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Yo, argentino: A 101 años de la semana trágica

En la semana del 7 al 14 de enero de 1919 se produjo lo que se conoce popularmente con el nombre de la Semana Trágica, fue la represión y el asesinato de cientos de obreros en Bs. As., en tiempos del gobierno del presidente Hipólito Yrigoyen. Lo singular de esta salvaje represión es que incluyó terribles pogromos que se consideran los primeros en toda América.

La extrema violencia tuvo su origen en una prolongada huelga declarada en la fábrica metalúrgica Talleres Vasena, en reclamo de mejores condiciones laborales de los obreros. Las hostilidades llegaron a tal nivel que desató la represión abierta de grupos parapoliciales amparados por el gobierno, la policía y el ejército, mientras la población respondía con una pueblada generalizada.

Desde el primer día de la huelga general se vio que estos sucesos tenían un claro sesgo antisemita. En los barrios y en las calles pobladas por judíos, todo aquel que se pareciese a uno de tal era detenido, golpeado y salvajemente arrastrado a las comisarías. El único pecado era ser de origen judío, se los acusaba de maximalistas, simpatizantes o adeptos a la revolución bolchevique, que habían llegado al país con el fin de destruir la identidad nacional y crear en la Argentina un gobierno soviético.

Dentro de las organizaciones de represión actuaba un grupo parapolicial llamado la Guardia Blanca, eran jóvenes extremistas nacionalistas de la clase alta que sembraron lo que se dio en llamar el terror blanco. Con el pretexto de buscar a maximalistas o bolcheviques, dicho terror tenía como objetivo reprimir y matar a los judíos y rusos.
El grupo extremista fue creado en el Centro Naval donde se organizó como una Comisión Pro Defensores del Orden, cuya misión era proteger a la alta sociedad de la amenaza que significaba el movimiento obrero y la inmigración. Era un grupo de extrema derecha, liderado por influyentes militares, curas, empresarios, políticos radicales y conservadores, que pocos días después adoptaría el nombre de Liga Patriótica Argentina.

En la noche del 10 al 11 de enero las fuerzas de seguridad y los grupos parapoliciales comenzaron a realizar innumerables razias, ingresando a instituciones y domicilios particulares de judíos, destruyendo el mobiliario, tirando por las ventanas a la calle los enseres de las casas, destruyendo bienes, quemando libros, asesinando y golpeando sin piedad a mujeres, niños, y arrestando a los hombres.

El martes 14, con el fin de la huelga general, se produjo un segundo pogromo cuando las mismas fuerzas y los grupos volvieron a asaltar el barrio del Once, incendiando casas y atacando a transeúntes judíos; todo a plena luz del día, marchando con la bandera nacional a la cabeza y gritando ¡Viva la Patria!, ¡Mueran los judíos!
Relatan que durante el pogromo los judíos hacían uso de la expresión: yo, argentino, que había sido utilizada en el país durante la Primera Guerra Mundial para explicar la neutralidad argentina. Ahora, los judíos la expresaban como salvoconducto para no ser apaleados y salvar sus vidas. Con el tiempo la misma se convirtió en sinónimo de yo no tengo nada que ver o a mí no me involucren.

La Semana Trágica mostró, por primera vez en el país, como el antisemitismo estatal instigaba y explotaba el odio popular. Personajes y sectores importantes del gobierno excitaron y canalizaron el fanatismo religioso, los intereses de clase, las frustraciones económicas y el chauvinismo nacionalista para sus propios fines utilizando a los judíos como chivo expiatorio.

Los trágicos días tuvieron resonancia internacional, la embajada de Estados Unidos en el país realizó un recuento de los muertos en esos días, informó que en el Arsenal del Ejército en San Cristóbal, yacían 179 cadáveres de rusos judíos que no habían sido sepultados. El embajador francés comunicó a su gobierno que la policía masacró de una manera salvaje todo lo que era o pasaba por ruso.

Se estima que la represión dejó un saldo de 700 muertos, decenas de desaparecidos, entre ellos gran cantidad de niños y miles de detenidos. El gobierno argentino de entonces nunca informó oficialmente sobre la represión, ni publicó la lista de muertos, ni acusó ni juzgó a los culpables; ya en ese tiempo, como volverá a suceder en reiterados hechos similares en el futuro, utilizó la mejor justificación: yo, argentino.

Por el profesor Yehuda Krell

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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