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Cuando Mamilla ardió en llamas

Uno de los lugares más bellos que tiene hoy Jerusalén es el centro comercial de Mamilla, rodeado por imponentes hoteles, lleno de grandes cafés y restaurantes, con comercios de primerísimas marcas internacionales, una cuidada arquitectura, y extensos miradores que permiten disfrutar del paisaje exótico que brinda la milenaria e histórica ciudad.

El centro abrió sus puertas en el año 2007, gracias a la restauración del distrito hecha por el arquitecto israelí Moshé Safdie, coronando un proyecto de renovación urbana de la ciudad. Mamilla era un histórico distrito con una pasado muy especial: el 2 de diciembre de 1947 el vecindario ardió en llamas preanunciando el inicio del prolongado conflicto judeo-árabe.

El barrio era uno de los primeros construidos en las afueras de la Ciudad Vieja, a fines del siglo XIX, rápidamente se convirtió en aquel tiempo en un distrito de negocios y de tiendas al mayoreo y menudeo no muy prestigioso y de dudosa fama, en el que judíos, musulmanes y cristianos competían entre sí para captar a los clientes con ofertas y mejores precios.

El 30 de noviembre de 1947, el centro comercial se vio gravemente alterado cuando se conoció la noticia de la votación positiva en la ONU del Plan de Partición de Palestina en dos estados, que había sido aprobado el día anterior. El Supremo Consejo Árabe reaccionó virulentamente ordenando una huelga general de tres días, ante tal decisión los moradores judíos del barrio no sabían cómo reaccionar ni cómo defenderse ante posibles ataques árabes.

Ese día recibieron a un pequeño grupo armado de la Haganá que vino a tranquilizar los ánimos y dejar unas armas livianas para la defensa. La comunidad judía suponía que con el pequeño grupo de defensa judío junto a la presencia de policías y militares británicos su seguridad estaba asegurada, y que había fuerzas suficientemente para calmar los ánimos alterados de los árabes. Incluso varios comerciantes judíos consultaron a los puestos de control si debían marcharse o poner sus mercaderías a salvo, recibiendo una respuesta negativa.

Con el correr de las horas los ánimos se fueron caldeando, todos sabían de antemano que el choque iba a estallar. La Haganá comenzó a reclutar gente para la defensa ante las amenazas de ataques proferidos por los árabes que se habían reunido en la Puerta de Jaffa. La información de los británicos era más certera, conocían perfectamente los planes de un gran ataque árabe e inclusive alertaron a algunos judíos para que puedan sacar sus enseres y abandonar el lugar. Los moradores árabes también sabían sobre los planes de un ataque a los judíos, ellos marcaron las puertas de sus casas y negocios con cruces o media luna para evitar la confusión.

El 2 de diciembre a las 9,30 de la mañana, manifestantes árabes ingresaron por la calle principal armados con hachas, cuchillos y barras de hierro iniciando el saqueo. Los defensores de la Haganá munidos solo con pistolas comenzaron a disparar al aire para dispersar a la turba, logrando que una parte importante de los atacantes se refugie en la Ciudad Vieja. La policía británica presente en el lugar actuó pasivamente, no movieron un dedo para frenar la turba y empezaron a perseguir a los jóvenes de la Haganá.

Al observar los árabes la actitud pasiva de los británicos, se entusiasmaron y volvieron al ataque. Los policías ingleses no interfirieron, les dieron mano libre, y obstaculizaron a los miembros de la Haganá a socorrer a las víctimas, mientras decenas de negocios judíos eran asaltados, saqueados e incendiados, y los dueños que se encontraban en el lugar fueron salvajemente atacados.

Al final del día el saldo fue desolador, 40 negocios incendiados, más de veinte heridos, algunos de gravedad. Cuando los combatientes de la Haganá lograron arribar al lugar de los dramáticos hechos, solo pudieron socorrer a los comerciantes heridos y en shock, y a cargar en unos pocos camiones las escasas mercaderías que no les fueron robadas. Como imagen del drama vivido vale recordar el asesinato del comerciante judío Ytzjak Panzo, quien durante la evacuación tuvo la mala fortuna de caerse del camión en el que viajaba sin que sus compañeros se percaten de ello y sobre la ruta fue apuñalado por la turba árabe, siendo la única víctima mortal de ese trágico día.

Con el inicio de la guerra árabe-israelí en 1948, el vecindario de Mamilla, por su  ubicación se convirtió en una línea de fuego entre las fuerzas israelíes y jordanas, lo que provocó la fuga de los residentes judíos y árabes, muchos de sus edificios fueron destruidos por el bombardeo jordano. Luego con la firma del armisticio en 1949 la zona de Mamilla se convirtió en una tierra de barricadas, de alambre de púas y de hormigón entre las líneas israelí y jordana.

A partir de la reunificación de Jerusalén y con la orden de que todas las urbanizaciones deben ser construidas con la piedra caliza original de esta ciudad, se recreó el barrio. Hoy Mamilla ha renacido de las cenizas, es una de las zonas más concurridas de la ciudad, un espacio lleno de exposiciones, obras de teatro y eventos al aire libre, que bajo la atenta mirada de su entorno enriquece el acervo cultural de Jerusalén.

Por Yehuda Krell

Reproducción autorizada por Radio Jai, citando la fuente.

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