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Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

¿Son todos los estallidos iguales?

Por Eduardo Kohn.

Estamos siendo testigos de levantamientos sociales importantes en Chile, Bolivia, Ecuador, Honduras, Haití, Puerto Rico. ¿Descontento social y político masivo? Descontento y mucho, no hay dudas. Pero no sólo en América Latina. Hong Kong, Cataluña, El Cairo, París, Moscú, Beirut , Argelia, Bagdad, Yakarta ,y podríamos seguir. Continentes diversos, realidades aparentemente muy diferentes. Y además, no es algo que nadie en su sano juicio pueda pensar que va a terminar en 48 horas. Grandes masas poblacionales han estallado, clases medias y pobres han tomado las calles y no quieren volver a sus casas sin soluciones a sus reclamos, y todo ello lleva a muertos, heridos y daños cuantiosos a la propiedad pública y privada.

La analista política norteamericana Sara Burke señala que  “La única demanda que supera a todas las demás es sobre lo que impide el progreso hacia la justicia económica. Una falta de lo que los manifestantes enmarcan cada vez más como democracia real. Quejas que apuntan a un fracaso de la representación política y evidencian la injusticia económica”.

La fe en las instituciones se ha perdido y no solo los latinoamericanos se sienten cada vez más frustrados por la corrupción. En ese contexto nace el estallido  en Líbano, una de las naciones con los índices de endeudamiento más altos del mundo por cuenta de una clase política corrupta. La debilidad de las instituciones, más la corrupción y la pérdida de la credibilidad en los representantes les agrega frustración a los ciudadanos que hoy tratan de expresar su inconformidad en forma de protestas. Hay una notoria y visible incapacidad para procesar problemas sociales a través de canales políticos normales. Y entonces, estallan los conflictos.

Siempre hay una chispa en todos ellos: el alza al impuesto sobre el carbón en Francia, las reformas económicas en Ecuador, el incremento en el precio del pasaje del Metro de Santiago en Chile.El proceso viene de años, y hasta décadas, pero hoy las redes sociales los han acelerado.

La Profesora Arlene Tickner,  de la Universidad  de Rosario, Argentina da una definición muy dura, muy severa y muy contundente: “La securitización de la protesta ha legitimado tácticas tales como la criminalización, la brutalidad policial (y a veces militar), el uso indiscriminado de armas “menos letales” como las balas de caucho (responsables de la ceguera de cientos de personas), los arrestos arbitrarios y masivos, los ataques a periodistas, la adopción de estados de excepción y de leyes antiterroristas que cobijan acciones realizadas durante cualquier manifestación y la infiltración de policías sin uniforme”.

Líbano entra en este análisis que estamos haciendo, pero con contextos diferentes a otros estallidos sociales. Está en una zona de guerra latente y constante, está en el entorno de las bestialidades que suceden en Siria, las barbaries de Sudan y Yemen, y tiene dentro de sí bien enquistado al terrorismo de Hezbollah.

En las últimas semanas, la tensión fue en aumento en Líbano en un contexto de empeoramiento de la situación económica, con temores a una devaluación y escasez de dólares en los mercados de cambio. El hastío popular se dirige a la clase política, acusada de corrupción y mercantilismo . La deuda pública de Líbano alcanza más de 86.000 millones de dólares, es decir más del 150% del PBI.

Acorralado por las protestas contra su gobierno, el primer ministro del Líbano, Saad Hariri, y todo su gabinete renunciaron el martes a sus cargos. “Me dirijo al Palacio Baabda para presentar la dimisión del Gobierno al presidente, Michel Aoun. No puedo ocultar más el hecho de que el Líbano ha llegado a un callejón sin salida.”

El futuro cercano de Líbano es muy complejo, lo cual constituye una bomba de tiempo en una zona ya minada.

A pesar de ello, Hezbollah prefiere el status quo, ya que no se siente con fuerza para dominar todos sus frentes y por ello sus tropas han atacado salvajemente a los manifestantes. Hariri ya ha renunciado  más de una vez y ha retornado bajo presión. Su padre, fue asesinado por Hezbollah estando en el cargo, pero ahora parece que la ecuación no pasa por allí. Esta vez, la prueba para Hezbollah es mostrar hasta dónde llega su poder real en Líbano, si va a usar contra su propia población su poderío militar y hasta dónde podrá Irán digitar sus movimientos.

Los estallidos sociales están ardiendo en América Latina, Europa, y varias zonas de Oriente. En Medio Oriente tienen un contexto más explosivo porque o terminan como la primavera árabe que finalizó en un invierno sombrío, o en una incertidumbre de hechos peores, que es lo que hoy puede suceder en Líbano.

Autorizada la reproducción por Radio Jai citando la fuente.

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