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Convulsiones mediterráneas

La llamada “primavera árabe” del 2011 dejó, tras de sí, una cadena de pesadillas árabes, con guerras civiles aún continúan en Siria, Yemen y Libia. La caída del dictador Muammar al Gaddafi dejó a Libia con un enorme vacío de poder que todavía sigue sin ser resuelto, ni militar ni políticamente.

En esta semana, el mariscal Jalifa Haftar, del denominado Ejército de Liberación Nacional que tiene su sede en Tobruk, al este de Libia, declaró que tomaba el control del gobierno, aun cuando semanas atrás fracasó en su intento de ocupar Trípoli, la capital, en donde se encuentra el Gobierno de Unidad Nacional presidido por Fayaz al-Sarraj. Por un lado, el general Haftar cuenta con el reconocimiento y respaldo de Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y Rusia; en tanto que el Gobierno de Unidad Nacional con el reconocimiento de la ONU, Estados Unidos y Turquía.

Estos actores políticos, a pesar de todas las instancias de mediación ofrecidas por actores externos, no han logrado una solución diplomática a este conflicto que se eterniza. Esta circunstancia refuerza la actividad terrorista de las organizaciones jihadistas que operan en el sur de Libia, una frontera porosa e imaginaria, por la que ingresan los migrantes procedentes de la región del Sahel, que terminan siendo esclavizados. En Libia actúan las versiones locales del Estado Islámico y de Al Qaeda, como Ansar al Sharia y AQIM (Al Qaeda del Magreb Islámico) y que, en un contexto de guerra, empobrecimiento, pandemia y desplome del precio del petróleo –principal fuente de ingreso del país-, pueden reclutar nuevos miembros atraídos por la falsa seguridad del extremismo religioso.
Al igual que en Siria, hallamos a Rusia y Turquía respaldando a actores opuestos en Libia, con la diferencia de que para el gobierno de Erdogan este es un territorio alejado de su país. Para Rusia, se trata de la continuidad de una visión geopolítica de larga data en el tiempo, ya desde el imperio zarista y la posterior Unión Soviética, de tener presencia activa en el mar Mediterráneo. Así, el Mediterráneo, aguas que han visto combates desde que tenemos registros históricos, sigue en disputa con sus convulsiones, generando tensiones en Asia, Europa y África.

Por Ricardo Lopez Gottig

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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