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Los silencios del papa Pío XII

En los últimos días, diversos medios han dado a conocer nuevos estudios acerca de la actitud adoptada por el papa Pío XII respecto del exterminio judío durante la Segunda Guerra Mundial, aportes que profundizan el debate sobre el tema.

Para comprender la importancia de la cuestión es necesario considerar previamente el alcance de la Iglesia Católica y su presencia en millones de seguidores. La Iglesia Católica es una institución con una estructura centralizada y jerárquica, en cuya cima se encuentra el Papa, quien es el Sumo Pontífice. Esta autoridad es quien gobierna desde el Vaticano a todos los católicos del mundo. Bajo su órbita, se encuentran las iglesias de las diferentes naciones con sus obispos y sacerdotes.

Esta puntualización es necesaria a fin de comprender la dimensión, el alcance de las palabras y de las decisiones que adopta el Papa. La institución católica llega a todos los confines del globo terráqueo; su prédica misionera y su Evangelio son conocidos en todos los rincones donde el hombre vive.

Hasta el presente, no se conoce ningún documento explícito por el cual el papa Pío XII haya condenado los actos de barbarie del nazismo contra los judíos. El Sumo Pontífice sabía lo que sucedía con los hebreos, se tiene conocimiento de que ante innumerables pedidos por parte de católicos, gobernantes y de las propias víctimas, sobre la necesidad de esclarecer ante el mundo el drama de los judíos, el Vaticano permaneció en silencio. Los motivos por los cuales adoptó esta actitud no son claros y existen diversas interpretaciones, pero no hay duda alguna de que la Santa Sede, por sus embajadas y consulados, tenía una real dimensión de lo que sucedía con los judíos en cada país.

El papa Pío XII es visto por los historiadores de una manera controversial: Quienes lo defienden sostienen que el Papa en verdad fue un enemigo de Hitler, que se oponía al Tercer Reich por ser un “Estado idólatra” y objetaba la eugenesia del “racismo cientificista” nazi; respecto de los judíos, se lo defiende alegando que trató de salvar a cuantos judíos pudo, que fue un hombre piadoso que le tocó actuar en circunstancias trágicas. Sin ninguna prueba argumentan que el Papa eligió no hacer más por los judíos para no poner en peligro a los católicos de las iglesias nacionales.

Quienes lo critican señalan que Pío XII guardó silencio por estar identificado con el nazismo en su lucha contra el comunismo, al cual consideraba como un apocalipsis, desde los tiempos en que fungió como nuncio apostólico en Baviera. Según esta postura, el Papa sí tenía conocimiento sobre los asesinatos masivos: Los crímenes de los Einsatzgruppen, del funcionamiento de las cámaras de gas y sus crematorios, de las persecuciones y los asesinatos de judíos que se llevaban a cabo en países de profunda fe católica, como: Polonia, Rumania, los países bálticos, Francia, Eslovaquia, y Croacia. Optó por la mal entendida “neutralidad”, o bajo la excusa de evitar un “mal mayor”.

Tampoco el Vicario de Cristo realizó llamados a sus feligreses a no colaborar con los alemanes en los crímenes, tenía la autoridad y el poder para hacerlo. No sancionó ni excomulgó de la iglesia a los curas antisemitas que colaboraron estrechamente en la matanza de judíos, como en el caso de Eslovaquia, donde Vojtech Tuka, un católico ferviente, colaboró con Eichmann, junto a Monseñor Josef Tiso, en enviar veinte mil judíos a la muerte, o los “ustashas” en Croacia, donde el obispo A. V. Stepinac alentaba las deportaciones, y el clérigo Miroslav Filipovic-Majstorovic, apodado “El Hermano Satán”, dirigía el campo de exterminio más importante en aquel país.

El Papa nunca mencionó por sus nombres a los perpetradores, nunca nombró a los judíos como las víctimas, ni nunca nombró explícitamente los asesinatos en masa.
Sólo un pequeño número de sacerdotes y monjas, en su mayoría a título personal, reaccionaron ante los ultrajes y los crímenes, hicieron escuchar su voz y actuaron ante el desafío, con el riesgo de perder sus vidas. Estos prelados utilizaron iglesias, monasterios, o escuelas religiosas, para ocultar a miles de judíos, en su mayoría niños, y hasta les confeccionaron actas de bautismo cristiano para salvarlos de la persecución. Hubo clérigos que incluso llegaron a ocultar judíos en el mismo Vaticano, sin que el Papa lo alentara.

Si bien tanto el Papa como la Santa Sede no hicieron uso de todos los medios que disponían para evitar los crímenes o denunciar las atrocidades, sí en cambio, en la posguerra, permitieron que el obispo Alois Hudal o Luigi Hudal, amigo y confidente del papa Pío XII, se hiciera famoso por diseñar las “líneas de fuga” que permitieron a importantes jerarcas nazis escapar de los juicios que se llevaban a cabo en Europa. Todos en el Vaticano conocían su labor, él junto con otras personalidades de la Curia romana, ayudó a huir a importantes criminales de guerra, entre los más renombrados figuran: Adolf Eichmann, Franz Stangel, Erich Priebke, Walter Rauff, Klaus Barbie, Ante Pavelic y Josef Mengele,

Con el paso del tiempo la controversia no tiende a aclararse; cíclicamente aparecen investigaciones, tanto a favor o en contra. Pío XII continuó con su reinado papal durante trece años después de concluida la guerra y durante este período nunca condenó explícitamente la Shoá ni se le conocen declaraciones contra el antisemitismo; él regía el Vaticano cuando el Estado pontificio se negó a reconocer y a admitir el establecimiento del Estado de Israel.

Por el profesor Yehuda Krell

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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