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Parashat Vayetzé

En Parashat Vayetzé leeremos sobre el arreglo de Yaakov con su tío, Lavan, que trabajaría durante siete años en el pastoreo de sus rebaños, después de lo cual Lavan le daría a su hija, Rajel, como esposa.

Jizkuni plantea la pregunta de por qué Yaakov hizo una oferta inicial tan alta: siete años completos de trabajo. Al parecer, al menos debería haber comenzado proponiendo un precio “más barato” para la mano de Rajel, tal vez tan solo uno o dos años de servicio. Sin embargo, Yaakov no hizo esa oferta, y desde el principio expresó su voluntad de trabajar durante siete años. Jizkuni se responde: “Yaakov no imaginó que le darían a una mujer tan hermosa como Rajel por un corto período de trabajo, y entonces dijo siete años”. Yaakov valoró mucho el privilegio de casarse con Rajel, por lo que no consideró siete años de trabajo a un alto precio a pagar.

Los comentarios de Jizkuni tal vez reflejan uno de los rasgos importantes de Yaakov: una ética de trabajo duro y responsabilidad. Yaakov no se sentía con derecho a nada. Entendió que las bendiciones de la vida, como casarse con la mujer que deseaba como esposa, requieren tiempo, trabajo y sacrificio. En lugar de tratar de cumplir sus deseos con el menor esfuerzo posible, reconoció la necesidad de dedicar una gran cantidad de tiempo y trabajo. Siguiendo el comentario podemos aprender no buscar cosas fáciles y de bajo costo que a la larga salen muy caros.

El Rambam, en el pasaje final de Hiljot Sejirut, señala a Yaakov como el modelo de las responsabilidades de un empleado, citando la propia descripción de Yaakov hacia el final de Parashat Vayetzé de su dedicación al ganado de Lavan (Y Yaakov  se encolerizó  y se puso a reñir con Lavan, y en respuesta Yaakov  pasó a decir a Lavan: “¿Cuál es la sublevación de parte mía, cuál el pecado mío, como razón para que me hayas perseguido acaloradamente? Ya que has palpado todos mis efectos, ¿qué has hallado de todos los efectos de tu casa? Ponlo aquí enfrente de mis hermanos y tus hermanos, y decidan ellos entre nosotros dos. Estos veinte años he estado contigo. Tus ovejas y tus cabras no sufrieron abortos, y los carneros de tu rebaño nunca comí. El animal despedazado no te lo llevaba a ti. Yo mismo sufría la pérdida de él. Si uno era hurtado de día o si era hurtado de noche, de mi mano lo demandabas. Ha sido mi experiencia que de día el calor me consumía, y de noche el frío, y el sueño huía de mis ojos. 31: 36-40).

A pesar de que su empleador trató de engañarlo y manipularlo, Iaakov se sintió responsable de invertir el máximo esfuerzo en cuidar a las ovejas, desafiar el mal tiempo y mantenerse despierto por la noche cuidando con devoción al ganado bajo su cargo. En lugar de bajar sus estándares por conveniencia, se enfrentó a cada desafío que surgió de un agudo sentido del deber y la obligación. Aprendemos de Yaakov el valor de la responsabilidad, no dar nada por hecho, reconocer que no tenemos derecho natural a nada, y estar preparados para trabajar arduamente para obtener lo que necesitamos y queremos.

Fuente: Visión Judía.

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