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Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

" Justicia, justicia perseguirás para que vivas. "   Deuteronomio

Algunas reflexiones sobre la parashá Vaiejí

En esta sección de la Torá encontramos algunos de los orígenes de nuestras tradiciones relativas al enterramiento y duelo debido a nuestros seres queridos. Yacov pide ser enterrado no en Egipto sino en Hebrón, junto a Abraham, Isaac, Sara y Rebeca en lo que conocemos como Ma´arat HaMajpelá.

Al morir Yacov, Yosef y sus hermanos se duelen en su duelo durante siete días. De aquí proviene nuestra costumbre que denominamos shiva según la cual quienes están de duelo se abstienen de realizar sus ocupaciones laborales ordinarias y permanecen en sus casas durante un periodo de siete días, salvo durante Shabat y festividades, en los que se va al templo y se recita el kadish en la congregación. La palabra shiva en este caso significa “estar sentado” (el verbo hebreo es lashebet). La idea tiene una doble connotación. Por un lado, como dijimos, se trata de apartarnos de nuestras obligaciones cotidianas ya que el dolor que sentimos no nos permite concentrarnos más allá de ese sentimiento de pérdida que punza nuestro ser.

Por eso es que se acostumbra traer comida a la familia del fallecido, para que no tengan ni siquiera que preocuparse de su propio alimento. Por otro lado, ese “estar sentado” significa y nos induce a hacer un alto en nuestra propia existencia: meditar sobre nuestra propia finitud, los valores con los que nos conducimos en el día a día, considerar aquellas cosas que son realmente importante en la vida y, en un momento de muerte dar lugar al renacer personal como manera de honrar a nuestro ser querido que se ha ido físicamente del mundo.

El último ecualizador, la muerte, es la inevitabilidad del precio que pagamos por vivir. Nos duelen las muertes a cualquier edad, sólo que en edad avanzada es simple y fríamente previsible. Pero no hay filosofías teológicas ni explicaciones pseudo-cabalísticas que puedan evitar la rabia incontenible ni el inconmensurable grito que reverbera en el eco cósmico por quienes se han ido de nuestras vidas sin siquiera conocer la vida misma, quienes se nos han ido por injustas violencias ajenas o por enfermedades tempranas para quienes la ciencia no ha llegado a tiempo. El único consuelo –que nunca lo es-, y el único alivio –que nunca dejará de dejar una herida abierta-, son la compañía y el acompañamiento de los vivos que nos rodean y quieren.

Y la esperanza proyectada de una fe que nos permite soñar con un encuentro de luz bajo las seguras alas protectoras de una bondad divina.

Fuente: Mishkan

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