil político confesional, en el caso de grupos yihadistas, o ideológico político en el caso de grupos insurgentes o revolucionarios, en una palabra, las estructuras terroristas que se basaban en un rígido centralismo han dejado paso a la creación de grupos o células con mayor o menor coordinación entre las mismas, pero que mantienen los lazos con la organización matriz, esto se ha podido ver claramente tras la aparición del Estado Islámico y sus filiales, Al Shabaad en Somalía o Boko Haram en Nigeria, y no podemos olvidar el fenómeno del Lobo Solitario, cuyo accionar responden a los lineamientos estratégicos de la organización madre, aunque sus atentados sean actos individuales.

Esta descentralización o flexibilidad en la estructura de las organizaciones terroristas ha posibilitado la cooperación entre ellas y también con grupos del COT, facilitando su expansión , reduciendo los costos y los riesgos que tendría una mayor estructura.

Ahora bien, las organizaciones terroristas siempre han necesitado de financiación para su propia subsistencia y para operar, sea en forma activa o pasiva; durante la Guerra Fría los Estados del Bloque Soviético fueron el soporte financiero de los grupos revolucionarios de ideología marxista leninista, y también de otras que si bien no tenían el mismo perfil ideológico le eran funcionales a la estrategia global de la ex URSS, tal los casos del IRA irlandés o la ETA del país vasco, pero tras el colapso del imperio soviético esta línea de financiación se fue acotando y en la actualidad en lo que atañe a organizaciones o grupos terrorista de ese perfil ideológico, valga el ejemplo de Cuba, Venezuela y Nicaragua en la ayuda logística a las FARC disidentes, al ELN colombiano y algunos otros grupos de menor incidencia como EPP paraguayo.

En el caso del terrorismo islamista radical o yihadista, entre sus fuentes de financiación podemos enumerar, el Zakat o donación que equivale al 2.5% de los ingresos individuales que se canaliza a través de entidades de fomento, mezquitas y otras instituciones musulmanas, la Hawala que es un sistema de transferencia informal de dinero, es una vía de transacciones difícil de controlar y utilizada para la fuga de capitales, blanqueo de activos y financiación del terrorismo, también hay particulares que con capitales propios, como es el caso de ciertos personajes adinerados de países árabes, uno de los ejemplos más conocidos fue el de Osama Ibn Laden que con fondos propios financió primero al movimiento de Mujaidines en Afganistán en su lucha contra la ocupación soviética y luego a la organización terrorista por el creada, Al Qaeda, y finalmente se ha acrecentado la utilización de Cripto Monedas, una vía más de financiación del T.I.

Pero al igual que en el período de la Guerra Fría, hay Estados que patrocinan el Terrorismo, tal es el caso de la República Islámica de Irán, que además del aporte de armamento, es el soporte financiero de organizaciones terroristas como Hezbollah, Hamas y los Hutíes.

No obstante estas fuentes de financiamiento, las organizaciones yihadistas, utilizan actividades ilícitas propias del C.O.T., como ser, el fraude con tarjetas de crédito o la piratería informática, un ejemplo de este modus operandi es la cooperación del Hezbollah con las Tríadas chinas de Hong Kong, las que se encargan de piratear software y hardware que luego se envían al puerto libre de Iquique, Chile, y de allí a Ciudad del Este, Paraguay, donde se comercializan, dividiéndose los beneficios y lo que corresponde a la organización libanesa sirve para financiar la estructura terrorista, sea en la faz operativa o en la logística.

En la actualidad todas las organizaciones terroristas necesitan del financiamiento para sus actividades, y las vías son cada vez más sofisticadas y sus fuentes multifacéticas y más difusas para de esta manera evitar el accionar punitivo de los organismos nacionales e internacionales para el control de actividades y movimientos financieros.

En el caso de la O.I.C.P. INTERPOL, posee programas para impedir el flujo de financiación del terrorismo y detectar los mecanismos utilizados por las organizaciones terroristas y de esta manera no sólo impedir atentados sino igual o más importante asfixiar logísticamente a las mismas. Para este fin, se implementa una estrategia de cooperación internacional, trabajando junto al GAFI o Grupo de Acción Financiera Internacional, encargado de combatir el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo, con el Grupo Egmont, que es una red de 159 unidades de información financiera a nivel global y con organismos regionales y nacionales con funciones análogas al GAFI.

Para ir redondeando este somero análisis de la evolución del proceso de cooperación entre el C.O.T. y el T.I., cualquiera que sea la manera o tipo de relación entre estos dos actores criminales, el meollo de la cuestión es que el Terrorismo, más allá de sus acciones a fines con sus objetivos, puede también llevar a cabo actividades delictivas comunes lo que facilita la vinculación con las organizaciones criminales, aunque sus fines y objetivos son distintos como ya lo he señalado.

Las conclusiones que se pueden sacar, sintéticamente son las siguientes:
– El sistema internacional ha venido sufriendo un proceso de evolución constante que facilita la participación de diferentes actores no estatales, entre ellos, el C.O.T. y el T.I., en casi todos los ámbitos de las relaciones internacionales, y estos han podido crear espacios para la cooperación, y consecuentemente, potencian las amenazas para la Seguridad Nacional, Regional e Internacional.
– Más allá de las dificultades para encontrar un consenso global para definir al T.I., y las reservas de algunos países sobre la tipificación del C.O.T. que expresa la Convención de Roma del 2000, se debe centralizar en el análisis de los modelos de organización y procesos de cooperación de ambos actores, habida cuenta que comparten algunas características similares, y de esta forma crear nuevas figuras penales o modificar las existentes, de acuerdo al ordenamiento jurídico de cada país, pero que coadyuven en el marco del Derecho Internacional a combatir a estas dos expresiones criminales.
– La globalización y avances tecnológicos en las comunicaciones y las informaciones han servido al proceso de descentralización tanto en lo que hace al C.O.T. como al T.I., y de esta forma se ha facilitado la interrelación entre pequeños grupos o células a niveles locales, un modelo horizontal que no existía en la última década del Siglo XX.
– La problemática creada por la inestabilidad de algunos Estados o bien la aparición de Estados Fallidos, en ambos casos se produce un modelo híbrido donde se hace difuso diferenciar el accionar de una organización criminal del de una organización terrorista, y esta hibridación es una expresión avanzada de cooperación a tal punto que se pierde diferenciar los objetivos y acciones que generalmente le dan identidad propia a cada uno de estos actores.
– La búsqueda por parte del C.O.T. y del T.I. de nuevas fuentes y vías de financiación son la mejor prueba que es el sistema nervioso de las organizaciones criminales y por lo tanto los logros que se puedan obtener en la lucha contra ellas, se centra en el control y fiscalización de las redes financieras y los actores que participan de ellas y actuar decididamente, tanto en el ámbito público como privado con legislaciones duras que afecten patrimonialmente a los infractores, además de reforzar la cooperación internacional entre los Estados y los organismos financieros responsable del control.

De esta manera, creo haber dado un panorama de los que es en la actualidad el proceso de cooperación entre el C.O.T. y el T.I., algo para tener en cuenta por autoridades nacionales y organismos internacionales, habida cuenta que entre las consecuencias de la pandemia del COVID19, está una profunda y extendida crisis económico financiera y una reconfiguración del sistema internacional, por lo tanto, los riesgos y amenazas a la Seguridad Global, imponen el tratamiento multidimensional que comprometan también a la Geopolítica, la Geoeconomía y las Relaciones Internacionales.

Por el profesor Luis Fuensalida

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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