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Iom Haatzmaut, el día que Israel se hizo realidad

En vísperas del festejo del septuagésimo segundo aniversario de la creación del Estado de Israel, resulta revelador evocar el Día que Israel se hizo realidad.
Desde el inicio del año 1948, el yshuv, la comunidad judía en tiempos del Mandato Británico en Palestina, estaba preparado para convertirse en un Estado independiente. No sólo por la Declaración de la ONU de 1947, sino ya funcionaba como tal, la mayoría de los servicios esenciales, como: educación, bienestar social, salud, desarrollo industrial, y demás instrumentos necesarios, se desempeñaban de tal manera que hacían factible una vida soberana.
Ante el anuncio británico de su partida del país a las 0.00 hs. del día 15 de mayo de 1948, urgía declarar la independencia previa a dicha retirada. A partir del día 12 de mayo, se iniciaron tres frenéticas jornadas para alcanzar dicho objetivo, ese día, en una reunión de Minhelet HaAm, el gabinete de la Administración del Pueblo, dio inicio el tratamiento sobre la resolución de declarar la independencia o postergar tal decisión.
Fue una maratónica y tensa reunión que comenzó a las 13,45 hs. y duró hasta pasada la media noche. Moshé Sharet, el futuro Ministro de Relaciones Exteriores, quien había regresado de Nueva York, trajo una propuesta que le había acercado el Secretario de Estado americano, George Marshall, en la que le advertía que los políticos judíos no deberían confiarse por los primeros éxitos militares obtenidos en la guerra civil, y sugería no tomar con liviandad el acto de fundar el Estado bajo la amenaza de una invasión de los ejércitos de los países árabes vecinos. Por lo tanto, sugería declarar un alto el fuego y postergar la independencia para más adelante.
Una de las cuestiones a tratar en la reunión era la factibilidad de los grupos militares judíos en contener una invasión de los ejércitos árabes. La opinión de los líderes militares era que existía un 50% de posibilidades en expulsar a los invasores y ganar la guerra; la incertidumbre principal radicaba en el cansancio que se notaba en las diferentes unidades judías por la extenuante acción de los últimos meses.
La amenaza de una invasión era real, el 30 de abril los países árabes habían acordado invadir al nuevo Estado en caso de fundarse. El futuro jefe de la resistencia palestina, Ahmed Shukeiri, afirmó que la invasión tenía como objetivo la eliminación del Estado hebreo. Para peor, Golda Meir había informado que el rey Abdullah de Jordania le confesó que tenía que dar marcha atrás con su promesa de no unirse a un ataque militar de los países árabes si los judíos proclamaban su Estado.
Los informes abrieron el interrogante central: ¿declarar la independencia o postergarla?
Hay diferentes versiones sobre el desarrollo de la reunión, existía un disenso entre las palomas, quienes querían postergar la decisión y los duros quienes urgían enfáticamente la creación del Estado. Fue el futuro Primer Ministro David Ben Gurión quien inclinó la balanza a favor del establecimiento inmediato de un nuevo Estado, sostenía que había que lograrlo de manera urgente, incluso sino alcanzaba a todo el territorio.

El día viernes, 5 de Iyar de 5708, 14 de mayo de 1948, a las 16 hs., en vísperas de Shabat, frente a las puertas del Museo de Arte de Tel Aviv, ubicado en el Boulevard Rothschild, se agolpó una pequeña multitud para seguir de cerca el acto de la Declaración de la Independencia. Al arribar al lugar, en un auto negro, el líder David B. Gurión ingresó raudamente al edificio, saludando con entusiasmo, a su paso, a la gente agolpada.

En el interior, en un modesto salón, ante la presencia de unas 350 personas, se llevó a cabo una emotiva ceremonia organizada con mucha prisa y sin ninguna fastuosidad. Bajo el retrato de Theodor Herzl, fundador del sionismo, flanqueado por dos largas banderas blanquiazules con la estrella de David, el acto comenzó. Se hallaban presentes autoridades judías, alcaldes, líderes políticos y religiosos, intelectuales y periodistas, quienes pudieron llegar a Tel Aviv, ya que Jerusalén se encontraba sitiada por las tropas de la Legión Árabe.
La histórica declaración fue leída por Ben Gurión, quien con emoción y energía decía: En Eretz Israel nació el pueblo judío. Aquí forjó su personalidad espiritual, religiosa y nacional. Aquí ha vivido como pueblo libre y soberano; aquí ha creado una cultura con valores nacionales y universales. A continuación, el documento enumera una lista de reivindicaciones históricas del pueblo de Israel: el largo exilio, la creación del moderno yshuv, la acción del sionismo, la Declaración Balfour, la terrible Shoá y el voto favorable otorgado por la ONU.
El documento concluía con el compromiso que el nuevo Estado estará basado en los principios de libertad, justicia y paz, abierto a la inmigración de todos los judíos del mundo, garantizando la igualdad de derechos y libertades para todos sus ciudadanos, sin distinción. Se solicitaba también ser admitido como miembro en la ONU e invitaba a los vecinos árabes a convivir en paz y buena vecindad, con ayuda y cooperación mutua, proclamando que el Estado judío llevará el nombre de Medinat Israel (Estado de Israel). Tras la lectura de la Declaraciòn, el rabino Ytzjak Levin bendijo el momento con un shehejeyanu, v’kiyimanu, v’higuiyanu la’zman ha’ze, y se entonó el himno nacional Hatikva.
Al cierre declaró Ben Gurion: Queda constituido el Estado de Israel. La sesión ha terminado. En total la ceremonia duró 32 minutos, un pequeño grupo de gigantes estadistas, quienes entendían la urgencia del presente y tenían la visión de un futuro, habían logrado un fait accumpli, un hecho consumado: el Estado Judío había nacido, abría sus puertas a la libertad, al arribo masivo de los judíos sobrevivientes de la Shoá y de los judíos desarraigados y desposeídos del norte de África y del Medio Oriente. Israel se hizo realidad, el pueblo hebreo volvía a tener un hogar y ser una nación entre naciones.

Por el profesor Yehuda Krell

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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