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El genio de Maimónides

El 12 de diciembre de 1204, hace 815 años, fallecía en El Cairo el mayor exponente del pensamiento judío de todos los tiempos, Rabi Moshé ben Maimón, Rambam o Maimónides.  Fue al mismo tiempo médico, rabino, teólogo, dirigente comunitario y uno de los filósofos más descollantes del pensamiento medieval y su legado alcanza nuestros días.

Rambam nació en Córdoba, al-Ándalus, bajo el reino almorávide, el 30 de marzo de 1138; era hijo de una familia distinguida por parte paterna, de jueces rabínicos y dirigentes comunitarios. Desde pequeño se inició en los estudios bíblicos y talmúdicos en su ciudad natal, pero una ola de fanatismo almohade hizo que su familia tuviera que  emigrar. Vivió sucesivamente en Almería, Fez, Marruecos, Israel, hasta llegar a Egipto y radicarse en Fustat, El Cairo. Allí se ganaba la vida ejerciendo la medicina en la corte del rey Saladino, y luego en la de su hijo el visir al-Fadl. Con este cargo obtuvo una gran fama y admiración popular. En el plano comunitario, fue su máximo dirigente.

Esta vida azarosa no le impidió desarrollar una extraordinaria labor multifacética. En cada una de sus ocupaciones y funciones rayó a gran altura: como médico, fue un renombrado gastroenterólogo, muy reconocido por sus coetáneos, dejando una importante huella en la tradición popular que muestra a Maimónides como un médico entregado a curar al prójimo. Escribió un importante número de libros de medicina, el “Tratado sobre los venenos y sus antídotos”, “Guía de la buena salud”,  y la “Explicación de las alteraciones”, que permitieron difundir sus teorías médicas.

Entre sus mayores obras rabínicas y talmúdicas, obras maestras de la sabiduría y la erudición, las más renombradas son: El Luminar y Mishné Torá, un código de leyes judías que redactó durante diez años mientras vivía en Egipto. Esta obra, también conocida con el nombre de “Yad Jazaká”, consta de catorce tomos y consiste en una amplia y minuciosa recopilación por materias de todas las leyes y normas religiosas y jurídicas de la vida judía, a la vez de ser una compilación sistemática de todas las opiniones normativas de la ley judía, es decir, del Talmud.

Su trascendencia en la cultura europea se debe a su obra filosófica. En este campo su creación magna es la Guía de perplejos, en donde expone su pensamiento filosófico. En ella establece una conciliación entre la fe y la razón dirigida a quienes vacilan entre las enseñanzas de la religión judía y las doctrinas de la filosofía aristotélica. Esta obra clave del pensamiento filosófico ejerció una fuerte influencia en círculos tanto judíos como cristianos y sobre todo escolásticos.

Es necesario señalar que su obra fue muy discutida por el judaísmo ultra ortodoxo de aquellos tiempos, quienes arremetieron contra él, entre otras razones por su fuerte oposición al misticismo de los cabalistas, y por su influencia aristotélica. En ciertos ámbitos judeoeuropeos, de los Ieirei Shamaim, los Temerosos de Dios, se le llegó a considerar como un hereje de su religión, durante más de dos siglos su obra estuvo prohibida en esos ámbitos de fanatismo extremo.

Como dirigente comunitario fue un líder de líderes, su palabra y su asesoramiento eran requeridos y conocidos en todas las comunidades, inclusive en las más lejanas que no ahorraban esfuerzo en consultarlo acerca de los graves problemas que las aquejaban. Como la Igueret Hashmad  (Carta sobre la Apostasía), en la cual Maimónides consuela y alienta a los marranos sobre el tema de las conversiones forzadas que padecían los judíos de España y Marruecos, tomando la defensa de aquellos que habían aceptado el credo mahometano bajo presión, practicando el judaísmo en secreto y salvaguardando sus vidas hasta que cambiara la situación y terminaran las persecuciones contra ellos. Ante la disyuntiva de apostatar o exiliarse, aconsejaba esta última opción. Siempre  defendió el derecho de estos judíos a pertenecer al Pueblo Judío contra la opinión de otros judíos que los consideraban idólatras.

Rambam no fue un intelectual ocupado solo en escribir sus obras, ni sus días discurrían solo entre libros, no era el líder o el erudito encerrado en una campana de cristal. Era el sabio en contacto con su pueblo, con sus dolores y sus esperanzas. Tenían razón aquellos que lo adjetivaron con la frase De Moisés a Moisés no hubo otro Moisés. Los jóvenes de hoy lo definirían de una manera más sencilla, un genio total.

Por el profesor Yehuda Krell

Reproducción autorizada por Radio Jai

 

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