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El caso Sirota y los días oscuros del año 1962

La República Argentina es un país atravesado por el antisemitismo, es difícil encontrar una década en la cual no haya habido expresiones y acciones de diversa magnitud que afectaron al colectivo judío del país.

Particularmente fue así en los años 60’ del siglo XX, en los tiempos del gobierno de José María Guido, quien sucedió al depuesto presidente Arturo Frondizi por un golpe militar, el 29 de marzo de 1962. Fue un período en que la colectividad judía se sintió agraviada por una escalada antisemita sin precedentes, y el caso Sirota representó el momento más ominoso de la campaña racista que pergeñó el antisemitismo local.

Desde comienzos de 1959 se multiplicó la propaganda antisemita en todo el país: pintadas, bombas de alquitrán arrojadas contra sinagogas, colegios e instituciones judías, profanaciones en cementerios judíos acompañadas por inscripciones y esvásticas sobre las lápidas. El clima de intolerancia se acentuó a partir del secuestro del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann y su traslado a Israel, hecho producido durante los festejos del sesquicentenario de la Revolución de Mayo.

La ejecución del genocida, el 31 de mayo de 1962, tras un juicio de repercusión mundial, sirvió de pretexto para lanzar una campaña neonazi en el país. Las organizaciones Unión Civil Nacionalista y el Movimiento Nacionalista Tacuara, quienes gozaban de impunidad desde sectores de las Fuerzas Armadas y de la Policía, iniciaron una serie de ataques antisemitas que también permitían desviar la atención pública de las tensiones sociales que vivía el país por la profunda crisis socio-económica.

El hecho más grave fue el secuestro de Graciela Narcisa Sirota el 21 de junio de ese año, era una joven judía de 19 años, estudiante universitaria de orientación socialista, que al salir de su casa para ir a la facultad, fue secuestrada por tres hombres jóvenes quienes al golpearla en la cabeza ella perdió el conocimiento. Cuando volvió en sí, se encontró en una habitación, en la cual uno de los jóvenes le grababa con una navaja la cruz esvástica en el pecho, mientras los otros dos la quemaban con colillas de cigarrillos. La acusaban que “por culpa de ustedes mataron a Eichmann”, mientras ella volvió a desmayarse por el dolor.

Cuando despertó nuevamente, se encontró tirada en la calle Yerbal, cerca de la estación ferroviaria de Caballito, se incorporó, tomó un colectivo y se dirigió a su casa. Esa misma noche, junto a su padre, presentó una denuncia en la comisaría 42. Los oficiales de la policía, no tomaron en serio la denuncia, según ellos algunos puntos del relato no le cerraban: la falta de testigos, la manera de perder el conocimiento, y sospechaban que la joven se causó a sí misma las heridas, ya que eran superficiales. Dos días más tarde, en otra seccional, aceptaron la denuncia.

La Policía optó por no dar a conocer el hecho, especulaba que con los días el incidente pase inadvertido. Ante la falta de reacción oficial la DAIA efectuó una enérgica denuncia ante la ciudadanía que fue publicada en las primeras planas de los diarios de todo el país: explicó la gravedad del terrible episodio y relató detalladamente el ataque. Además, envió un telegrama al presidente Guido, señalando: “Interpretando indignación y alarma colectivos reclamamos inmediata acción represiva y preventiva contra bandas nazifascistas que ofenden impunemente la dignidad humana y procuran destruir la democracia”.

En un clima de intimidación nazi fascista y en plena escalada de atentados, la DAIA llamó para el día 28 de junio a todo el comercio judío del país a paralizar sus actividades en señal de protesta. La huelga resultó una sorpresa, los negocios bajaron sus persianas colocando un cartel en el que se leía: “cerrado en protesta por las agresiones nazis en la Argentina”. Nunca se había visto un acatamiento comunitario tan generalizado que inclusive trascendió a la misma comunidad, se complementó con colegios secundarios vacíos de alumnos y profesores, y múltiples expresiones de apoyo de sectores políticos, comerciales, gremiales e intelectuales.

Sirota que había eludido a los medios de comunicación, asistió el viernes 29 de junio a un acto de repudio al ataque que se realizó en la Facultad de Medicina, la mayoría de las facultades de la Universidad de Buenos Aires acompañaron con un cese de actividades y cerca de 4 mil estudiantes asistieron a un gran meeting que excedió a la cuestión antisemita, en él se atacó a las Fuerzas Armadas y al gobierno títere de Guido.

Allí, la joven habló por primera vez con los periodistas, en conferencia de prensa ratificó la denuncia, dijo que la Policía la había tratado como una fabuladora desde el primer momento, y aseguró que había reconocido al menos a dos de sus agresores como miembros de Tacuara, ya que los había visto en peleas universitarias. Días más tarde, los líderes de Tacuara afirmaron que el ataque a Sirota había sido fraguado y aprovecharon la oportunidad para definir a la colectividad judía como “un cáncer enquistado en la comunidad nacional”.

El 20 de agosto, el diario Mundo Israelita editorializaba en su primera página sobre el antisemitismo en el país, con el título “Ante la indignación del país y la indiferencia de las autoridades”, denunciaba sin tapujos la total impunidad de las agresiones cobardes realizadas con la anuencia policial que nunca descubre ni castiga a los culpables. El diario denunciaba que: se sabe quiénes son, se conoce a sus conductores, los lugares donde se reúnen, las enseñas que enarbolan, no ocultan sus intenciones, incluso anuncian con anticipación sus fechorías, pero nadie los molesta.

El periódico judío no se había equivocado, el Movimiento Nacionalista Tacuara publicó en el mes de octubre un folleto de 32 págs. titulado “El caso Sirota y el problema judío en la Argentina”, en el que intentaba demostrar la provocación de la colectividad judía al programar la denuncia del caso Sirota contra el nacionalismo argentino y el país.

A partir de este caso la fama de Tacuara trascendió las fronteras. En Nueva York, el Congreso Judío Mundial denunció ante las Naciones Unidas las actividades nazis en América. Al mismo tiempo, el representante de Arabia Saudita ante el organismo internacional saludaba “la cruzada de Tacuara contra el sionismo” y expresaba su deseo de que el movimiento se extienda por toda Latinoamérica.

Es importante señalar que en 1962 una delegación de la Liga Árabe se instaló en la Argentina, bajo el liderazgo del tunecino Hussein Triki, para comenzar a realizar una campaña de hostigamiento contra Israel y el sionismo.

Triki se ufanaba de ser el delegado de Perón ante el mundo árabe-musulmán. Para el cumplimiento de su misión, logró concretar una alianza con Tacuara y la Guardia Restauradora Nacionalista, así el antisemitismo se disfrazaba de antiisraelismo, los judíos argentinos eran acusados de doble lealtad, de vendepatrias, y la lucha de los árabes era la lucha de los argentinos. Con la nueva cruzada antiisraelí, las manifestaciones antisemitas tomaron un nuevo impulso y un nuevo rumbo, ahora bajo la consigna “Nasser y Perón, un solo corazón”.

Por el profesor Yehuda Krell.

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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