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El fotógrafo de Auschwitz

Wilhelm Brasse fue un fotógrafo polaco y prisionero de Auschwitz. Entre sus tareas estaba retratar a los prisioneros y a las víctimas de los experimentos científicos del médico nazi Josef Mengele. Pocos tuvieron experiencias tan cercanas con las prácticas nazis como Wilhelm Brasse, quien gracias a su talento como fotógrafo se salvó de las cámaras de gas en el campo de concentración de Auschwitz. Originario de Polonia, fue capturado por los alemanes y llevado al campo donde no probó bocado durante dos semanas y se vio obligado a retratar todos los horrores de la SS durante la Segunda Guerra Mundial. “Al principio fotografiábamos a todos los prisioneros, pero después dejamos de retratar a los judíos, pues los mataban tan pronto llegaban”, recordó Brasse en una entrevista.

La ciudad de Zywiec, donde nació en 1917, pasó de Alemania a Polonia, tras el término de la Primera Guerra Mundial. Hablaba alemán y el austriaco. Sus antepasados paternos eran de Austria. Aprendió fotografía en la ciudad polaca de Katowice. Gracias a este oficio pudo sobrevivir a tan horrenda época. La suerte de Brasse fue la manía alemana por documentarlo todo con prolijidad, aun aquellas brutalidades.

Wilhelm Brasse se vio obligado a tomar fotografías de niños asustados y víctimas de horribles experimentos médicos momentos antes de que murieran en el campo de exterminio de Auschwitz, donde un millón y medio de personas, en su mayoría judíos, murieron en el Holocausto.

Tomó entre 40.000 y 50.000 fotografías. Contaba que un día, un prisionero fue enviado a él por uno de los doctores de los campos, el infame Dr. Josef Mengele, quería una foto de un inusual tatuaje del hombre. “Era muy hermoso. Era un tatuaje de Adán y Eva de pie delante del árbol en el Jardín del Edén, y obviamente había sido hecho por un artista experto”. Alrededor de una hora después de tomar la fotografía, se enteró de que el hombre había sido asesinado. Fue avisado por otro preso que vio al hombre muerto en uno de los crematorios del campamento.

Cuando los alemanes perdieron la guerra y los aliados lo rescataron, había guardado miles de fotos que hoy se encuentran en los museos del Holocausto de diferentes países. Estas fotos luego sirvieron para reconstruir esa época, poner en evidencia las abominables prácticas nazis, presentarlas como pruebas en los juicios de Nuremberg y desmentir a los negacionistas que dicen que nada de esto pasó realmente.

Aunque después de 1945 rehizo su vida y se propuso retomar su oficio, nunca pudo volver a tomar una foto, pues sostener una cámara lo llevaba de nuevo al campo en el que vio perecer a miles de personas. “No podía ya tomar fotografías porque los muchachos judíos y las chicas judías se aparecían en flashes constantes ante mis ojos”. “Cuando empecé a hacer fotos de nuevo, después de la guerra, veía a los muertos. Iba a tomar la fotografía de una chica joven, un retrato, pero detrás de ella, volvía a verlos, como fantasmas que estaban allí. Veía todos esos grandes ojos aterrorizados, mirándome fijamente. No podía seguir adelante.”, expresó en una de las tantas entrevistas que le hicieron.

Se que no es lindo recordar esto ni ver estas fotos pero es imperativo no olvidar para que nunca más se repita una barbarie semejante.

Fuente: Personalidades Judías de Todos los Tiempos.

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