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Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

" Piensa bien y estará bien "   

Aprendizajes al cabo de una semana de encierro

Estar encerrado en casa con mi esposa como adultos mayores vulnerables, rodeados de seis familiares y dos trabajadoras “residentes temporales en casa” incluyendo una nieta de 8 meses que requiere continua atención, con cada adulto trabajando a distancia y atendiendo las necesidades de alimentación y limpieza de la casa, ha creado una dinámica de vida de la que emergen una serie de experiencias, aprendizajes y reflexiones. No tenemos escolares en casa, pero por mi rol estoy conectado diariamente con decenas de profesores y cientos de padres que tienen a su cargo la educación de sus hijos, que son nuestros estudiantes en el colegio Áleph. A la vez a distancia también estamos conectados con nuestros hijos y nuestros nietos en el extranjero, que tienen edad escolar pero tampoco asisten a clases por la situación global que vivimos. Lo primero que hay que reconocer es cuán vulnerables somos al cambio de contexto y reglas de vida. Basta estar encerrados en casa una semana para que surjan una cantidad de sentimientos encontrados que tienen que equilibrarse para continuar viviendo bajo las nuevas condiciones.

En lo personal además, habiendo sido hasta hoy una persona muy saludables y activa a mis 68 años me han dicho que soy vulnerable y debo quedarme en casa. Nunca me vi así en el espejo, pero debo aceptarlo y lidiar con eso en mi autoimagen.

Detecto en cada miembro del hogar, mis colegas a distancia, los padres de familia y alumnos, e incluso en los comentaristas de mis columnas en las redes una mezcla de desconcierto, miedo, cólera, tristeza, de sentirse impotentes e indefensos, desesperanzados, pero también cómo eso se va equilibrando en la medida que uno logra una conexión con sus familiares y amigos con los que se comparte experiencias y angustias, y con colegas con los que trabajamos a distancia. Los sostenedores del hogar y en particular los padres de familia con hijos estudiantes a su lado experimentan aprendizajes prácticos: cómo se hace para administrar un hogar así, manejar la economía, administrar los espacios de la casa, dormitorios, baños, cocina, sala; cuidar el silencio a la hora que algunos duermen; administrar la disponibilidad de computadoras e internet. Tener espacios de recreación conjunta, ver TV, hacer ejercicios, tocar instrumentos musicales, hacer trabajos manuales, pero también tener espacios diferenciados para la lectura o el trabajo escolar. Para las familias cuyos hijos estuvieron asimiladas a la educación a distancia desde sus colegios también esta semana les debe haber enseñado muchas cosas.

Creo que muchos padres luego de esta semana estarán revaluando el esforzado trabajo de los profesores, no solo para preparar sus clases, sino para hacerse cargo diariamente de 20, 30 o 40 niños como sus hijos, con el fin de acogerlos, acompañarlos y crear condiciones para que aprendan aquello que está normado por el currículo nacional, sin descuidar su bienestar emocional. Es probable que en estas conexiones a distancia muchos hayan podido percibir el enorme esfuerzo que ponen los profesores por estar cerca de sus estudiantes y a la par aconsejar a los padres, que muchas veces pierden la paciencia o montan en cólera porque no entienden las consignas escolares, o porque no pueden acompañar a sus hijos, o porque temen que si sus hijos no cumplen lo establecido estarán en falta. Quizá esto los lleve a valorar también el sentido que tienen las vacaciones, como ese espacio que abre una pausa para distenderse, tanto para los estudiantes como los profesores, y cómo es que hay que cambiar el concepto cuantitativo de “número de clases perdidas que deben recuperarse” por el de aprendizajes valiosos intercalados con los necesarios espacios de descanso. Como si todo este período de no asistencia a clases no hubiera implicado un sinfín de aprendizajes en todo orden de cosas. Algo más.

Espero que al cabo de las semanas los padres descubran dos cosas: una, que la educación a distancia, sea por correo físico o electrónico, plataformas o aulas virtuales o chateo digital no equivale a reemplazar tal cual las clases presenciales escolares, cambiando solamente que al profesor lo verán por una pantalla e interactuarán con él con algún chateo a lo largo de 6 ó 7 horas de clases frontales. El trabajo a distancia supone una interacción distinta, una presencia del profesor más limitada para conversar con los alumnos y darles algunas consignas, y luego espacios de trabajo autónomo para el cuál ellos escogen el mejor momento, tomando en cuenta además que tienen que compartir la pantalla e internet con padres y hermanos.

La otra lección está en entender que esa es la manera de aprender que necesitarán para el futuro, porque serán aprendices de por vida, y el enorme valor que tiene para ello la autonomía, autoregulación, autoaprendizaje, el trabajo colaborativo y la adaptación a lo imprevisto. Los profesores deben diseñar sus clases para fomentar la autonomía de los estudiantes, el uso creativo de su tiempo para indagar, investigar, procesar, compartir proponer soluciones a problemas del corto plazo, de la vida real, en vez de estar pegados a los rígidos textos escolares que por definición fueron hechos en el pasado sin tomar en cuenta las experiencias presentes. Es de eso que deben conversar con sus profesores cuando se encuentran en el horario de conexión. Y eso es algo que los padres deben valorar, más que reclamar que el número de horas que estuvieron conectados no equivale a las que hubieran tenido si hubieran asistido al colegio.

Sus hijos están aprendiendo a lidiar con lo imprevisto, lo no programado, con la angustia, con las preguntas sin respuesta sobre el porqué de las cosas y lo que luego vendrá, y con los sentimientos múltiples del confinamiento en el hogar mencionados al inicio que podrían paralizarlos o deprimirlos y que se pueden balancear con el aliento de sus padres y su propio deseo por aprender aquello que les sugieren los profesores. En estos días hay algunas cosas muy valiosas que estamos descubriendo. Vivimos esa sensación de pertenencia a una comunidad en la que unos se preocupan por otros, nos volvemos creativos, nos acercamos a los nuestros, desarrollamos empatía por quienes sufren más y tienen menos opciones, nos reímos de las ocurrencias de los más ingeniosos y vamos construyendo una visión optimista de lo que vendrá luego de culminar este confinamiento.

Los peruanos estamos aprendiendo a confiar en nuestras autoridades, que es algo no muy fácil para una sociedad tan acostumbrada a asumir que todos son unos sinvergüenzas y corruptos a los que solo les interesa su beneficio personal. Sea por resignación o aprecio genuino, acotamos nuestra crítica, la reservamos para más adelante, y nos sometemos por ahora a sus mandatos con la esperanza de que su liderazgo y el esfuerzo colectivo de nuestra comunidad nos permitirá salir delante de esta crisis que de ese modo se habrá convertido en un ascenso hacia vivir en un Perú mejor.

Confío que así será. Les deseo una buena semana.

 

Sobre Trahtemberg

Educador y Líder Pedagógico del innovador Colegio Áleph de Lima, Perú,
• Egresado de Ingeniería Mecánica, Administración de la Educación y Magíster en Educación de la Universidad Hebrea de Jerusalem.
• Es miembro del Consejo Nacional de Educación desde su creación en el año 2001 hasta el 2020.
• Conferencista, autor de 20 libros sobre la comunidad judía del Perú y sobre la educación peruana, es el principal líder de opinión en educación en el Perú con fuerte presencia en medios y redes sociales

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