-
X

Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

" El comienzo de la sabiduría es el silencio "   

Birobidzhán, un Estado Judío en la Rusia de Stalin

Uno de los experimentos sociológicos y nacionales más interesantes llevados a cabo en los primeros años de la URSS, fue la creación de un estado judío bajo el nombre de Óblast Autónomo Judío cuya capital es Birodidzhán. Desde sus comienzos, el marxismo leninismo confrontaba abiertamente con el judaísmo religioso y tradicional, y con el sionismo que postulaba un estado judío en la Tierra de Israel. El comunismo veía con preocupación la influencia de la doctrina de Herzl y de Borojov entre los judíos rusos de izquierda que encontraban en el “kibutz” su respuesta ideológica.

Los padres de la URSS consideraban que una nación debía de tener un espacio propio, sino no era una nación, y Rusia poseía una masa poblacional multiétnica y multireligiosa dispersa por todo su territorio, por lo tanto, a estos grupos se les fue otorgando sus Óblast (estados federales) y los judíos soviéticos no debían ser la excepción.

Stalin pensaba que los judíos, por sus características, jamás se integrarían al tejido social ruso ni se asimilarían al modo de vida soviético. Consideró que la forma de lograr convertir a éstos en soviéticos era dándoles tierra y autonomía. Así nació el plan para crear un Óblast judío en la URSS. Se eligió un territorio a 8.800 km. al este de Moscú, al oeste, sur y sureste del río Amur, en el límite con la Manchuria China.

En 1928, se inició el programa de asentamiento judío en la zona, la región sufría de una casi completa ausencia de caminos y terrenos aptos para la agricultura, de pobre e insuficiente alojamiento y de duras condiciones climáticas. Su ubicación era estratégica: geopolíticamente se necesitaba poblar el extremo oriental del país debido a la proximidad y el peligro japonés y chino, y a la vez solucionar las dificultades económicas de los judíos.

Se creó un Komzet (Comité para el establecimiento de los judíos) y por un decreto de dicho comité, el territorio obtuvo en 1930 el status de distrito autónomo. Con este propósito un gran segmento de la población judía debía transformarse en una sociedad agrícola. Stalin estaba convencido que en diez años el territorio autónomo podía contar con medio millón de judíos, así Birobidzhan simbolizaría la normalización de los judíos soviéticos, con un estado nacional y se convertiría en el gran baluarte de la cultura nacional socialista judía.

Rápidamente se inició la inmigración judía, la colonización se hizo bajo condiciones más que difíciles: fuertes lluvias, inundaciones, epidemias, e instalaciones inadecuadas, afectaron gravemente el proceso. Pero a pesar de las dificultades, el Oblast despertó gran interés en el mundo judío, tanto local como internacional.

El hecho de que el asentamiento judío coincidía con la intensificación de las represiones contra los judíos en la Alemania nazi también contribuyó a que apoyaran la idea los judíos fuera de la Unión Soviética. Las organizaciones judías en el extranjero cuyos miembros simpatizaban con el comunismo o el socialismo lo apoyaron sin reservas. Se realizaban viajes de prominentes publicistas al territorio para difundir el proyecto del asentamiento judío en los más importantes periódicos del mundo.

Entre las resoluciones más importantes de la autonomía judía estaban las referidas al uso del yidish como la lengua oficial de la región, junto con la rusa. Fueron establecidas escuelas con el yidish como lengua de instrucción, y se realizaron experimentos para enseñar yidish incluso en escuelas no judías. Nombre de calles, señales de estación de ferrocarril, y matasellos aparecieron en ruso y en yidish. En 1934 se estableció un teatro del estado judío, una biblioteca regional con el nombre de Shalom Aleijem que contenía una importante colección de obras judías en yidish.

Organizaciones judías que apoyaban el proyecto surgieron en EEUU, Canadá, Europa occidental y América del sur. Representantes de la organización judía Argentina “Procor” visitaron Birobidzhan en 1929. Estas organizaciones, además de reuniones, publicaciones y recaudación de dinero, difundían la colonización de esta región para judíos del extranjero. A comienzos de 1930, unos 1.400 judíos procedentes de países fuera de la Unión Soviética llegaron en Birobidzhan, inclusive de Palestina.

Las purgas estalinistas de 1936 representaron un duro golpe para desarrollo del naciente Estado judío en Rusia. Destacadas personalidades judías del distrito fueron denunciadas como nacionalistas y trotskistas, degradadas de sus puestos y expulsadas o encarceladas. Las purgas también afectaron a los inmigrantes desde el extranjero. Como resultado, la década de 1930 fue testigo de un retroceso en el desarrollo de la región. A pesar de los planes optimistas de Stalin para el continuo establecimiento de judíos en Birobidzhan, su número en 1939 era sólo de 13.291, apenas un 18.57% de la población total.

La Shoá y el crecimiento del antisemitismo en la URSS durante la post guerra incentivaron el interés por Birobizhan, que seguía siendo una alternativa para una solución nacional judía. Numerosas peticiones de inmigración al territorio fueron recibidas por las autoridades del Estado, y un flujo de nuevos colonos judíos llegó a la región entre 1946 y 1948.

En estos años, la población judía local aumentó y a finales de 1948 se estimaba en unos 20.000 los residentes judíos, la más grande en el distrito. Este leve crecimiento conllevó una intensificación de la actividad cultural judía. Pero a fines de los años 40’ nuevas purgas afectaron a toda actividad judía en la región. Fueron encarcelados la mayoría de los escritores judíos locales, el teatro judío fue cerrado, se suspendió la enseñanza del yidish en las escuelas locales, y un gran número de libros en esta lengua fueron retirados de la biblioteca. La inmigración judía a Birobidzhan cesó, y su población judía se redujo considerablemente.

En 1958 el premier soviético Nikita Jruschov declaraba en una entrevista de Le Figaro acerca de la decepción de un estado autónomo judío, dijo: “hay que reconocer que el establecimiento judío en Birobidzhan fue un fracaso”, y culpó a los judíos soviéticos que, según él, “nunca les gustó el trabajo colectivo ni la disciplina de grupo”. Hacia 1970 el número de judíos había descendido a 11.452, la única expresión de la actividad cultural judía en ese tiempo era un periódico en yiddish de dos páginas, “Der Birobidzhaner Shtern”, casi desprovisto de todo contenido judío, que aparecía tres veces por semana y tenía una tirada de 1.000 ejemplares.

Es difícil atribuir el fracaso del experimento de Birobidzhan a una sola causa. Era una utopía que judíos rusos occidentales, citadinos, académicos, profesionales y burgueses, migren en masa a una tierra inhóspita para el establecimiento de un nuevo centro basado en la agricultura; otro factor fue el éxito del sionismo. Pero en el contexto de la realidad judía soviética, la causa principal del fracaso fue sin duda el hecho de que dos veces, en 1936-37 y en 1948-49, el estalinismo con sus purgas impuso un final brutal a los cortos períodos de desarrollo de vida autónoma judía.

Con la caída de la Unión Soviética muchos de los pocos judíos que quedaron en esa región emigraron a Israel y a occidente. Según el censo del año 2010, con una población de poco más de 160.000 personas, solo el 1 %, 1628 son judías, muy lejos del medio millón que soñó Stalin en los años 30’.

Por el profesor Yehuda Krell

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

Mostrar más