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Científicos israelíes logran implantar recuerdos emocionales en ratones

Los investigadores judíos aseguran que el experimento ha permitido que lo roedores asignen un valor negativo a un evento que nunca tuvo lugar y, en consecuencia, “recordar un sentimiento que no se experimentó en la realidad”. Los autores aseguran que el proyecto podría aplicarse en humanos.

Científicos de la Universidad de Haifa, en Israel, han logrado implantar y modificar recuerdos emocionales en ratones. Los autores aseguran han identificado una vía neuronal que permite borrar o trasplantar memorias y que el proyecto podría aplicarse en humanos.

En el estudio, publicado en el Journal of Neuroscience, los investigadores exponen que el experimento ha permitido que lo roedores asignen un valor negativo a un evento que nunca tuvo lugar y, en consecuencia, “recordar un sentimiento que no se experimentó en la realidad”.

Para llegar a esta conclusión, los expertos lideraron un estudio de tres partes: primero identificaron una vía neuronal en el cerebro que determina si un sabor particular tendrá un valor emocional positivo o negativo (que afecta el consumo futuro), y luego procedieron a usar estas neuronas para borrar o trasplantar recuerdos que nunca fueron experimentados en la realidad.

En la práctica, los científicos dieron a los ratones algo dulce al gusto y lo asociaron con una sensación general de malestar, en este caso el dolor abdominal. La reación de los roedores fue inesperada: tras repetir el proceso varias veces, terminaron evitando el sabor.

La segunda parte del análisis fue investigar simultáneamente la actividad cerebral de los ratones durante la asociación de los sabores con los dolores, lo cual permitió descubrir que existe “activación neuronal en la corteza insular del cerebro, un área involucrada en funciones cerebrales complejas, que se proyecta a la amígdala basolateral, que está ubicada en la corteza prefrontal medial y está involucrada en la formación de recuerdos emocionales”.

Por último, el equipo examinó la necesidad de esta vía neural para generar valores negativos al prevenir la transmisión de información neural entre las dos regiones cerebrales durante el aprendizaje. Los resultados fueron contundentes: cuando el camino fue silenciado, los ratones no recordaron la experiencia negativa, y continuaron comiendo el sabor dulce, a pesar de que les causaba molestias.

“Los hallazgos nos permitirán explorar en el futuro cómo se puede tratar una variedad de enfermedades psiquiátricas, que van desde los trastornos alimentarios que tienen ‘grabados emocionales’ demasiado potentes o demasiado débiles en respuesta a las experiencias alimentarias hasta el tratamiento de traumas emocionales como el TEPT, que no permiten erradicar el valor emocional de una experiencia”, ha afirmado la profesora Kobi Rosenblum, del Departamento de Neurobiología de Sagol de la Universidad de Haifa.

Fuente: Mundo Diario

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