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Leonard Bernstein: El día que un concierto evitó una guerra y salvó al joven estado de Israel

Leonard Bernstein nació en Lawrence, Massachusetts, en 1918 en una familia judía procedente del óblast de Rivne, Ucrania. Fue un compositor, pianista y director de orquesta estadounidense. Fue el primer director de orquesta nacido en los Estados Unidos que obtuvo fama mundial, célebre por haber dirigido la Orquesta Filarmónica de Nueva York, por sus Conciertos para jóvenes en la televisión entre 1958 y 1972 y por sus múltiples composiciones, entre ellas West Side Story (1957), Candide y Un día en Nueva York (1944). También fue una figura esencial en el resurgir moderno de la música de Gustav Mahler, el compositor que le interesaba más apasionadamente. Desde su primera juventud valoró su herencia judía, tanto fue así que su primera obra compuesta en 1943 fue la Sinfonía N1: Jeremías. Dirigió la Filarmónica a partir de 1947, durante casi todos los años de su vida, tanto en Israel como en giras, ayudando a convertir a la Filarmónica en un conjunto realmente sobresaliente a nivel mundial.
A lo largo de su vida fue un gran sionista y sostenedor de Israel. El Estado y la Filarmónica de Israel fueron parte de sus obsesiones y el entusiasmo que lo acompañaron hasta su muerte.
En abril de 1947, dos días después de su primera llegada a lo que entonces era Palestina, Bernstein ya había tenido la sensación muy profunda de haber llegado a una coyuntura crucial en la historia del pueblo judío. Fue profundamente afectado por los judíos de Palestina y su anhelo -y determinación- de tener el Estado judío independiente prometido por los británicos treinta años antes en la Declaración de
Balfour. Le escribió al músico también judío, Serge Koussevitzky: “Hay una fuerza y una devoción en estas personas que es formidable. Nunca dejarán que la tierra les sea quitada, todos morirán primero. Y el país es hermoso más allá de toda descripción”.
En octubre de 1948, un mes después de su regreso, le escribió de nuevo a su amado mentor: “¿Cómo comenzar? ¿Sobre cuáles de todos los hechos, rostros, acciones, ideales, bellezas de paisajes, nobles y gloriosos propósitos debo hablar y contar? Simplemente estoy cautivado por esta tierra y su gente”. En una postdata, dijo: “Siento que pasaré más y más tiempo aquí cada año. Creo que correr por las ciudades de Estados Unidos parece tan poco importante, como si realmente no fuera necesario allí, ¡mientras que realmente me necesitan aquí!” En esos conciertos triunfantes, con audiencias tremendamente entusiastas, que lo adoraron, tanto como pianista como director de orquesta, describió “al más grande de los conciertos especiales para soldados. ¡Nunca podrías imaginarte un ejército tan inteligente, culto y amante de la música!”
Bernstein, como “consejero musical” de lo que había sido la Orquesta Sinfónica de Palestina cuando la dirigió el año anterior, había estado recorriendo el país devastado por la guerra con el conjunto durante dos meses, actuando para antiguos ciudadanos, nuevos colonos y soldados por igual, un calendario agotador de cuarenta conciertos en sesenta días.
No era inusual para Bernstein y su orquesta, soportar fuego de artillería cercano. En una presentación en Rehovoth, Berstein fue llamado fuera del escenario en la mitad de un concierto para piano de Beethoven y le informaron sobre un posible ataque aéreo. De acuerdo con el Palestine Post, “volvió al piano como si nada hubiera sucedido”. Con una actitud imperturbable Bernstein dijo: “Nunca toqué un Adagio como ese. Pensé que era mi canto del cisne”.
A pesar de la esperanza y la perseverancia impávida, el país fue escenario de grandes sufrimientos, que Bernstein también pudo ver, en el curso de la lucha de Israel por la independencia, murieron unos seis mil judíos y unos veinte mil resultaron heridos. Así que era natural y lógico que solicitara voluntarios orquestales para otro concierto para las tropas, las desafiantemente atrincheradas en Beersheba.
Uno de los hechos más notables y peligrosos que protagonizó como músico tuvo lugar el 20 de noviembre de 1948, en medio de la Guerra de Independencia del nuevo Estado, que estaba bajo el asedio y ataque de casi todo el mundo árabe. El 19 de noviembre, la ONU había ordenado a Israel que retirara sus tropas de Beersheba, la ciudad del desierto del Negev estratégicamente situada, que había sido capturada por el ejército en octubre en la lucha para sobrevivir del nuevo Estado desde su nacimiento oficial en mayo del mismo año.
Las tropas de Beersheba desafiaron a la ONU y se quedaron allí. Al día siguiente, se enfrentaron con una invasión inesperada: treinta y cinco miembros de la Filarmónica de Israel, conducidos por Leonard Bernstein, llegaron desde Jerusalén en un autobús blindado.
Allí en el desierto, una excavación arqueológica sirvió como la sala de conciertos, sus altas paredes crearon un anfiteatro de tres lados, y se construyó un escenario improvisado para cientos de soldados y miles de civiles. Según informó el escritor sudafricano Colin Legum: “El pozo del anfiteatro está lleno de soldados parlanchines: hombres y mujeres del ejército de primera línea, judíos de Palestina y la Comunidad Británica y EE. UU., Marruecos, Irak, Afganistán, China, los Balcanes, el Báltico, incluso uno de Laponia”. Llegaron residentes locales, y algunos soldados heridos fueron trasladados en ambulancia desde el hospital cercano para presenciar el inusual concierto. A las 3:30 PM, el concierto comenzó. Bernstein tocó tres obras seguidas: K. 450 in B de Mozart, primer concierto para piano de Beethoven y Rapsodia en Blue de Gershwin. Un violinista sostuvo la silla de Bernstein cuando comenzó a deslizarse a lo largo de la precaria plataforma sobre la que estaban actuando. No solo fue un deleite para sus oyentes, sino también él mismo.
Las estimaciones del tamaño de la audiencia calcularon unos cinco mil. Esto preocupó a los egipcios pensando que Israel había mandado cuantiosos refuerzos a su ejército en Beer Sheva. Por eso, cuando los aviones egipcios
sobrevolaron el lugar y divisaron cientos de autos y caminones dirigiéndose a la zona y miles de personas agrupadas en ese sector, Egipto decidió retirar sus tropas de una posición desde donde estaban por lanzar un inminente ataque en el Negev para llegar rápidamente a Jerusalén y derrocar al recientemente declarado Estado de Israel. El Dr. Chaim Weizmann, presidente de Israel, explicó la reacción egipcia: “Puedo entender en desconcierto de los egipcios, ¿Quién se tomaría un tiempo en mitad de la guerra para escuchar un concierto de Mozart?”
En 1967, Bernstein fue uno de los primeros en visitar la Ciudad Vieja de Jerusalén y el Muro Occidental recién recuperado. Organizó la celebración de “reunificación pacífica” que incluía tres conciertos: uno en el Centro de Convenciones de Israel en Jerusalén, uno en el Auditorio Fredric Mann en Tel Aviv; y uno en el anfiteatro en el Monte Scopus “Ahora, el campus y el anfiteatro, como la Ciudad Santa misma, fueron liberados, y el Alcalde de Jerusalén Teddy Kollek, un alma gemela ideológica (e idealista) de Bernstein, patrocinó el concierto, anunciado como la apertura cultural de la ciudad unida de Jerusalén”.
Fuente: Personalidades Judías de Todos los Tiempos.

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