Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

Parashá Ki Tisá ¡Escuchá!

Moisés bajó de la montaña después de recibir los Diez Mandamientos de D’s y escuchó una gran cantidad de ruido que venía de entre el pueblo judío. Esto fue justo después de que los judíos construyeran el becerro de oro, así que Yehoshua, que estaba junto a Moisés, interpretó el ruido como gente gritando.

Pero Moisés dijo:
“No es un grito de fortaleza, ni un grito de debilidad; un sonido de aflicción es lo que escucho”. (Éxodo, 32:18)

Cuando Moshé escuchó la conmoción fue capaz de determinar de inmediato que el ruido provenía de personas afligidas. ¿Cómo fue capaz Moshé de asignar un significado específico a los gritos y de saber con certeza qué significaba?

La respuesta es que la mayoría de las personas sólo oyen. Otros, como Moshé, se toman el tiempo y realmente escuchan lo que los demás dicen. Hay una diferencia significativa y monumental entre oír y escuchar. Oír implica que alguien “oye” lo que se está diciendo y luego traduce el mensaje y le da un sentido. Sin embargo, escuchar, implica que uno se toma un tiempo extra para pensar sobre la persona que está hablando. Es sólo entonces que uno tiene una idea clara de lo que el otro desea comunicar.

Cuando nuestro Patriarca “escuchó” los gritos provenientes del pueblo judío, fue capaz de añadir a la ecuación,  que los judíos no habían visto a su líder durante 40 días y que sin duda se sentían inseguros, preocupados y afligidos. Fue entonces que Moshé supo de inmediato que los gritos no eran de júbilo, sino más bien de angustia. Una vez que supo esto, él fue capaz de reaccionar de una manera radicalmente distinta de la que hubiera reaccionado si sólo hubiera “oído” los gritos y no “escuchado”.

Es muy importante ir más allá de las palabras que “oimos”, y en lugar de eso, debemos “escuchar” lo que se dice.

Por ejemplo, cuando una madre “escucha” a su bebé llorar, sabe de inmediato si se trata de un grito de tristeza, de hambre o de cansancio. Sin embargo, cualquier otra persona que simplemente “oye” el mismo llanto, no es capaz de discernir qué clase de grito es. Pero como una madre “escucha” a su bebé, ella percibe más que el ruido del llanto y de inmediato sabe como reaccionar.

Así que cuando alguien nos diga algo, tratemos de “escuchar” y tomarnos el tiempo necesario para pensar en su situación personal. Las mismas palabras dichas por una persona pueden tener un significado muy diferente cuando son dichas por otra. Y al escuchar, sabremos cómo reaccionar y seremos así capaces de darle a la persona exactamente lo que necesita.

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