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“Si tenemos políticos que nos mintieron durante años, hay menos razones para confiar en ellos en esta emergencia”

“El mayor peligro no es el virus en sí. La humanidad tiene todo el conocimiento científico y las herramientas tecnológicas para superarlo”, dijo sobre la pandemia de coronavirus Yuval Harari en una entrevista con Deutsche Welle. “El problema realmente grande son nuestros propios demonios internos, nuestro propio odio, codicia e ignorancia. Da temor ver que la gente no está reaccionando con solidaridad mundial ante esta crisis, sino con odio”.

El riesgo autoritario

El autor de “De animales a dioses”, “Homo Deus” y “21 lecciones sobre el siglo XXI” espera en cambio que las sociedades sepan desarrollar la “compasión” para ayudar a los más necesitados y la “capacidad para reconocer la verdad” en vez de creer en teorías conspirativas, una de las causas del odio. Harari reiteró con énfasis su alerta sobre el riesgo autoritario y pidió vigilar a los gobiernos. “Si un gobierno puede crear un sistema de vigilancia para ver dónde vamos, debería ser fácil crear un sistema que muestre lo que está haciendo con el dinero de nuestros impuestos”, señaló

Consultado acerca de la opción entre “vigilancia” y “empoderamiento ciudadano”, Harari respondió que la cuestión no está fuera del control de la ciudadanía en la medida que se trate de gobiernos democráticamente elegidos y que respondan a la presión pública. En cambio, dijo, “Si la gente está aterrorizada por la epidemia y quiere un líder fuerte que tome el control, entonces es mucho más fácil para un dictador hacer exactamente eso. Si, al contrario, el político recibe el rechazo de la ciudadanía cuando este llega demasiado lejos, entonces se pueden evitar giros peligrosos”.

En quién confiar

Una cuestión clave de momentos como el actual es en quién confiar. Al respecto, Harari aconseja basarse en la experiencia. “Si tenemos políticos que nos han estado mintiendo durante años, tenemos menos razones para confiar en ellos en la emergencia. Segundo, podemos hacer preguntas sobre las teorías que la gente está repitiendo. Si a alguien se le ocurre una teoría conspirativa sobre el origen y la propagación del coronavirus, hay que pedirle que explique qué es un virus y cómo causa la enfermedad. Si la persona no tiene ninguna idea, significa que no tiene ningún conocimiento científico básico. No se necesita un doctorado en biología”.

Allí reiteró también su crítica al populismo supuestamente antielitista. “En los últimos años, hemos visto a varios políticos populistas atacar la ciencia, diciendo que los científicos son una élite remota desconectada de la gente, diciendo que cosas como el cambio climático son solo un engaño. A esos no les deberíamos creer. Pero en este momento de crisis en todo el mundo, vemos que la gente confía en la ciencia más que en cualquier otra cosa”, enfatizó.

Vigilar al vigilante

Sobre los sistemas de vigilancia a los ciudadanos, por razones de seguimiento epidemiológico, Harari planteó un sistema de control recíproco. “Cada vez que se aumente la vigilancia a los ciudadanos, se debería ir a la par con una mayor vigilancia al gobierno”, señaló. Como ejemplo, dijo que en la crisis los gobiernos están gastando mucho en paquetes de ayuda y planteó una contracara. “Como ciudadano, quiero saber quién toma las decisiones y a dónde va el dinero: ¿se está utilizando el dinero para rescatar a grandes empresas que estaban ya en problemas antes de la epidemia o se está usando para ayudar a los pequeños negocios, restaurantes o tiendas? Si un gobierno está tan ansioso por tener más vigilancia, la vigilancia debe ir en ambos sentidos”, señaló. “De la misma manera que los gobiernos pueden crear un enorme sistema de vigilancia para ver a dónde vamos cada día, debería ser tan fácil crear un sistema que muestre lo que se está haciendo con el dinero de nuestros impuestos”.

Robotización y desempleo

Otra observación del autor israelí fue que la actual crisis está acentuando “el peligro de una clase sin ocupación”. Con la gente encerrada en sus casas, notó, se acelera el uso de robots lo que a su vez puede derivar en una suerte de “desglobalización”, en la medida que ciertas industrias retornen a sus países (ricos) de origen. “Esta crisis está causando tremendos cambios en el mercado laboral. La gente trabaja desde casa, trabaja en línea. Si no tenemos cuidado, podría resultar en el colapso del trabajo organizado, al menos en algunos sectores de la industria”.

Harari cree que los futuros historiadores verán el actual momento como “un punto de inflexión”, con un rumbo posterior aún indefinido. “Qué camino tomemos depende de nuestras decisiones. No es inevitable”, concluyó.

Con información de Deutsche Welle e Infobae

3 Comments

  • Ernan
    Ernan

    Estamos llevados con tanta corrupción no sabemos para donde coger, hojala que el pueblo colombiano despertemos, y no elijamos los que imponga la oligarquía, y que el pueblo saque estos ladrones de alcantarilla, no mas trampa en Colombia con estos políticos solo quieren sembrarse en el poder.

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    • Ernan
      Ernan

      Estamos llevados con tanta corrupción no sabemos para donde coger, hojala que el pueblo colombiano despertemos, y no elijamos los que imponga la oligarquía, y que el pueblo saque estos ladrones de alcantarilla, no mas trampa en Colombia con estos políticos solo quieren sembrarse en el poder.

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  • Aaron

    Brillante el razonamiento de Yuval Harari. Si a la salida de esta pandemia no se produce un giro de 180° en la conducta de los políticos, y muy especialmente en países Centro y Sudamericanos, el destino es oscuro y preocupante. En Argentina, con pocas interrupciones, estamos soportando gobiernos populistas y corruptos, desde hace 75 años, insólitamente con el voto de los más perjudicados. Con el agravamiento de las condiciones económicas por el cierre de fábricas y comercios, la única solución es la baja del gasto público improductivo en altísimos sueldos y destinar el ahorro en la promoción de la apertura de pequeños emprendimientos, para darle sustento genuino a la gente y no más prebendas como subsidios repartidos por punteros políticos y sin control, dilapidando recursos públicos.

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