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Libia, Turquía, y el rol de arbitraje ruso

Desde la caída del dictador Muhammad Khadafi en el 2011, Libia quedó sumido en una sangrienta guerra civil, con multiplicidad de actores internos y externos, desde agrupaciones terroristas islamistas radicales, Al Qaeda y el Estado Islámico, pasando por grupos tribales autóctonos, sectores políticos rivales hasta la intervención de la U.E. y los EE.UU., que han llevado a que hoy Libia sea un verdadero Estado Fallido.

Al presente, el conflicto armado interno enfrenta por un lado al Gobierno del Acuerdo Nacional o GNA, con sede en Trípoli y representado por el 1er. ministro Fayez al Sarraj y el otro actor es el Ejercito Nacional Libio o LNA, liderado por el mariscal Khalifa Haftar, que controla el oriente del país.

En ese contexto, dos actores internacionales han asumido roles más que importantes, se trata de Rusia y Turquía, por eso a continuación analizaré este juego geopolítico que protagonizan ambos.

En el caso de Turquía, sería bueno recordar que es el Neo Otomanismo?, de manera sencilla es la visión geopolítica de la Turquía Moderna de construir el liderazgo turco en los países que otrora fueran parte del Imperio Otomano. Si bien está relacionado con Recep Tayyip Erdogan y el partido gobernante el AKP o Partido de la Justicia y el Desarrollo, el generador de esta visión es el político y académico turco Ahmed Davotuglu, quién la desarrolló en su obra “Profundidad Estratégica”. Esta ideología respecto a la política interna se puede traducir en una reivindicación de los fundamentos del Islam y elementos del Califato, una visión totalmente opuesta al Kemalismo que fue la directriz que edificó a la Turquía del Siglo XX, con marcada visión pro occidental.

Ahora bien, en función de esta concepción geopolítica, el presidente Recep Tayyip Erdogan llevó a votación del parlamento el plan de intervenir militarmente en Libia, propuesta que fue aprobada por 325 votos a favor, dados por la bancada oficialista del AKP y partidos nacionalistas, contra 184 del bloque de partidos opositores.

Erdogan respalda al gobierno libio reconocido, el señalado GNA, que hace meses se halla jaqueado por el avance del Ejercito Nacional Libio, LNA, que es apoyado por Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y extra oficialmente por Rusia, mientras que Trípoli es apoyado por Turquía, Italia y Qatar.

La intervención turca en el conflicto libio se limitaría al envío de asesores militares, drones y fuerzas especiales que pudieran llevar a cabo operaciones conjuntas con las fuerzas libias, no previéndose por el momento el envío de más tropas, y esperando que la acción promovida por Turquía sirva para detener la ofensiva de las fuerzas del mariscal Khalifa Haftar.
Este movimiento de Ankara esta vinculado con el Acuerdo de Cooperación firmado en noviembre del año ppdo., entre Trípoli y Turquía, y sus objetivos son, proteger la inversión turca privada y el reclamo sobre fuentes energéticas turcas en el Mediterráneo, algo que se condice con el neo otomanismo, y que ha originado las protestas de la Liga Árabe que se opone a la intervención de fuerzas militares extranjeras en Libia y también ha llevado a una protesta oficial de la cancillería de Egipto.
Así las cosas, es momento de analizar el rol de Rusia, que convocó a las partes en conflicto en Libia a reunirse en Moscú, previa reunión entre Vladimir Putin y Recep Tayyip Erdogan, pues a ambos les interesa parar el caos que reina en aquel país del norte de África, que es el primer productor de petróleo de ese continente.

El apoyo de Rusia y de Turquía a una y otra de las partes del conflicto, como ser a mercenarios rusos en el bando de Khalifa Haftar y mercenarios solventados por Ankara en el bando del GNA, ha sido denunciado por el envíado de la ONU, el libanés Gassan Salamé, quién sostiene que la intervención extranjera, en forma indirecta o encubirta, violan el embargo de armas decretado por la Organización en el 2011, una verdadera guerra civil que ha costado hasta el presente más de 1.500 muertos y otros miles de desplazados.

La primera medida que se intentó imponer, es un Alto al Fuego, que tanto el GNA como el LNA se acusan mutuamente de no respetar, no obstante las conversaciones en Moscú, aún sin un acuerdo, siguen y donde muestra el rol decisivo de arbitro que ha asumido Rusia en la región, y como contra cara, una U.E. que ha quedado marginada en principio, aunque esta prevista una reunión para el próximo miércoles convocada por la canciller alemana Ankela Merkel.

La guerra civil en Libia y la intervención de Moscú es una jugada más de Vladimir Putin para ratificar su injerencia en las crisis y conflictos en Oriente Medio y la región del Magreb, tal como se ha manifestado con la intervención rusa en la guerra civil en Siria y su apoyo al gobierno de Bashar al Asad, la defensa a sus inversiones en el escenario pos conflicto sirio que motivaron su visita el pasado martes a Damasco, que se puede traducir como un mensaje tanto a Irán y sus agentes, caso Hezbollah, como también a Israel y el resto de países árabes de la región, de que no desea una Tercera Guerra del Golfo, lo que coloca a Rusia como el árbitro regional.

Por otro lado, en lo que respecta a la relación actual entre Moscú y Ankara, es innegable el giro en la posición geopolítica turca, que históricamente se caracterizó por la confrontación entre estos dos actores, desde la guerra de Crimea a mediados del Siglo XIX, en los conflictos en los Balcanes a principio del Siglo XX, la 1ra. Guerra Mundial, sin olvidar el apoyo ruso a los armenios, hasta la membresía de Turquía como parte de la OTAN.

Sin embargo, tras las tensiones surgidas por el derribo de un caza ruso SU-24 por aviones F-16 turcos, en noviembre del 2015, por supuestamente haber violado el espacio aéreo, el acercamiento entre Moscú y Ankara ha ido creciendo, a punto tal que ha adquirido recientemente el sistema de defensa antiaérea ruso S-400, lo que ha ocasionado la reacción de Washington, que advirtió que excluiría a Turquía del programa de los cazas F-35, que deberían entregarse el próximo marzo, a lo que el canciller turco Cavusoglu respondió, que los mísiles Patriot de la OTAN instalados en Turquía, que son de Países Bajos, España e Italia, son retirados por el sistema de rotación que rige en la Alianza Atlántica, y que su país necesita su propio sistema de defensa, razón por la cual se ha adquirido el sistema S-400 ruso, y agregó que si los EE.UU. toma alguna medida por la compra del S-400 a Rusia, se reverían la situación de las bases de Incirlik y Kurecik, que son utilizadas por las aeronaves militares de la OTAN incluida la Fuerza Aérea de los EE.UU., y finalizó enfatizando que Turquía no apoya el Plan de la OTAN para la defensa de los estados de la región del Báltico hasta tanto la Alianza no apruebe el Plan Antiterrorista de Ankara.

Las acciones y actitudes del gobierno de Erdogan hacia la U.E. y la OTAN, rozan lo extorsivo, recordemos el tema de la inmigración forzada por el conflicto en Siria e Irak, y en noviembre pasado ha anunciado la liberación de 1.500 jihadistas del Estado Islámico que se encuentran detenidos en cárceles turcas, tal como lo expresó el ministro del Interior turco, Suleiman Soylu “…les enviaremos a los jihadistas europeos del E.I., y hagan con ellos lo que quieran…”, y sin olvidar que en su momento, Ankara acusó a la U.E. de no apoyar su ofensiva en Siria.

Es evidente que el acercamiento entre Rusia y Turquía, y las tensiones entre Washington y Ankara, modifica el juego geopolítico en una vasta región que involucra la cuenca del Mediterráneo, Europa Oriental y Oriente Medio, por lo que ahora asistimos en relación al conflicto en Libia, es una muestra más de un reordenamiento de alianzas.

Para finalizar mi columna de hoy, reiterando que vivimos en un escenario global estructurado por una Interdependencia Compleja, y que se caracteriza a través de la dinámica de las relaciones internacionales, nunca mejor que recordar ese viejo axioma de la Escuela Realista, pronunciado en el Siglo XIX por el 1er. Ministro británico Lord Palmerston, “…no hay amigos ni enemigos permanentes, sino intereses permanentes…”

Por el profesor Luis Fuensalida

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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