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Entre la guerra del petróleo y el COVID19, una económica global en crisis

Como nos explicaba mi querido profesor de Comercio Internacional, el Hombre es el sujeto de la Economía y las Políticas Económicas, y sea en forma individual o colectiva, sea de manera particular o pública, es el protagonista principal de toda actividad humana.

Y en el campo de lo económico, a grandes rasgos, esa actividad se desenvuelve a través de la Producción, la Distribución , el Consumo y la Inversión o Ahorro.

Cuando un factor afecta al Hombre, tanto en forma directa, como es en la actualidad la pandemia del COVID19, por carácter transitivo, afecta al circuito económico señalado, pero también, en el marco de la puja por el Poder Mundial, las Políticas Económicas implementadas por los Estados, también pueden afectar ese circuito, causando crisis cuyos alcances podrían modificar los estándares económicos y financieros que conocemos.

La puja por el precio del petróleo en el seno de la OPEP, particularmente entre, Rusia y Arabia Saudita, ha producido una caída del barril a u$s.30 ocasionando un verdadero sunami, tanto en el mercado del hidrocarburo como en las principales bolsas del mundo, algo que no sucedía desde 1991, en ocasión de la Guerra del Golfo, y esto sumado a la crisis provocada por el COVID19.

El lunes pasado fue bautizado como el Lunes Negro, pues los mercados de acciones de los principales centros financieros, sufrieron una caída no experimentada desde la crisis financiera del 2008, Londres 7.7%, París 8.3%, Frankfurt y Madrid 7.9%, Nueva York 7.5% y la más afectada Milán 11.1%, y ni hablar de las bolsas en América Latina, cuya caída fue abrupta.

Ahora bien, en el 2014 se produjo una caída del precio del petróleo, que llevó dos años después, 2016, al 1er. productor mundial, Arabia Saudita y a otros miembros de la OPEP, entre los que también esta Rusia, a realizar recortes en la producción para recuperar los precios, sin embargo, esta estrategia que funcionó más de tres años, la semana pasada se resquebrajó cuando Moscú decidió unilateralmente no aceptar nuevos recortes, con un claro mensaje, cada productor debe velar por sus propios intereses tal como lo expresó el ministro ruso de Energía Alexander Novak.

¿Porqué Rusia ha roto el acuerdo?, una razón sería, que dejó caer el precio del barril para debilitar a los productores estadounidenses que tienen costos de producción más elevados y aumentar su vulnerabilidad a medida que el precio cae, a lo que se podría agregar a favor de la visión rusa, es que Rusia posee un fondo soberano de mas de u$s.170.000 millones, producto de sus ganancias petroleras en los últimos años, que le dan un sustento para afrontar una guerra de precios, al menos en un corto y hasta mediano plazo, y en esta situación uno de los primeros damnificados es Arabia Saudita, cuya empresa ARAMCO, sufrió una caída del valor de sus acciones de un 9% el pasado lunes, al igual que la Bolsa de Valores de Riad, que cayó un 8%.

Una guerra por el precio del crudo entre Rusia y el Reino Saudita, y la sobre oferta sumada al shock negativo de la demanda por efecto de la pandemia del COVID19, podría causar un colapso de grandes dimensiones en el precio del petróleo, y hasta se podría pensar en el fin del sistema petrodólar.

Desde la década de los años 70, el Dólar ha sido convencionalmente tomado como unidad contable y moneda de reserva mundial, a partir de entonces Washington decidió dejar el respaldo del patrón oro de su divisa, y el petrodólar fue la base de un nuevo sistema, pues los EE.UU. no podía ya afrontar a sus acreedores en base al patrón oro, sin embargo, como tanto el petróleo como las demás materias primas se valoran en Dólares, Washington obtiene sus ganancias en las transacciones que se realizan a nivel global.

En este escenario, podría surgir una nueva moneda que reemplace al Dólar, pero respaldada por Oro o el Petróleo, algo que si tiene Rusia y que sería su movida en esta partida geopolítica y geoeconómica, y que en el caso que EE.UU. buscara revertir esta situación aumentando la impresión de su moneda, el valor del Dólar caería en los mercados y revalorizaría el precio del Oro, y en ese escenario, Rusia posee una importante cantidad de reservas en el mercado de divisas, sumada a una reserva impresionante de oro y otros recursos, además, no olvidemos que Arabia Saudita depende casi exclusivamente de la exportación del petróleo, el 83% de sus ingresos, mientras que para Rusia representa el 53% de sus exportaciones, las cuales están más diversificadas, y en el caso de los EE.UU., esto podría afectar gravemente a los productores de esquisto, sin olvidar que muchas empresas estadounidenses del sector están altamente endeudadas.

Pero, los efectos de esta guerra del precio del petróleo también afectaría a otros países, por ejemplo en el caso de Irán, que acusaría un fuerte golpe que se suma a las sanciones económicas y a las consecuencias del COVID19, algo similar sucede con Venezuela, también en el caso de Méjico, y las economías de Brasil, Ecuador, Nigeria y Angola, sufrirían un fuerte shock negativo si esta guerra por el precio del petróleo se extiende y se agudiza la crisis por la pandemia.

Y la situación a nivel global producida por el Coronavirus, va a sumar un agravamiento en la economía y las finanzas, es decir, hay una relación entre la crisis sanitaria y la crisis económica financiera, pues, el COVID19 produce lo que se llama un Shock de Oferta, es decir, una paralización de la producción por aplicación de restricciones en las actividades económicas, impidiendo o ralentizando la producción y distribución de bienes para minimizar los riesgos de contagio, en una palabra, hay una paralización de la economía, el ejemplo más elocuente fue lo ocurrido en China, y ahora en países de la U.E., donde se mantiene la actividad sólo en los sectores de medicamentos y alimentación, y esto tiene sus efectos negativos en los agentes económicos, como ser trabajadores y empresarios, que verán sensiblemente afectadas sus rentas, pero también esto produce un Shock de Demanda, pues al reducirse la renta de los agentes económicos y en un marco de incertidumbre de la duración de la crisis, buscarán atesorar liquidez recortando sus gastos y por lo tanto habrá una caída del consumo que afectará sensiblemente a los agentes de producción, es decir, al producirse tanto un Shock de Oferta como de Demanda, las economías se verán dañadas, las economías dejan de generar producción, dejan de generar ingresos, y esto se refleja a su vez en los mercados bursátiles.

Si los efectos del Shock de Oferta y de Demanda, son transitorios pues se pueda parar la pandemia y se reactivarían las economías, hay un tercer Shock, que es más grave, el Financiero o Crisis de Liquidez, pues si los agentes económicos recortan su Demanda para atesorar Liquidez para afrontar sus pagos, una vez que estos se vuelvan insolventes, los Acreedores no podrán cobrar, y entonces se puede dar que estos liquiden los activos del Deudor, desde viviendas, empresas, maquinarias etc., y sino, los Acreedores se descapitalicen al no poder cobrar, y el problema esta en que en general la Banca es el principal Acreedor, pero también el principal Deudor porque es un intermediario financiero, en palabras sencillas, si los Bancos no cobran no pueden a su vez afrontar sus deudas que son los Depósitos, por lo tanto, este tercer Shock nos enfrenta al peor escenario, donde las políticas fiscales o de estímulo o las monetarias expansivas son inútiles, pues todo comienza con la paralización de la actividad económica producido por el Shock de Oferta, a raíz del distanciamiento social para combatir a la pandemia, y sólo las políticas de estímulo pueden amortiguar limitadamente el Shock de Demanda.

El factor tiempo es fundamental, pues las políticas económicas a aplicar para afrontar la Crisis de Liquidez pueden ser efectivas en el corto plazo para minimizar los riesgos, por ejemplo la baja de Impuestos en forma temporal que no afectaría la liquidez de los agentes para afrontar sus gastos y obligaciones, otra medida podría ser que el Estado se hiciera cargo de la renta de los trabajadores que no puedan cumplir con sus labores que se financiaría aumentando el Déficit del Estado, y respecto a las Bancas se deberían aplicar políticas monetarias expansivas para no cortar las líneas de créditos y que los agentes puedan hacer frente a la baja o falta de liquidez, sería una moratoria hasta tanto los agentes estuvieran en condiciones de volver a obtener sus ingresos al reactivarse la producción, pero esto debe ser tomado como una excepción y no la mala costumbre de que el Estado sea omnipresente, pero estas políticas tienen sus limitaciones, pues por un tiempo pueden funcionar, si la situación se mantiene por un lapso prolongado, las economías de los países afectados por el COVID19, se verían cada vez más endeudados y sin poder reactivar la producción, por lo tanto serían más insolventes, sin olvidar que este escenario provocaría en esos Estados, una Inflación y un progresivo desabastecimiento de los mercados.

Es así, que si por un lado tenemos las caídas de las Bolsas por la Guerra del Precio del Petróleo y por otro la incertidumbre en ese mismo Mercado Bursátil por no saber el tiempo que afectará la Crisis del COVID19 a las economías, la situación económica y financiera a nivel global puede ocasionar un cambio profundo de los paradigmas y las relaciones internacionales tal como hasta hoy las conocemos y que afectarían sensiblemente el equilibrio del Poder Global.

Por el profesor Luis Fuensalida.
Reproducción autorizada citando la fuente.

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