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Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

" Piensa bien y estará bien "   

La sociedad del espectáculo

Los seres humanos en su gran mayoría a lo largo de la historia hemos preferido nadar en la superficie de las ideas y las conductas.
A lo sumo, con gran esmero, alguno que otro,más evidente en los grandes movimientos de masas, logramos proyectar nuestro lado oscuro en los de la vereda de en frente, para de esta manera tener la falsa ilusión de estar dominando las sombras que nos habitan y en la falaz idea de estar avanzando sobre la barbarie, mientras ella, no hace otra cosa que camuflarse y seguir vigente.
Nadie, ni individuo ni sociedad, puede arribar muy lejos en el camino de la evolución, si no mira de frente a sus propios demonios.
En los tiempos que corren, la personas permanecemos ciegas para detectar en la mayoría de nuestros líderes, de toda índole, religiosos, políticos, sociales, artísticos, el comercio que nos ofrecen al vendernos impunemente espantapájaros, fabricados con el objetivo de sembrar solapadamente el huevo de la serpiente.
Lo depositan en nuestras costumbres, en nuestras ideas y lo justifican en aras del avance y la protección.
Tenemos “influencers”, extraños personajes de la escena que con sus imágenes y comportamientos penetran en la vida de las personas sin demasiado cuestionamiento sobre qué es lo que nos dan a cambio.
Son actores que ni buenos ni malos, ni santos ni diablos se pasean en nuestras redes sociales camuflados de lo nuevo.
Por supuesto, mucho le cuesta al gran publico no caer en razonamientos maniqueos.
Mismo desde los campos del saber se alimenta ese mecanismo.
Así tenemos, neurociencias versus psicoanalisis, religión versus economía, etc
Todo va alimentando el caldo de cultivo que dejan al descubierto los desiertos emocionales que nos gobiernan.
En medio de este contexto de realidad, el pretexto se torna justificado al tomar decisiones sobre la vida de los sujetos, cada vez más sujetos, medidas reaccionarias que proclaman tras el pañuelo blanco de la salud del cuerpo el dominio de las almas.
Parece válido desde este lugar dejarse dirigir.
De hecho, si no lo hiciéramos, en gran medida la sociedad humana no sería posible.
El interrogante es hasta dónde y de qué forma.
Las ideas de grandes conspiraciones mundiales y cercanas se comienzan a levantar sobre el horizonte de escenario actual.
Una vez más el hombre cotidiano queda a merced de la sobre información que lo confunde y paradójicamente dice ser es “lo que ayuda a pensar”.
Precariedad humana. Vulnerabilidad que se viste de saber y se alimenta del narcisismo siempre presto a brindar su corona sobre los pobres infelices individuos.
En medio de todo esto, un abanico de conductas y pensamientos. Ideas revisionistas y transformadoras del nuevo siglo.
Personajes mesiánicos y apocalípticos que prometen el nacimiento de un nuevo hombre. Un nuevo mundo tan ajeno e irreal, un orden de felicidad que nos lo daría la limpieza natural que viene desde afuera en la cual poco tiene de compromiso la persona en sí y que a mi entender dará un modelo de moda que como todo aquello que es tendencia durará a nivel macro no mucho más allá de una temporada en la historia de la humanidad. A confesión de partes, considero que nunca llegará tan siquiera a imponerse. Algo así como esos vestidos de pasarela que allí se los ve fabulosos y espléndidos, pero que sólo son ultiles por poco tiempo y sobre la alfombra roja. Fuera de ese lugar, se tornan extraños, ajenos.
Lo cierto es que todo cambio significativo implica una toma de conciencia que aún hoy está muy lejos de manifestarse.
Los procesos humanos llevan más tiempo de lo que quisiéramos y a veces de lo que necesitamos.
Y a todo esto el río permanece revuelto, ahora más que nunca, pescadores y perversos, los segundos disfrazados de mesías salvadores obtendrán su mejor trofeo a saber: el dominio sobre sectores del campo social, económico e individual.
Nuestras instituciones democráticas desgastadas a patadas de burro y comidas por sus propios actores dejan a la sociedad a merced del juego mediático de ideas pre-digeridas, per-aplaudidas, pre-meditadas que dan el resultado de una obra de pacotillas y un estado reduccionista de la realidad. Comida rápida.
No hay virus mayor para una democracia que la falta de confianza en sí misma, o peor aún correr tras una imagen de -“salvador del mundo”.
Una sociedad hambrienta de emociones colectivas cae fácilmente en un reality, un espectáculo fastuoso, un circo romano, un popurrí hedonista y vacío, plagado de fantoches que nos dicen cómo y qué debemos pensar y hacer.
Y así como aquellos emperadores que a su paso se hacian clamar victoriosos, magnánimos y todo poderosos, muchos líderes de todas las áreas se visten elegantemente para la gran masa que clama por ellos.
Síntoma permanente de nuestra civilización.
Tendemos a caer fácilmente en la cosificación de la conciencia. Otro decide por nosotros cada vez más. Nos sentimos aliviados aunque nos quejemos porque la responsabilidad y su ineludible lazo no nos alcanza. “Somos libres en nuestras cárceles”!!!
No es que aplauda la desobediencia, muy lejos de ello, aplaudo y celebro la reconquista del pensamiento crítico, la capacidad de elucidar ideas, traer luz y cuestionamiento que nos alejen del oscurantismo medieval y el discurso hegemónico y dogmático que conlleva el control de las vidas y por ende de los cuerpos del género humano.
Debemos estar atentos a no transformarnos en fetichistas de la enfermedad que se cuela en lo cotidiano, en lo sexual, en lo humano todo en un pretendido orden de salud. Me basta poder cuestionarlo. Y al hacerlo tal vez, acatarlo. Nunca no examinarlo.
Es muy probable en los tiempos que corren caer en clichés anacrónicos, carentes de imaginación y de fundamentos. Hay que estar despiertos.
Para concluir, cierro con las palabras de la profesora de historia de la Universidad de Paris, Elizabeth Roudinesco: “Si el valor de la reflexión intelectual y filosófica de una sociedad tuviera que medirse por la altura de los conceptos que construye y los comentarios críticos de las obras que la precedieron, seria legítimo inquietarnos por la degradación intelectual de la nuestra” (¿Por qué tanto odio? Edición en Español E.R. 2011, Bs As)

Licenciado en psicología Rodrigo Reynoso @reynosorodrigo

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