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Afganistán, la guerra sin fin

Afganistán es un convulsionado país en el centro de Asia con una guerra extensa, que ya lleva cuatro decenios desde la invasión soviética el 25 de diciembre de 1979. El fin de la guerra fría y el retiro de las tropas soviéticas no marcó el fin del conflicto bélico, sino que se convirtió en una lucha armada de diferentes facciones étnicas que intentaron imponerse unas sobre otras, radicalizándose en su celo religioso. Desde 1996 hasta 2001, se implantó el régimen de los talibán (“estudiantes”), liderado por el Mullah Omar y que estableció una alianza con Al Qaeda, aunque esta teocracia nunca logró el control completo del territorio.

Fue en septiembre de 2001 que Afganistán volvió a estar en el foco de atención mundial por haber servido de base de operaciones y entrenamiento de Al Qaeda, en el marco de la guerra internacional contra el terrorismo, el país fue ocupado por Estados Unidos y sus aliados de la OTAN. Han pasado 18 años y los sucesivos presidentes de Estados Unidos –George W. Bush, Barack Obama y Donald Trump- no han encontrado la llave de salida de este atribulado país.

Afganistán es un mosaico multicolor de grupos étnicos, en el que los pashtunes son la primera minoría y de donde han surgido las élites de la monarquía, del régimen socialista pro-soviético y de los talibán, con la particularidad de que también se encuentran en Pakistán. De este modo, la frontera jurídica no es reconocida como un límite real que separe a ambos países, de una porosidad que significó una pesadilla tanto para soviéticos como estadounidenses. Y si bien se celebran elecciones periódicamente, el liderazgo reconocido es el de las tribus y los clanes, de carácter tradicional.

El presidente Donald Trump está intentando revivir las conversaciones para la paz con los talibán, con miras a obtener un triunfo diplomático y lograr la salida de las tropas en el mediano plazo. Este grupo armado ha logrado controlar buena parte del territorio nuevamente, y se suma la existencia de la filial del ISIS en ese atribulado país, con pocos miembros pero con gran capacidad destructiva. El Estado afgano sigue siendo débil para establecer el monopolio de la coerción en todo su territorio y así ha sido a lo largo de su historia, por lo que la retirada de tropas de la OTAN no se puede avizorar en el corto plazo, provocando inestabilidad en una región convulsionada y radicalizada en su concepción del Islam.

Por Ricardo Lopez Gottig

Reproducción autorizada por Radio Jai citando la fuente.

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