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Radio JAI

La Radio Judía de Latinoamérica

" Piensa bien y estará bien "   

Gracias, pero ya no necesitamos más palabras

Todos conocemos ya los hechos. Iom Kipur. Dos muertos y heridos. Tiroteo en la puerta de la sinagoga de la antigua ciudad prusiana de Halle, donde se habían reunido entre 70 y 80 miembros de la comunidad judía local, que cuenta con unas 700 personas. El servicio de seguridad de la sinagoga  impidió que los dos autores del tiroteo entraran en el lugar, mientras una explosión se escuchaba en el cementerio adyacente que causó la primera víctima.

Inmediatamente después, más disparos, pero a 15 km de Halle, en Landsberg, hasta que llegó la noticia de la primera detención en Videmar, por parte de la policía.

El detenido, como se supo más tarde, es Stephan Balliet y es un neonazi de 27 años. Desde Israel el Primer Ministro Benyamin Netanyahu declara: “El ataque terrorista contra la comunidad judía en Halle, Alemania, el día de Yom Kippur, el día más sagrado para nuestro pueblo, es otra expresión que confirma que el antisemitismo en Europa está creciendo. “En nombre del pueblo de Israel, envío mis condolencias a las familias de las víctimas y la pronta recuperación de los heridos. Hago un llamamiento a las autoridades alemanas para que sigan actuando con determinación contra el fenómeno del antisemitismo”.

No tenemos ningún motivo serio para dudar que el gobierno de Alemania y los partidos democráticos del país han sentido hondamente este nuevo ataque de odio antisemita. Tampoco tendríamos por qué dudar de quienes han condenado los asesinatos en la Unión Europea y en Estados Unidos.

Pero desde hace tiempo que cada agresión, cada matanza, cada profanación, cada ataque callejero de los antisemitas de derecha y de izquierda, levanta tanta condena y rechazo como a su vez la certeza de que hay que esperar por la próxima.

Y la próxima de esta semana llegó en Iom Kipur y nada menos que en Alemania. Pero no sigamos siendo ingenuos. Es un tema diario, en Europa, en Estados Unidos y en América Latina. Sí, por aquí, por casa y cerca de todos.¿O nos vamos a hacer los distraídos sobre el cien por ciento de aumento de actos antisemitas en Argentina?

Pero así como hay quienes no quieren ver cómo crece el odio racista en todos lados,hay gobiernos que no están apuntando al blanco sino hacia el costado.

Francia no puede soslayar nada. Desde Dreyfuss a Petain,y desde Charlie Hebdo hasta hoy en día.

Mickael Harpon, es el nombre del técnico informático de 45 años que asesinó el 3 de octubre a tres policías y degolló a una administrativa en el interior de la sede de la Prefectura de Policía de París.

La primera vez que Harpon dio pruebas de comportamiento sospechoso fue tras el atentado del 7 de enero de 2015 contra la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo. Llegó a la oficina y dijo en público, “bien hecho”. Aunque eso no sea prueba de que fuera un terrorista, su trabajo en el corazón de la Policía de Francia debería haber alertado a sus superiores, pues desde 2012 en Francia han perdido la vida más de 200 personas como consecuencia de atentados llevados a cabo por islamistas.

Al menos eso es lo que piensa no solo la oposición política a Macron, sino muchos de los colegas de los asesinados por otro colega.

Desde 2015, algunos compañeros del asesino denunciaron verbalmente su actitud sospechosa. Hace cuatro años. Sin embargo, el ministro del Interior, Christophe Castaner,

ha declarado  ahora que, al no existir denuncias escritas, no se podía anticipar nada sobre el comportamiento de Harpon. Mientras se banaliza,Sr. Ministro Castaner, la gente muere a manos de los nazis y de los extremistas radicales islámicos.

El autor de los asesinatos en París salió de su oficina durante la mañana para comprar dos cuchillos. Uno, metálico, de 33 centímetros de hoja, y otro para abrir ostras. Con ambos entró sin problemas en un recinto que debería ser ultra vigilado, y asesinó a cuatro compañeros de trabajo. Y el Ministro dice que eso pasó porque como las denuncias fueron verbales….

A las autoridades omisas, a los gobernantes preocupados que hacen discursos muy sentidos, a la comunidad internacional que corre detrás de presuntas resoluciones sobre problemas graves que jamás va a resolver, a todos ellos y a unos cuantos demagogos más, se les han agotado las palabras. No importa en qué idioma.

Los ciudadanos de a pie que somos las víctimas en Alemania, en Francia, en el resto de Europa, en Nueva York, en Pittsburgh, en Buenos Aires, en Caracas, ya nos llegan a nuestros oídos las exclamaciones de espanto y solidaridad, por más sinceras que pretendan ser.

Los asesinos están entre nosotros. Escriben en twitter, en Instagram, en Facebook, caminan por las mismas calles por las que circulamos todos, trabajan dentro de la policía como en Francia, y algunos, como son los que gobiernan, incluso hablan desde el podio de la Asamblea General de Naciones Unidas.

Gracias entonces por la solidaridad mientras lloramos a los muertos, pero guarden sus palabras. Ya no sirven. Actúen con responsabilidad. Si lo hacen, verán que no necesitan hablar más.

 

Por Eduardo Kohn

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