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Estamos poco preparados ante el coronavirus por la educación que recibieron nuestras autoridades

La dificultad de las autoridades nacionales ,  buena parte de los funcionarios,  incluso de académicos de responder adecuadamente a los retos como el de la epidemia de coronavirus, (entre tantos otros que se repiten en nuestra sociedad) tiene que ver con el hecho de que en su infancia y aun en su vida universitaria han sido educados para pensar linealmente, por casilleros separados,  según disciplinas, con certezas y sin imprevistos o sorpresas, teniendo los profesores todo bien controlado: “si estudias el material según el libro o lo que dice el profesor y respondes según esas certezas en los exámenes, sacarás buenas notas en cada curso individual y con eso estarás preparado para la vida universitaria y profesional”.

Así, una enseñanza frontal, empeñada en que el alumno conozca la respuesta correcta para marcarla en un examen, en la que el conocimiento se separa por disciplinas que no interactúan entre sí, orientada a aprender de casos ya resueltos en el pasado, sin imaginar escenarios alternativos futuros, sin incorporar los hechos de la vida diaria como material de estudio, sin que el alumno piense críticamente, indague, plantee hipótesis y preguntas; sin aprender a proponer soluciones a los problemas de la sociedad, sin que la empatía juegue rol alguno al abordar los temas de estudio, con estudiantes y padres que tachan profesores si les toman en el examen algo que no enseñó en clase, o no esté en el libro, quedan indefensos ante lo imprevisto.

¿Qué hacen cuando tienen que enfrentar algo no visto antes? Se paralizan, desesperan, improvisan, se fijan en lo que hacen otros para copiarlos, toman medidas de coyuntura y corto plazo, hasta el próximo imprevisto. No hay liderazgo para anticipar, orientar y calmar. Las normas y presupuestos que aprueban son tardíos y están llenos de vacíos y dobles interpretaciones que desconciertan a la gente, y lo que es peor, no utilizan la experiencias pasadas para hacer transferencias, que es una de las funciones intelectuales más complejas e importantes en una mente educada: No usan la experiencia del cólera, SRAS, gripe aviar, influenza AH1N1, para prevenir las siguientes epidemias, así como ocurre con los huaycos, heladas, corriente del niño, etc. que cada año se repiten como si nunca antes los hubiéramos tenido.

¿Cuántas evidencias más necesitamos para darnos cuenta de que la educación tradicional, lineal, predecible, de respuesta única, segmentadora por disciplinas, en currículos desarticulados que no imaginan la realidad como interdisciplinaria, sin cultivar la empatía ni preocupación ciudadana por el bienestar común, que es propia de los siglos XIX-XX, YA ACABÓ?

Hagamos de esta experiencia un pivote para replantear qué educación requieren las nuevas generaciones para que tengan la plasticidad mental, entendimiento de mundo, empatía, adaptabilidad, iniciativa, así como la capacidad de anticipación y reacción pertinente ante los retos imprevisibles que nos planteará continuamente la vida en los tiempos actuales y venideros.

Por León Trahtemberg

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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