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Sobibor, crónica de una fuga hacia la libertad

El 14 de octubre de 1943 cientos de prisioneros del campo de exterminio de Sobibor llevaron a cabo un plan de fuga para alcanzar una ansiada libertad y no morir en las cámaras de gas del campo.

Sobibor era parte de la maquinaria nazi de aniquilación del pueblo judío, estaba ubicado en la zona de Lublin, Gobierno General de Polonia, funcionó entre los años 1942 y 1943, y era implementado por la S.S. y la policía de Lublin. Se considera que al menos 170.000 personas fueron exterminadas en este campo, que con excepción de unos cientos de gitanos, todos eran judíos.

Sobibor fue diseñado por arquitectos alemanes, el campamento constaba de cuatro divisiones separadas, ningún prisionero podía moverse de una división a otra sin el permiso de las autoridades. Los diferentes sectores cumplían diversas actividades, había un área de administración, una estación de trenes al cual arribaban los prisioneros, un sector de trabajos forzosos, con el fin de diezmar a la población judía,y un ala en el que se encontraban las cámaras de gas, en las cuales victimas desnudas eran exterminadas y luego incineradas.

En este mundo de opresión asfixiante surgió un movimiento clandestino liderado por Leon Feldhendler, un judío polaco que comenzó a planear una rebelión que permitiese una fuga exitosa, ya se habían registrado intentos de fuga anteriores pero todas habían fracasado y los prisioneros habían sufrido terribles castigos. Para evitar el pánico y ser descubiertos, Feldhendler y sus colaboradores se comprometieron a mantener el plan en secreto hasta el último momento. 

En esta oportunidad los nazis cometieron un error garrafal al permitir que soldados judío soviéticos capturados en el frente se mezclaran con los prisioneros comunes, así el movimiento clandestino judío logró reclutar a Alexander “Sasha” Aronowich Pechersky, un oficial entrenado en el Ejército Rojo. Con los conocimientos de Feldhendler sobre el campo y con la experiencia táctica de Pechersky se esbozó el plan de fuga.

La crónica de la fuga es impactante, el plan ideado constaba de tres fases: la planificación, ejecuciones silenciosas y la  revuelta abierta. Los conspiradores debían aprovechar la conocida ambición y rapiña de los oficiales alemanes, con promesas de entrega de artículos caros, como botas, joyas o chaquetas, se les engañaría para que acudiesen a los diversos talleres del campo. Una vez atraídos hacia el cebo, se los eliminaría con las armas caseras fabricadas en los talleres de carpintería y herrería, y facilitar así la fuga.

El 14 de octubre, con aproximadamente 550 prisioneros en el campo, se inició la operación. A medida que la noticia del plan se iba difundiendo la tensión iba en aumento. Pechersky entendió que ya no se podía esperar más: tal como se había planificado, desde las cuatro de la tarde era asesinado un alemán cada seis minutos con minuciosa precisión. A las cinco y media de la tarde los prisioneros comenzaron a reunirse en la zona central del campo, una vez que estuvo todo el mundo reunido se distribuyeron las armas entre los prisioneros y comenzó la operación.

En ese instante, un guardia ucraniano dio la voz de alarma y avisó que había encontrado un alemán muerto, soldados alemanes abrieron fuego contra los prisioneros. Con los disparos Pechersky entendió que el plan había sido descubierto, entonces con voz emotiva y arengando a sus hermanos les dijo que el día había llegado, que había que tratar de huir o morir con honor, y que en caso de sobrevivir habría que contarle al mundo la verdad de Sobibor.

Los prisioneros valientemente salieron corriendo y vociferando en grupos hacia el alambrado de púas, tiraron hachas y palas por encima del cerco para que explotaran las minas enterradas del otro lado por los alemanes.

Un grupo de prisioneros embistió el portón principal llevando las armas en posición de combate. Los judíos atacaban a cualquier guardia a la vista bajo una lluvia mortal de proyectiles proveniente de las ametralladoras montadas en las torres de vigilancia. Tras romper la alambrada, varios judíos corrieron por el campo de minas.

A medida que los evadidos huían hacia el bosque, el sonido de los disparos y las explosiones era atronador, muchos murieron antes de llegar a él. De los 550 prisioneros presentes en Sobibor durante el levantamiento, 150 se quedaron en el campo, por incapacidad u oposición al plan de fuga, 80 fallecieron durante la fuga por las minas o

armas de fuego,  320 lograron llegar al bosque. De esos 320, 170 fueron recapturados y ejecutados tras la búsqueda realizada por los alemanes durante las semanas sucesivas.

De los 150 que lograron huir, 92 murieron durante su ocultamiento, y cinco supervivientes murieron en combate contra los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. En definitiva, solo 53 supervivientes del levantamiento de Sobibor lograron sobrevivir a la guerra. A modo de venganza y como medida disuasoria, el alto mando nazi liquidó al resto de judíos de la zona, en tan solo 6 días los nazis mataron a 43.000 judíos.

Sobibor nos muestra cómo según el dogma nazi era impensable para los genocidas que un grupo de judíos, seres pertenecientes a una “raza inferior” lograran levantarse y asesinar a gallardos arios miembros de la SS y escapar de sus garras; y también, que el heroísmo demostrado por los judíos en Sobibor sobrepasó con creces a todo lo imaginable respecto del coraje y el valor, eran hombres de un pueblo que sin armas, sin un ejército, y sin un territorio propio lucharon con rebeldía por la dignidad de la condición judía.

Por el profesor Yehuda Krell

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